(16/04/2001) * Edemar Cid Ferreira (ver nota central) cursó invitaciones a través del operador cultural Miguel Frías, su representante en la Argentina, para recorrer hoy las muestras con un peque-ño grupo de entendidos y almorzar en un restorán de La Boca. Por la tarde, Cid Ferreira se reunirá con el ministro de Relaciones Exteriores, Adalberto Rodríguez Giavarini, en el Palacio San Martín, para presentarle la exposición. Ante esta intensidad ejecutiva, en España, el director del Museo Reina Sofía, Juan Manuel Bonet, luego de decidir la adquisición de dos obras de jóvenes brasileños, sintetizó en una rotunda frase el objetivo de la estrategia: «Lograron que los artistas de Brasil se pusieran de moda».
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* La muestra de Brasil impresionó con su escenografía, tan criticada por algunos críticos ortodoxos como elogiada por el público. En la sala Cronopios del Recoleta, estallan los brillantes colores del «Arte popular»; sobre muros amarillos y cortinados rojos se ha formado un arco iris. En el Museo de Bellas Artes, las tallas jesuíticas del Barroco parecen levitar sobre un campo de flores violeta. Pero no deja de ser curioso lo que acontece en el Museo de Arte Moderno, donde, a cambio del gasto de la escenografía, prefirieron pedir un nuevo piso y algunos arreglos para la sala de exhibición. El resultado es que los brasileños terminaron financiando una restauración del museo porteño, imprescindible por cierto, dado que en el segundo piso del MAMBA parece haber estallado una bomba. Sin embargo, tal vez sería más correcto que el Gobierno de la Ciudad abonara esa factura.
* Luis Felipe Noé y Horacio Zabala comenzaron a hablar sobre arte estimulados por el crítico Rodrigo Alonso, quien recogió sus diálogos en el libro «El arte en cuestión», que se editó el año pasado. Desde entonces, los dos artistas se han vuelto inseparables, juntos concurren a reuniones, galerías y vernissages.
* También juntos en la inauguración de la muestra de Eduardo Hoffmann en Diana Lowestein, le tomaron examen a la presidenta de la Academia Nacional de Bellas Artes, Rosa María Ravera. Con hábiles preguntas investigan, como en esta ocasión, quiénes realizaron una lectura exhaustiva del libro, quiénes leyeron sólo el principio y las conclusiones finales, y luego suelen denunciar los que apenas miraron la solapa. El caso es que llevan un riguroso registro de su peculiar encuesta.
* Imperdible la muestra de pinturas de Eduardo Hoffmann, «Ninfas», en la galería Diana Lowestein -los que auguran el fin de la pintura quedarán decepcionados-. A sus antiguas investigaciones sobre la materia, el artista mendocino suma ahora las del color, que alcanza su mayor vibración. En un estudio sobre los «Nenúfares», de Monet, un tríptico de gran formato, los colores del artista flotan literalmente sobre la tela. «Pero sería tonto de mi parte que me pusiera a parodiar o citar a Monet», dice el artista. Su obra más bien explora la historia del arte como fuente de inspiración permanente. Entretanto, Hoffmann, que ha logrado efectos sorprendentes pintando sobre un soporte distinto del que utiliza final-mente, prepara para este año una gran exposición en el Centro de Arte de Le Mans, Francia.
* El jueves pasado, el presidente de la Fundación Banco Ciudad, Aníbal Jozami y el presidente de esta institución, Roberto Felleti, presentaron los nuevos proyectos que emprenderán este año. En primer término, el 19 de abril inaugurarán las pinturas urbanas de Marino Santamarina en la calle Lanín, en las tres cuadras que van desde Brandsen hasta la Avenida Suárez en el barrio de Barracas. Luego, también se habló de la muestra de Juan Carlos Castagnino.