«Drácula 2001» («Wes Craven presents: Dracula 2000», EE.UU., 2000, habl. en inglés). Dir.: P. Lussier. Int.: J. L. Miller, J. Waddell, G. Butler, S. P. Kelly, Ch. Plummer, T. Fong, C. Fitzpatrick, J. Esposito.
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Ya hace un tiempo la legendaria productora Hammer Films empezó a meterse en problemas al traer a Drácula a tiempos modernos. La compañía más comercialmente redituable en toda la historia del cine inglés comenzó a ser menos exitosa más o menos en la época en que pergeñó su «Dracula Ad 1972», con el infaltable Christopher Lee mezclado con pelilargos londinenses casi en la era del glam rock y la psicodelia pasada de revoluciones.
Ahora Wes Craven presenta un Drácula 2000 (al que le agregaron un año por el atraso del estreno argentino), que repite la misma fórmula con la misma falta de éxito. De todos modos, aunque si bien hay una buena cantidad de detalles patéticos y risibles, no todo está perdido para los fans del cine de terror.
La idea de esbozar una nueva tesis sobre la personalidad del vampiro no está del todo mal, aunque sus revelaciones terminen siendo bastante tontas. La fotografía de Peter Pau («El tigre y el dragón», «La novia de Chucky») es excelente aunque no siempre potenciada a su máxima expresión, y el director debutante, Patrick Lussier cuidó mucho todos los detalles visuales como para que siempre haya algo que atraiga al espectador.
Además, a falta de Christopher Lee, Christopher Plum-mer hace un sólido homenaje a un inolvidable personaje de Bram Stoker, el cazador de vampiros Van Helsing (que en los films de la Hammer solía estar interpretado por Peter Cushing).
Pobreza
Los seguidores del género también agradecerán algunos buenos momentos de derroche hemoglobínico. Pero en conjunto esta «Drácula 2001» no da mucho pie para demasiados agradecimientos. Demasiado. El Drácula que compone Gerard Butler ni siquiera puede competir con el que hizo Gary Oldman en el Drácula de Coppola, y posiblemente sólo superar al flojísimo Frank Langella de la versión disco del director de «Fiebre del Sábado por la Noche», John Badham. Y el guión apela a recursos tan baratos como simbolizar la pureza de una de las heroínas haciéndola trabajar en la tienda de discos Virgin. Wes Craven, esta vez, se ha dejado convencer para prestar su nombre para auspiciar un producto que no tiene mucho que ver con sus mejores trabajos dentro del género.
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