ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

2 de agosto 2007 - 00:00

"Ahora son 13"

ver más
Al Pacino es el mafioso sin códigos que hiere la «ética» de los simpáticos estafadores de «Ahora son 13», segunda secuela de «La gran estafa», ahora sin mucho para contar, pero todavía divertidos.
«Ahora son 13» (Ocean's 13, EE.UU., 2007, habl. en inglés)Dir.: S. Soderbergh. Int.: G. Clooney, B. Pitt, M. Damon, A. Pacino, A. Garcia, E. Gould, E. Barkin, D. Paymer y otros.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

No se puede esperar mucho de la segunda secuela de una remake de un viejo policial cómico con Frank Sinatra y su pandilla robando casinos de Las Vegas. Por eso, esta tercera vez, el golpe genial que nos cuenta Soderbergh es tan absurdo que requiere infiltrarse en la huelga de una fábrica mexicana de poductos plásticos (como, por ejemplo, dados), o generar un terremoto artificial y vencer a una supercomputadora pensante parecida a la de «2001 Odisea del espacio».

Si eso y otros pequeños detalles salieran bien, y en perfecto sincro, entonces la simpática banda liderada por George Clooney tendría unos 3 minutos con 30 segundos para hacer saltar la banca del casino de Al Pacino, en su cara, justo en la noche de su inauguracion. Obvio, sin perder nunca la elegancia. Y ¡no por dinero!. Los héroes no se mueven por el vil metal, sino para vengar a uno de los maestros del equipo (Elliot Gould, aquel elegido de Ingmar Bergman en «El Toque»), que soñaba con ser socio del nuevo garito de luxe, y que al ser traicionado sufrió un patatús que lo dejó casi comatoso. Es que el pobre confió en la ley no escrita que asegura que aquellos que hubieran estrechado la diestra de Sinatra, jamás se estafarán entre elllos.

La falta de código del personaje de Pacino queda en evidencia cuando explica qué hay que hacer con la mano de Sinatra. Su blasfemia ayuda a simplificar el argumento. Así Mr Ocean debera asociarse con su archienemigo de las dos películas previas, Andy Garcia, por lo que el bastardo de la mafia puede volver a tener una escenita enfrentando a Michael Corleone. Hay una sobredosis de actores talentosos riéndose de ellos mismos. El mejor y más sufrido junto a Pacino tal vez sea David Paymer (nada peor que la vida de un crítico de casinos saboteado ex profeso por los enemigos del patrón). O una brillante Ellen Barkin dispuesta a perder todo resto de temor al ridículo en escenas clave, junto a la nariz falsa de Matt Damon y su truco afrodisíaco.

Escenas clave que confirman que a Soderbergh le va mucho mejor cuando se divierte homenajeando al «Casino Royale» de John Huston y Val Guest que cuando sufre intentando rehacer un clásico de Tarkovski como «Solaris». Cuanto más se divierten el director y su troupe de actores dispuestos a todo (Carl Reiner literalmente le toca el trasero a Al Pacino), más se disfruta esta comedia tonta y sobreproducida, que sin embargo, no quiere ser ni tan descerebrada ni tan frívola.

La narración fragmentada hasta puede parecer demasiado intelectual, la estética es altamente libre y avant-garde, y el tema central es el mismo de siempre desde «Sexo, mentiras, y video»: la lealtad. De todos modos, no hay que dejarse engañar por el buen humor que transmite esta película: es sólo una comedia policial con muchos actores famosos y un solo tema cantado por Frank Sinatra.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias