6 de enero 2002 - 00:00

Ada Falcón: muerte de una leyenda

S encillamente, como vivió sus últimos sesenta años, fue inhumada el sábado la famosa cantante de tangos Ada Falcón, una de las más reconocidas compañeras de Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo, y Francisco Canaro. Pero no se la recuerda por ellos, sino porque en la cumbre de su carrera lo abandonó todo, para irse a vivir en un convento.

La legendaria cantante murió por causas naturales en un geriátrico cordobés, a los 96 años. Nacida en Buenos Aires el 17 de agosto de 1905, a los 11 años ya era tonadillera de una compañía infantil, y la llamaban «la joyita argentina». Más tarde llegó a grabar 15 discos por mes, hasta consagrarse en 1929 por medio de la radio. Junto con la fama, le llegaron importantes ingresos que la rodearon de lujo, y un nuevo apelativo: «la emperatriz del tango». Sin embargo, justo en ese momento -al parecer por un disgusto amoroso- optó por convertirse en hermana laica de un convento, donde vivió, austeramente, junto a su madre.

Tras el misterio

Un documental que se conocerá este año, intenta ahondar en su misterio. Después de más de 50 años de ostracismo, Falcón, que debutó en el cine a los 14 años en la película muda «El festín de los caranchos», rompió el silencio y concedió una serie de entrevistas que fueron reunidos en el retrato fílmico titulado «Yo no sé que me han hecho tus ojos».

En cine, Ada Falcón también actuó en «Idolos de la radio», un film de 1934, realizado por Eduardo Morera -quien también dirigió a Carlos Gardel en la pantalla grande-y cuyo argumento narra, curiosamente, la historia de una cantante que se niega a cantar.

Al misterio que caracterizó buena parte de su vida se puede llegar, también, por sus lejanas grabaciones, entre ellas dos tangos de su autoría: «Pecado mortal», y «Sueño con él», dedicado a Washington Lencina, gobernador mendocino asesinado en luchas electorales.

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