Mar del Plata
también
aplaudió el
documental
ganador del
Oscar «La
marcha del
Emperador»,
impresionante
historia
dramatizada
sobre los
pingüinos
antárticos.
Mar del Plata - La inauguración del MFM, Mercado del Film del Mercosur, la firma de un convenio del Incaa con la UIA, y la inminente firma de otro con la Xunta de Galicia, fueron las noticias del día para los productores asistentes al festival, sobre todo los que recuerdan con beneplácito la participación gallega en «Cama adentro», «No sos vos, soy yo», y otros buenos films nacionales. Al cierre, el presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, viajaba a Mar del Plata.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El acuerdo con la UIA implicareconocer al cine «como nave insignia de las industrias culturales argentinas», alentar nuevos planes de financiación, e incorporar a sus productores en varias actividades comerciales interesantes. Respecto al Mercado, que abrió al mediodía, luce bien, aunque algunos distribuidores locales se quejaron de no haber recibido invitación para hacer allí sus negocios. De todos modos, ya se sabe que eso es una vidriera, y que los negocios se hacen en bares y restaurantes.
Una pena, que no haya ningún film gallego en el festival. Sí los hay catalanes, sobre todo la agradable comedia romántica «Animals ferits», animales heridos, del prolífico Ventura Pons, sobre las heridas que causa el amor, con Cecilia Rosseto como la típica esposa argentina que quisiera lucir su casa en una revista de decoración, mientras el marido español anda con otra, y la doméstica peruana le usa el jacuzzi para jugar con el novio. «Vi una vez a Cecilia en el Teatro San Martín y me encantó su estilo ' decontracté', y su capacidad para reírse de sí misma y combinar distintas pronunciaciones. En la película se oyen cuatro lenguas, de las tantas que hoy se oyen en Cataluña. Sorpréndase: las cinco principales son, en este orden, el español, el catalán, el bereber, el árabe y el quechua. Que, tal como aquí, es una lengua 'oculta', vergonzosa, pero de uso cada vez más cotidiano».
En competencia, «Alice», del portugués Marcos Martins, bien hecho pero lusitanamente triste y depresivo, y «Viva Cuba», de Juan Carlos Cremata, que parece sólo una buena película comercial para chicos, pintoresca, medio turística, de aventuras, hasta que el último minuto revela una metáfora de esas que cierran todo y lo dejan a uno con un nudo en la garganta, porque habla de la falta de salida de los chicos ante los odios de los mayores (la historia es sobre una nena, que, al enterarse que la madre se la va a llevar a Estados Unidos, huye por la isla con su amiguito, para colmo hijo de una castrista recalcitrante).
Algunos de los films mejor recibidos en las secciones fuera de competencia: el documental ganador del Oscar «La marcha del Emperador» (ver pingüinos en inmensa e impresionante fila en cinemascope recuerda una superproducción de Cecil B. De Mille), la versión senegalesa de «Carmen», «Karmen Gei», con una actriz que raja la tierra y toda la sala pidiendo la banda de sonido (dicen los programadores que esta versión es mejor que la otra africana premiada años atrás en Berlín), «La cueva del perro amarillo», de la misma autora de «La historia del camello que llora», el drama de Michael Haneke «Caché» (otra forma de ponernos nerviosos y hablar de la mala conciencia), la argentina «El último bandoneón», bien emotiva, de Eduardo Saderman («las viejitas me besaban a la salida», sonreía el autor) y dos documentales brasileños: «O fim e o principio», de Eduardo Coutinho, ambientado en el nordeste, y «500 almas», de Joel Pizzini, sobre los indios guatós que se creían extinguidos y reaparecieron en el pantanal del Mato Grosso do Sul. «Aún hoy muchos discuten si los indios tienen alma. En Brasil se los considera una ralea, por debajo de los negros. Lo gracioso es que las últimas investigaciones demostraron que el ADN del brasileño medio tiene un 60% de ascendencia indígena», comentaba Pizzini, quien también se dedica a recuperar la obra de Glauber Rocha. «Estamos por sacar un dvd de 'Terra en trance', restaurado y con dos horas de bonus, entre testimonios y escenas recuperadas», comentó.
A propósito de restauración, fue impresionante (porque en el Congreso de la Biblioteca de Washington la dejaron como nueva), divertido, admirable (por lo que muestra), y hasta emotivo (porque además en la sala estaba Clyde Stoessel, hija del autor), ver en pantalla grande una singularísima película nacional de 1928, editada por la mítica Cinematográfica Valle.
Se trata de «Expedición Argentina Stoessel», registro del raid que hicieron dos hermanos, Adan y Andrés (padre de Clyde), en un Chevrolet Standard desde Pigüé hasta Nueva York, por caminos entonces inexistentes. Vale decir, el primer raid panamericano, y el primer largometraje de tema automovilístico en todo el continente, un documento único, afortunadamente conservado en la Cinemateca Argentina, que largo tiempo bregó por su restauración. La proyección, casi 80 años más tarde, tuvo el plus de la música en vivo a cargo de Axel Krigier, bien inspirado.
Dejá tu comentario