8 de diciembre 2009 - 00:00

Ya no se duda de la llegada a 2011, sino cómo se hará

Empresarios y banqueros ya dejaron de preguntar a sus asesores si, en términos fiscales, la administración kirchnerista llega a 2011. Ahora el interrogante pasa por las consecuencias económicas de lo que el Gobierno hará para conseguir los fondos para arribar a 2011. O sea, llegar se llega, pero hay que ver cómo.

Hay menos dudas sobre el panorama fiscal. Pero no, por mejoras en la administración tributaria ni porque se proyecte una reactivación furibunda. Sino más bien, porque se despejaron ciertos nubarrones del contexto internacional, sobre todo la recuperación de los precios de las materias primas, de la economía brasileña (que tracciona las exportaciones argentinas) y la bonanza financiera que frenó la salida de capitales.

En el frente local los economistas perfilan un 2010 de una normalización intermedia, un crecimiento promedio de 3% a 4%, tras caer 3% este año (aunque el INDEC calcule un crecimiento de medio punto). Es decir que, el próximo año no se daría ni una salida vigorosa como la de 1996 cuando el PBI creció el doble de lo que cayó en 1995, ni otro año negativo como lo fue 2000 tras la recesión de 1999. Se vislumbra un año con crecientes tensiones pero sin llegar a situaciones de crisis.

De todos modos la clave fiscal de 2010 no pasa tanto por los ingresos sino por el gasto.

Rodolfo Santangelo, de M&S Consultores, considera que el 13% de suba del gasto que figura en el Presupuesto 2010 luce imposible. Necesariamente va a ser más, advierte, porque subir un 13% el gasto equivale a dejar prácticamente congelado nominalmente los dos tercios restantes del gasto: salarios, obra pública, subsidios y transferencias a provincias.

Por su parte, Ricardo López Murphy alerta que lo más peligroso es quedar atado a tan elevado nivel de gasto en dólares (tipo de cambio estable con un gasto que crece al 25%). Y como el andamiaje kirchnerista depende de lo que ocurra con el dólar en el mundo, recuerda que Paul Volcker (hoy asesor de Obama) fue quien revaluó el dólar en los 80 detonando la crisis de la economía argentina que tenía un gasto público elevado con tipo de cambio fijo y el dólar estaba muy devaluado.

Salvo el Palacio de Hacienda, ya nadie habla de superávit fiscal. Precisamente porque se evaporó. Los privados estiman este año un déficit primario no menor a $ 5.000 millones (sin incluir las transferencias del BCRA y las rentas generadas por la ANSES) y aún con los $ 13.000 millones apropiados a los afiliados de las AFJP.

Problema


Al evaluar las necesidades de financiamiento de 2010, Santangelo considera que la deuda en dólares no es problema, es fácil de financiar usando reservas del BCRA. En cambio, opina que el financiamiento en pesos es el problema. Pero esto involucra no sólo los vencimientos de deuda sino salarios, jubilaciones, subsidios y proveedores.

Pocas alternativas se perfilan como fuentes de financiamiento para el próximo año, teniendo en cuenta un exiguo retorno a los mercados de capitales. Con la mayoría de las cajas agotadas entre los primeros candidatos figuran los bancos, sentados en un colchón de liquidez. Hay dos caminos: o bien la ANSES renueva los plazos fijos que heredó de las AFJP a cambio de que los bancos compren una nueva Letra, o directamente los cancela y envía los fondos al Tesoro. Claro que también puede haber además alguna colocación compulsiva.

Todo ello implicaría menor crédito al sector privado.

Pero siempre queda la opción de recurrir a más emisión monetaria. La experiencia argentina de los 80 muestra que con el deterioro de las cuentas fiscales echar mano a emitir pesos para afrontar los pagos de salarios, jubilaciones y proveedores se proyectaría un escenario inflacionario de más del 30% anual.

De modo que será necesario más control de precios por parte de Guillermo Moreno y mayor dominio de la calle.

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