En Los recién llegados son poco menos que impresentables: prenden velas para no utilizar la luz eléctrica, comen a cualquier hora y prefieren dormir entre sus trastos antes que acostarse entre sábanas de lino. Sus modales, que harían sonrojar a
La obra finaliza algo abruptamente, cuando el conflicto explicitado al comienzo empieza a mostrar sus raíces más ocultas. La trama parecería exigir un par de escenas más, pero siendo una obra centrada en la pintura de personajes, ésta nunca pierde atractivo. Los diálogos son desopilantes y resulta imposible tomar partido por uno u otro bando. Es tan molesta la soberbia de
El humor oscuro y mordaz de la pieza gana efectividad con las convincentes interpretaciones de
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