26 de agosto 2005 - 00:00

A "Chicas católicas" la salvan sus actrices

La esquemática «Chicas católicas» debe su eficacia a la desopilante labor de Fabiana García Lago, Vanesa Weinberg, Verónica Llinás y Julia Calvo.
La esquemática «Chicas católicas» debe su eficacia a la desopilante labor de Fabiana García Lago, Vanesa Weinberg, Verónica Llinás y Julia Calvo.
«Chicas católicas» de C. Kurtti. Trad.: M. Abeledo Peñeyroa. Dir.: A. Zanca. Int.: J. Calvo, F. García Lago, V. Llinás y V. Weinberg. Esc. e Ilum.: G. Córdova. Vest.: R. Martínez. (Teatro «Picadilly».)

El tránsito de la infancia a la pubertad da pie a cuatro desopilantes caracterizaciones de Julia Calvo, Fabiana García Lago, Verónica Llinás y Vanesa Weinberg, que intentan reproducir -y en cierta medida lo logran- el modelo cultural de los años '70.

Resulta curioso que esta versión siga invocando la autoría de la norteamericana Casey Kurtti, cuando buena parte de los diálogos y de los referentes socio-políticos que aparecen en ella ya no tienen mucha relación con el texto original, ubicado en la década del '60. El punto más flojo de este espectáculo (aunque un éxito en el off-Broadway) tiene que ver, precisamente, con esas cuatro monjas recreadas por la autora para ilustrar su peculiar visión de la enseñanza católica.

Es probable que más de una espectadora crea ver en estas religiosas a algún personaje nefasto de su infancia; pero, en líneas generales, sus figuras responden a un estereotipo demasiado negativo (y quizás «antediluviano» para el público que no fue a colegios religiosos). Kurtti no sólo ignora la existencia de órdenes religiosas mucho más progresistas, sino que presenta a la única monja buena y simpática como una mujer reblandecida que bordea la demencia senil. En compensación,las interpretaciones de las actrices resultan tan cómicas (la hermana María Tomasina de Llinás podría competir con cualquiera de las maestras de Antonio Gasalla) que permiten pasar por alto esta total ausencia de matices.

Fue un acierto que la Alicia Zanca directora trabajara codo a codo con las actrices aprovechando sus ocurrencias, aportes al personaje y recuerdos de infancia, para dar vida a cuatro niñas absolutamente creíbles. Los primeros bailes, las dudas sobre sexo, el violento sacudón hormonal de la pubertad figuran entre los temas mejor resueltos. En cambio, los episodios relacionados con la muerte de un ser querido, la existencia de Dios o el misterio de los dogmas católicos resultan demasiado esquemáticos o quizás ajenos al espíritu satírico de la puesta. Las numerosas referencias a la política argentina de aquellos años tampoco logran una buena inserción dentro de una obra destinada a la comicidad más inmediata. En cambio, la recurrente mención a marcas y artículos de consumo, así como la inclusión de varias melodías de la época, brindan un agradable marco costumbrista.

«Chicas católicas»
debe su eficacia a la extraordinaria labor de estas cuatro cómicas que hacen temblar el escenario cada vez que sus personajes pegan un estirón.

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