Cuba atraviesa en 2026 una de las coyunturas económicas y energéticas más delicadas de las últimas décadas, marcada por una combinación de escasez de combustibles, apagones prolongados, inflación persistente y caída de ingresos en divisas. El deterioro, que se arrastra desde al menos mediados de 2024, se volvió más visible en los últimos meses por el impacto directo en el transporte, la generación eléctrica, la logística de alimentos y la actividad productiva.
Cuba en crisis energética: apagones récord, escasez de combustible y golpe a la minería isleña
La isla enfrenta uno de sus escenarios más complejos en décadas, con escasez de combustibles, cortes de luz masivos, caída del turismo y tensiones productivas que impactan desde la vida cotidiana hasta la industria minera.
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Crisis energética en Cuba: vuelos paralizados, golpe al turismo y profundización del colapso económico
La crisis energética no solo condiciona la actividad económica, sino que también redefine el día a día de millones de cubanos, desde el acceso a alimentos hasta la movilidad y el empleo.
La crisis tiene múltiples dimensiones, pero el factor más inmediato es el llamado “cuello de botella” del combustible. La reducción del suministro, agravada por nuevas presiones externas que buscan restringir el flujo de petróleo hacia la isla, llevó a las autoridades a preparar planes de racionamiento. La escasez ya se traduce en más horas de apagones y en un encarecimiento del transporte y de productos básicos, lo que tensiona la vida cotidiana.
El impacto llegó incluso a la conectividad aérea. La falta de combustible de aviación obligó a aerolíneas a reducir o suspender vuelos, afectando el flujo de viajeros y el turismo, una de las principales fuentes de divisas del país. Cuba produce apenas el 40% del combustible que consume y depende de importaciones que hoy están fuertemente limitadas.
Algunas aerolíneas con vuelos suspendidos son Air Canada, WestJet y Air Transat. LATAM Airlines Perú fue la última en anunciar la cancelación de sus vuelos entre las ciudades de Lima y La Habana a partir del sábado 14 de febrero debido a la suspensión total del suministro de combustible en el Aeropuerto Internacional José Martí.
La debilidad del sector turístico ya venía evidenciándose en los últimos años, pero el deterioro energético de 2026 incrementa el riesgo de una nueva caída en la llegada de visitantes y en los ingresos asociados.
Un sistema eléctrico al límite
La escasez de combustibles golpea especialmente a un sistema eléctrico que arrastra problemas estructurales. Las centrales térmicas -muchas con décadas de operación- presentan altos niveles de obsolescencia, mientras la falta de divisas limita la importación de combustibles y repuestos.
Según datos de la Unión Eléctrica (UNE), perteneciente al Ministerio de Energía y Minas, cubano en horarios de máxima demanda la capacidad de generación ronda los 1.361 MW frente a una demanda de unos 3.100 MW, lo que implica un déficit cercano a 1.739 MW y una afectación estimada de 1.769 MW mediante cortes programados.
Actualmente, siete de las 16 unidades termoeléctricas operativas están fuera de servicio por averías o mantenimientos, incluidas dos de las tres mayores plantas del sistema. La generación térmica representa alrededor del 40% del mix eléctrico, por lo que su deterioro tiene un impacto directo en la estabilidad del suministro.
Especialistas independientes citados por la agencia EFE atribuyen la crisis a décadas de infrafinanciación en un sector totalmente estatal desde 1959, mientras que estimaciones técnicas calculan que serían necesarios entre u$s8.000 millones y u$s10.000 millones para modernizar y estabilizar la red eléctrica.
Apagones, inflación y dolarización parcial
La falta de energía se convirtió en un factor central de la dinámica económica. Los cortes de luz prolongados afectan la producción, el comercio y el funcionamiento de servicios básicos, mientras los precios de alimentos, transporte y energía continúan en alza. Miles de hogares cuentan con solo una hora de electricidad por día.
En paralelo, la economía atraviesa un proceso de “dolarización parcial” implementado para captar divisas en un contexto de fuerte escasez de moneda extranjera. La medida convive con la depreciación del peso cubano en mercados informales, alimentando la inflación y ampliando la desigualdad en el acceso a bienes.
El impacto macroeconómico es significativo: la economía se ha contraído más de un 15% desde 2020, y los apagones han sido detonantes de algunas de las protestas sociales más relevantes de los últimos años.
Turismo y divisas bajo presión
El debilitamiento del turismo refleja la fragilidad del contexto. A los problemas de abastecimiento y electricidad se suman las dificultades logísticas y la reducción de vuelos, lo que complica la recuperación de un sector clave para el ingreso de divisas.
La caída de visitantes ya había obligado a las autoridades a buscar nuevos mercados emisores y alternativas de conectividad, pero la actual crisis energética agrega un factor de incertidumbre adicional para la temporada.
Migración y presión demográfica
Otro rasgo estructural del momento es la migración sostenida. Evaluaciones citadas por medios internacionales indican una fuerte salida de población, especialmente menores de 50 años, lo que reduce la fuerza laboral y presiona la productividad.
Cambios recientes en políticas migratorias regionales, como las restricciones en rutas de tránsito, encarecieron y complejizaron los trayectos, aunque no frenaron la tendencia de salida.
Impacto en la industria: el caso del níquel
La crisis energética también repercute en el sector industrial, particularmente en actividades intensivas en consumo de energía. La minera canadiense Sherritt International enfrenta un entorno de mayor incertidumbre en sus operaciones en la isla, con foco en el complejo de níquel y cobalto de Moa, que opera en asociación con la estatal General Nickel Company.
La compañía reconoció menores niveles de producción y mayores costos en 2025 debido a disrupciones logísticas y operativas, aunque aseguró que hasta ahora no hubo impactos directos críticos.
El CEO Peter Hancock aseguró que, “hasta la fecha”, las operaciones no se han visto impactadas, aunque la empresa mantiene seguimiento estrecho y coordinación con su socio para anticipar y responder a riesgos.
Mantiene como meta para 2026 producir entre 30.000 y 32.000 toneladas de níquel y cobalto contenidos, con una mejora prevista hacia el segundo semestre a medida que avance su plan de recuperación operativa.
Las respuestas del Gobierno
Ante el escenario, el Gobierno cubano anunció medidas para mitigar la crisis, entre ellas planes de racionamiento, impulso a la energía solar y mayor extracción interna de petróleo. También se plantean iniciativas para atraer inversión extranjera con reglas más flexibles, buscando aliviar la restricción de divisas.
Las autoridades cubanas, con el presidente Miguel Díaz-Canel, atribuyen buena parte de la crisis al impacto de sanciones externas y hablan de una “asfixia energética”, mientras mantienen abierta la posibilidad de diálogo bajo condiciones de no injerencia.
En este escenario, México anunció el envío de dos buques con más de 800 toneladas de alimentos y artículos de higiene. Sin embargo, la suspensión previa de envíos de crudo por parte de Pemex y el freno de suministros venezolanos dejaron a Cuba en una posición extremadamente vulnerable, con la aviación civil prácticamnete paralizada.
La actual coyuntura muestra que la energía se convirtió en el epicentro de una crisis más amplia, donde convergen factores estructurales, financieros y geopolíticos que mantienen a Cuba en una situación de equilibrio inestable.







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