11 de marzo 2006 - 00:00
Alberto Migré tuvo su último adiós
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"Su gran virtud fue trabajar la identidad, fue el que más trabajó la identidad en el teleteatro y el que llevó al hombre al teleteatro", aseguró visiblemente acongojada Soledad Silveyra que no pudo evitar gritar un "gracias" cuando su cuerpo era ingresado al Panteón de Actores.
La heronía de "Rolando Rivas, taxista", el melodrama que a comienzos de los '70 modificó el género para siempre, afirmó que Migré fue "el hombre que más me marcó, más me dio y más me enseñó en mi carrera sobre el arte popular".
"El teleteatro tiene esa maravilla de crear la ilusión que le permite a la gente besar a través de la boca de sus personajes y reír a través de su risa y creo que Alberto fue el gran maestro de ese arte", señaló Solita.
Por su parte Marilina Ross, que fuera la estrella de "Piel Naranja", la telenovela que la reunió con Arnaldo André en 1975, transmitió sus sentimientos: "Me estalla el corazón porque se fue un ser humano extraordinario, de una solidaridad asombrosa, parece que se van los buenos", dijo y evitó seguir hablando.
Para Arturo Puig, que protagonizó su melodrama "Pablo en nuestra piel", junto a otros cuatro en pareja con María Valenzuela, "la gran virtud de Alberto fue defender la palabra y escribir creando imágenes maravillosas".
"El fue un innovador dentro del género del teleteatro, donde contó las historias de amor como nadie las ha contado; fue también un autor extraordinario, con una letra que poseía una música especial, difícil de aprender pero con una melodía que llegaba al corazón de la gente", agregó Puig.
María Concepción César, recordándolo con afecto destacó de Migré el haber mantenido "una pureza muy grande y sostener siempre los códigos del honor, la fidelidad del amigo y la nobleza de corazón, que son grandes virtudes acaso hoy un poco perdidas".
Finalmente con palabras muy cariñosas, Selva Alemán dijo que "lo recordamos y lo vamos a recordar toda la vida porque pertenece a nuestra vida".
"Alberto era fundamentalmente un creativo nato, una persona muy amable, con muy buen sentido del humor; era un placer trabajar con él y era un placer ser su amigo; es una pérdida muy grande y cuando la gente que uno quiere se va no hay consuelo", finalizó.
Declarado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires en 2001 y encarnizado defensor de los derechos de los autores a través de su cargo al frente de Argentores, que ejerció hasta su muerte, Migré supo alejarse de una televisión que ya no lo convocaba ni desde sus modos de producción, ni desde su discurso ni desde sus historias para refugiarse en los los últimos años en el radioteatro, el género con el que se había iniciado como autor sobre fines de la década del '40.



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