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Ya debaten quién será el Machinea de 2011
Meses antes de esas elecciones los economistas advertían que fuera Eduardo Duhalde o De la Rúa el sucesor de Menem, tendría que encarar un agresivo ajuste para mantener el uno a uno. Fue el economista radical José Luis Machinea el primer ministro de Economía de la Alianza que asumió en 1999 bajo el imperio de la convertibilidad, y quien intentó equilibrar, sin éxito, las cuentas públicas.
En la actualidad, la performance fiscal de los últimos meses sigue confirmando el deterioro de las cuentas del Tesoro. El gasto público sigue a todo galope mientras la recaudación mantiene síntomas de agotamiento. Sin embargo, y tras el revés electoral de junio, el Gobierno de Kirchner fiel a su modelo autodenominado de «crecimiento distribucionista», consistente en incentivar la demanda doméstica a toda costa, continúa aumentando el gasto sin ningún tipo de contrapartida.
De acuerdo al circulo íntimo del ex presidente, Néstor Kirchner no está dispuesto a ceder y planea seguir incrementando el gasto a un ritmo de dos dígitos anuales (el doble de lo que hace la recaudación).
Algunos hacen una lectura fatalista de esto, considerando que a sabiendas que ningún Kirchner tiene chances de triunfar en 2011 el Gobierno hipotecará todo -aumentando el gasto público y social- para terminar a toda orquesta. El problema será el sucesor. La proyeccción del cuadro fiscal es la de un auto a toda velocidad, al que siguen acelerando mientras se acerca a una curva. El final de la historia es conocido y ya se ha visto en décadas pasadas, ajustar o licuar el gasto con inflación.
Los economistas perfilan el complicado legado que dejará Kirchner en una media docena de bombas activadas. Por un lado, legan un descontrol fiscal caracterizado por un nivel de gasto público récord que deberá ser corregido ya que no será sustentable ni financiable. También traspasan una maraña de subsidios y compensaciones a diversos sectores, a los que no renunciarán dócilmente.
Otro tanto proviene de la creciente carga financiera, dado que el peso de los intereses en términos del PBI que promediaron 1,8 punto del Producto entre 2003 y 2008 crecería superando los 3 puntos hacia 2013. A esto se suma el fuerte aumento de las amortizaciones entre 2014 y 2016.
Los cambios en la Ley de Responsabilidad Fiscal que eliminaron restricciones para endeudarse dará lugar a un mayor comportamiento pro-gasto de las provincias. El cuadro tarifario y los precios atrasados y la inflación reprimida obligan, tarde o temprano, a encarar significativos ajustes para equilibrar los mercados que serán difíciles de implementar por los costos políticos y requerirán el acompañamiento de un programa económico integral.
Por último los más ortodoxos consideran que el manejo de la política monetaria deberán reorientarse hacia esquemas de metas de inflación en lugar de cuantitativas de los agregados monetarios.
Sin lugar a dudas, la agenda que tendrá que enfrentar el ministro de Economía de 2011 no será envidiable. Claro que siempre hay candidatos para el bronce. Lástima que los costos de su patriotismo los pagarán, sobre todo, las clases marginales a quienes este Gobierno dice proteger.


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