La caída del petróleo volvió a poner en discusión una pregunta central para la economía argentina: hasta qué precio puede bajar el Brent sin afectar la rentabilidad de Vaca Muerta. Luego del salto que provocó la guerra en Medio Oriente, la distensión geopolítica y la normalización parcial del tránsito por el estrecho de Ormuz llevaron al crudo nuevamente a la zona de u$s72 por barril.
Petróleo en baja y luz de alerta para la Argentina: el precio que miran en Vaca Muerta
El Brent retrocedió a la zona de u$s72 por barril tras la distensión en Medio Oriente. Los especialistas advierten que los proyectos más eficientes de Vaca Muerta siguen con margen, pero la zona de turbulencia comenzaría si el crudo perfora los u$s55.
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La respuesta no es única. Depende de la productividad del bloque, el nivel de infraestructura disponible, los costos de perforación y completamiento, el acceso a transporte, el régimen fiscal y la posibilidad de ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
Ese nivel todavía está lejos de comprometer los principales desarrollos no convencionales de la Argentina. Sin embargo, el debate empezó a girar menos en torno al precio actual y más alrededor del umbral que puede encender señales de alerta para las inversiones petroleras.
La respuesta no es única. Depende de la productividad del bloque, el nivel de infraestructura disponible, los costos de perforación y completamiento, el acceso a transporte, el régimen fiscal y la posibilidad de ingresar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Pero entre especialistas aparece una conclusión común: Vaca Muerta sigue siendo rentable con el Brent actual, aunque el margen se reduciría de manera sensible si el barril cae por debajo de u$s60 y, especialmente, si perfora los u$s55.
“En Argentina podríamos decir que la zona de turbulencia empieza cuando se perfora los u$s55 por barril. Ahí podrían comenzar a salir algunos pozos de producción”, señaló Julián Rojo, especialista energético, ante Ámbito/Energy Report.
El dato es relevante porque el shale argentino se convirtió en uno de los principales motores de generación de divisas. En mayo, la balanza energética alcanzó un superávit récord, impulsada por el salto de las exportaciones de petróleo. Con Vaca Muerta en expansión, una baja prolongada del Brent no sólo impactaría sobre las petroleras, sino también sobre el ingreso de dólares y las proyecciones de exportación del país.
Vaca Muerta: breakevens entre u$s48 y u$s61
Un informe técnico de Aleph Energy estimó los puntos de equilibrio de un pozo tipo de petróleo en Vaca Muerta bajo distintos escenarios. El trabajo tomó como referencia una tasa interna de retorno del 15% anual en dólares, una rama horizontal de 3.000 metros, 50 fracturas y una producción acumulada de 1,05 millones de barriles.
En el escenario más eficiente, el de un pozo considerado de forma aislada y con los beneficios del RIGI, el breakeven se ubica en u$s48 por barril de Brent. Sin RIGI, el punto de equilibrio sube a u$s51.
Cuando se considera un proyecto completo, que además del pozo incluye ductos intracuenca, plantas de tratamiento y reparaciones, el umbral es más exigente. En ese caso, el breakeven se ubica en u$s57 por barril con RIGI y en u$s61 sin RIGI.
La diferencia muestra por qué la discusión no puede reducirse a un único número. Los bloques más maduros, con mayor productividad e infraestructura ya disponible, pueden resistir precios más bajos. En cambio, los desarrollos nuevos, más alejados de los ductos o con mayores necesidades de capital, son más sensibles a una baja prolongada del Brent.
Con el crudo en torno a u$s72, la mayor parte de los proyectos de Vaca Muerta todavía opera con una distancia cómoda respecto de esos umbrales. Pero si el barril cae hacia la zona de u$s60, la rentabilidad empezaría a comprimirse en los proyectos más intensivos en infraestructura. Si baja por debajo de u$s55, la alerta pasaría a ser más generalizada.
El precio interno puede amortiguar parte del golpe
Rojo marcó otro punto clave: el impacto de una baja internacional no necesariamente se traslada de manera automática al negocio local. “En lo que sigue podría haber un cierto aire, en una parte del negocio, debido a que los precios internos suelen ser inflexibles a la baja”, explicó.
En la Argentina, los precios internos de los combustibles no siempre se mueven en espejo con el Brent. Esa dinámica puede amortiguar una parte del impacto cuando el crudo internacional cae, aunque también puede generar tensiones cuando sube. Para las petroleras con integración entre producción, refinación y comercialización, esa estructura funciona como un colchón parcial frente a la volatilidad externa.
“Si los precios se mantienen, no se deprecia el peso, ni aumentan significativamente el ICL, los márgenes quedan altos. Hay que esperar para ver cómo se van acomodando estos componentes en los próximos meses”, agregó Rojo.
La referencia al ICL, el impuesto a los combustibles líquidos que el Gobierno actualizó en las últimas horas, no es menor. En un contexto de precios internacionales más bajos, una recomposición impositiva podría absorber parte del margen que deja la caída del crudo. También incidirá el tipo de cambio, ya que los costos, ingresos y decisiones de inversión del sector se miden en dólares, pero una parte de la ecuación doméstica se define en pesos.
Las luces amarillas: u$s60, u$s55 y u$s50
Los especialistas suelen ubicar tres zonas de referencia. Por encima de u$s70, Vaca Muerta mantiene una ecuación ampliamente favorable para los proyectos core, especialmente aquellos con alta productividad y menores costos logísticos. En esa franja, el debate pasa más por la velocidad de las inversiones y la capacidad de evacuación que por la rentabilidad.
Entre u$s60 y u$s65 aparece una primera zona de monitoreo. Allí los proyectos completos, sobre todo sin beneficios fiscales o con mayor necesidad de infraestructura, comienzan a acercarse a sus breakevens. No implica una parálisis inmediata, pero sí puede obligar a revisar planes, priorizar locaciones más productivas y postergar desarrollos marginales.
El umbral de u$s55 funciona como una zona de turbulencia. Según Rojo, si el Brent perfora ese nivel podrían empezar a salir algunos pozos de producción. En ese escenario, los proyectos más eficientes seguirían en pie, pero se reduciría el margen de maniobra para nuevas inversiones y se encarecería la decisión de avanzar sobre áreas menos maduras.
Por debajo de u$s50, el escenario sería más complejo. Ese nivel se acerca al breakeven de los mejores pozos y queda por debajo de los umbrales estimados para proyectos completos. En ese caso, podrían frenarse desarrollos, demorarse perforaciones y concentrarse la actividad en los bloques con mayor productividad.
El RIGI gana peso en la ecuación petrolera
La baja del Brent también refuerza la importancia del RIGI para los grandes proyectos energéticos. Según los cálculos de Aleph Energy, el régimen mejora el punto de equilibrio tanto para un pozo aislado como para un proyecto completo. En el primer caso, reduce el breakeven de u$s51 a u$s48. En el segundo, lo baja de u$s61 a u$s57.
La diferencia puede parecer acotada, pero en proyectos intensivos en capital cada dólar por barril modifica el retorno esperado. Además, el régimen ofrece beneficios fiscales, aduaneros y cambiarios que apuntan a dar previsibilidad a inversiones de largo plazo.
Ese punto es central para Vaca Muerta, donde las compañías toman decisiones con horizontes de varios años y no sólo en función del precio spot del crudo. Una baja transitoria del Brent puede no cambiar el plan de las operadoras, pero una caída persistente sí podría alterar el ritmo de perforación, la priorización de áreas y la velocidad de ampliación de infraestructura.
Exportaciones, divisas y el costo macro de un Brent más bajo
La discusión también tiene una dimensión macroeconómica. En una entrevista previa, Julián Rojo había estimado que por cada dólar que aumenta el Brent, la Argentina puede generar un saldo adicional de alrededor de u$s100 millones anuales en exportaciones. La misma cuenta opera a la inversa: cada dólar de baja reduce el potencial ingreso de divisas del complejo petrolero.
Ese impacto se vuelve más relevante a medida que Vaca Muerta gana escala exportadora. La Argentina dejó atrás la etapa en la que la energía era sólo una fuente de demanda de dólares y empezó a convertir al sector en un generador neto de divisas. Por eso, una caída persistente del Brent podría moderar el superávit energético, aun cuando la producción siga creciendo.
El petróleo más barato, de todos modos, también tiene efectos positivos para la economía. Puede aliviar costos de combustibles, transporte, logística, generación eléctrica e importaciones energéticas. Para el Gobierno, además, reduce parte de la presión sobre subsidios y precios regulados.
La paradoja es que la Argentina necesita un precio lo suficientemente alto para sostener inversiones y exportaciones, pero no tan elevado como para tensionar inflación, combustibles y costos internos.
El escenario actual: rentable, pero con monitoreo
Con un Brent en torno a u$s72, el escenario actual sigue siendo favorable para Vaca Muerta. Los principales desarrollos no convencionales están lejos de sus puntos de equilibrio y los bloques más eficientes mantienen márgenes positivos.
La alerta, por ahora, no está en el precio actual, sino en la posibilidad de que la baja se profundice y se sostenga. Si el Brent se estabiliza entre u$s70 y u$s75, la industria no debería modificar de manera significativa sus planes. Si cae hacia u$s60, empezará una etapa de revisión más fina. Y si perfora u$s55, aparecerán las primeras señales de tensión operativa y financiera.
El dato clave será la duración de la baja. Una corrección puntual puede ser absorbida por los proyectos más sólidos. Una caída persistente, combinada con mayores costos locales, devaluación, suba de impuestos o retrasos de infraestructura, podría cambiar la ecuación.
Por ahora, Vaca Muerta conserva margen. Pero el nuevo escenario obliga a mirar menos los récords de producción y más la rentabilidad de cada barril.
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