26 de agosto 2002 - 00:00

Actualidad

• En pleno Barrio Norte, la galería de Sara García Uriburu mantiene la magia de una casa de barrio y comparte con sus elegantes vecinos el patio interior con helechos gigantescos. Se trata de un antiguo conventillo construido para los empleados de la cervecería Quilmes cuya estructura fue milagrosamente respetada. «Era un conventillo, pero de lujo -sostiene García Uriburu- las viviendas eran amplias, todas tenían 100 metros cuadrados y teléfono». La sala de exhibición adhiere al concepto de la «caja blanca», pero con el simpático añadido de confortables sillones también blancos, que permiten convertirla en un salón de tertulia. En la trastienda, entre dibujos y pinturas, esconde un verdadero tesoro: el escritorio de Adolfo Bioy Casares y su sillón, realizado en 1915 con diseño norteamericano, herrajes y líneas modernistas.

• Durante esta semana García Uriburu exhibe una imperdible muestra de fotografías de Facundo de Zuviría. Se trata de la serie «La secuencia decisiva», título que parodia «el instante decisivo» de Cartier Bresson, pues como explica Zuviría, «en esta secuencia el instante es irrelevante, lo que cuenta es el azar». Realizada con una cámara muy rara, la austríaca Lomo de cuatro objetivos que permite registrar cuatro imágenes en sólo un segundo, la muestra mantiene un ritmo cinematográfico. A partir de esta rareza, la cámara fue pensada para tomar apuntes de cine, Zuviría trabajó dos años montando secuencias de imágenes y relato. «El crimen perfecto» es un friso con marcado contraste en blanco y negro y dramáticas manchas rojas que narra una historia urbana de suspenso; «Asfalto», muestra el vértigo de la señalización; «La fuga», le otorga a las siluetas indicadoras de los carriles de corredores en Palermo el status de protagonistas. Realizada en las calles hoy degradas de Buenos Aires, la exposición exhibe sin reparos pero con notable expresividad, el sentimiento de temor e inquietud que inspira la ciudad en sus habitantes.


Esta noche en el Centro Cultural Rojas (ver nota central), Muntadas hablará de su obra. En 1975 inició el «Proyecto de Latinoamérica» y así llegó por primera vez a Buenos Aires. «Me interesó la gente que conocí y en el CAYC presenté la acción «Hoy», el 13 de noviembre de 1975, momento complicado en Argentina y también en Brasil. Estuve seis meses en Latinoamérica y eso me ayudó a comprender su realidad y a poder definirla. A partir de entonces quedé ligado y mantengo una relación estrecha de trabajo y amistad».

• ¿Cómo afecta al hombre de nuestro tiempo la nueva cultura visual? «Ninguna imagen es inocente», asegura Régis Debray, autor de «Vida y muerte de la Imagen». «¿Quién supervisa las imágenes y con qué fin?» Según Debray la imagen tiene el poder de modificar el pensamiento y la conducta del espectador. El trabajo de Muntadas, está dirigido a «hacer visibles situaciones invisibles» que permiten ofrecer resistencia a las fauces devoradoras de las pantallas. Su tono no es panfletario, sino más bien irónico. En el MAMBA presenta dos serigrafías que dicen «España va bien» y «Tudo Bem, TodoBom»; ahora duda si ampliar la serie con «Estamos condenados al éxito» o «Estamos mal pero vamos bien».


En el espacio «Ojo al país», financiado por el Fondo de las Artes y la Fundación Antorchas, el Centro Cultural Borges presenta al misionero Eric King, artista de buen oficio que exhibe trabajos al lápiz, pastel y collage . Bajo el relato de «Crónica del azaroso viaje de las sirenitas del Paraná», subyace una denuncia al proyecto Yaciretá, que anegará próximamente extensas zonas de la ciudad de Posadas, evidente en obras como «Rejilla» o «Resumiendo». Como una «Ramona» de los tiempos que corren, la sirenita que mostraba su glamoroso cuerpo «En las ruinas de Loreto», termina promocionándolo en un clasificado: «Rubia misionera».

• La semana pasada la casa Saráchaga remató y a buen precio una obra fundamental del Siglo de las Luces, la primera suma del conocimiento, una edición original de la «Enciclopedie» de Diderot y D'Alembert editada entre 1751 y 1772. Diderot fue el primero en convocar pensadores como Rousseau, Montesquieu, Voltaire o D'Alembert, autor del «Discurso Preliminar», para escribir ciertos capítulos y también fue el primero que ordenó alfabéticamente los temas más diversos, como matemáticas, historia, teología, filosofía, ciencias naturales y medicina. Los 39 tomos fueron publicados en fascículos, algo común en esa época, pero que torna difícil reunirla completa, sobre todo con los grabados e ilustraciones. ¿Otro tesoro que pierde Argentina? El librero Daniel Guido Pastore asegura que quedará en el país
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