5 de octubre 2005 - 00:00
Ahora en Irak, Benigni vuelve a un humor de fondo trágico
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Roberto Benigni, ayer, presentó «El tigre y la nieve», que se asemeja a «La vida es bella»
pero con la guerra de Irak. Ya le critican que una escena se parece mucho a la muerte
accidental de un agente italiano en marzo último.
Benigni vuelve a ser director y protagonista de la película, en la que una vez más irá tras la mujer de sus sueños, Nicoletta Braschi, su esposa en la vida real. Esa persecución, esta vez, lo conduce a Bagdad poco tiempo después de la invasión norteamericana, lo que desliza al film (rodado parcialmente en Túnez) a un terreno pantanoso que oscila entre la ficción y los hechos verídicos en zona de combate.
Escenas similares protagoniza él mismo, ya que su personaje padece una enfermedad dérmica que lo obliga a adherirse el cuerpo vendajes y medicinas, lo que da pie a que algunos soldados norteamericanos lo confundan con un terrorista suicida. «Sono italiano, sono italiano!» grita Benigni mientras los persiguen los soldados y el público, como ocurrió con «La vida es bella», estalla en carcajadas a pesar de sentir si es correcto reírse con una situación tan trágica en la vida real.
Porque ese guión mueve inmediatamente a recordar el caso de la muerte, en marzo último, del agente italiano de inteligencia Nicola Calipari, accidentalmente muerto por tropas americanas que lo confundieron con un terrorista en Bagdad. En la conferencia de prensa, Benigni debió defenderse, y sostuvo que esa escena estaba escrita de antemano, y que la ficción precedió a la realidad.
«No es un film ideológico» dijo. «Muchas películas nuevas sobre la guerra, y no sólo nuevas, se dirigen a la razón del público. Son obras documentales, poderosas. Es evidente que no ha sido esta mi intención cuando me propuse hacer esta película».
Después del éxito mundial obtenido con «La vida es bella», no sólo en Oscar sino en las boleterías del mundo entero, Roberto Benigni experimentó un revés con su versión de «Pinocho», una película que fracasó en Italia y los Estados Unidos y que, en el resto del mundo, o bien no se estrenó o se editó sólo en video. De esa forma, el realizador decidió replicar, inocultablemente, la fórmula que tantos réditos le dio.


