26 de junio 2001 - 00:00
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Don Hahn.
P.: Desde que usted es productor, cuéntenos la experiencia que sacó de cada una de sus películas.
D.H.: ¿Cuánto tiempo tenemos?
P.: En pocas palabras.
D.H.: «¿Quién engañó a Roger Rabbit?», de la que fui productor asociado, resultó la más difícil. Aquello fue antes de la expansión de la computadora. Agradezco a Bill Zemeckis, un director brillante, haberle recordado al público cuánto amamos el cine de animación. El empezó a devolvernos a ese público. Como productor, a «La bella y la bestia» debimos hacerla rápido. Eramos un equipo bastante inexperto, inseguro, y aprendimos mucho sobre narrativa a través de la música. En «El rey león» nadie quería trabajar. Decíamos «es la historia de un leoncito, como Hamlet en Africa», y escapaban. Entonces mostrábamos un fragmento, lo del círculo de la vida, y nos decían «qué bueno, ¿el resto también es así?», y decíamos «claro, por supuesto», y nos íbamos a llorar. Hoy le gusta a todo el mundo.
P.: ¿Con cuál siguieron?
D.H.: «El jorobado de Notre-Dame», que para muchos de nosotros fue como llegar a la madurez creativa; «Fantasía 2000», la oportunidad de rendir homenaje a nuestros mayores, con una película sin diálogos, y más tarde una vuelta a la comedia tradicional, con «Las locuras del emperador», y ahora, en «Atlantis», la oportunidad de ir un poco más allá, con pantalla panorámica, dibujos inspirados en Mike Mignola, sin canciones.
P.: ¿Sin canciones? Se agradece.
D.H.: Caramba, ya van varios que me lo dicen.
Evolución
P.: ¿Cómo se evolucionó desde los dibujos redondeados de Walt Disney a los angulares de Mike Mignola?
D.H.: No fue fácil. Tenemos un estilo familiar, con el que nuestros dibujantes se sienten cómodos. Pero cada tanto necesitamos variar un poco, crear un vocabulario gráfico nuevo, por eso nos inspiramos en Gerard Scarfe para «Hércules», en Al Hirschfeld para una parte de «Fantasía 2000», y ahora en Mignola, el historietista de «Hellboy». Le cuento, antes de empezar la película debimos crear un seminario para entender su estilo, porque ni él lo entendía conscientemente. De todos modos, aclaro que la película no copia su estilo, simplemente se inspira en algunos aspectos suyos.
P.: ¿Cómo se explica la ambientación de la historia en 1914 y la unión de diversas etnias en esa época?
D.H.: Antes, el reino de la animación sólo parecía pasar por los animalitos que hablaban. Ahora tomamos de las historietas de aventuras y de las películas de aventuras. Precisamente, una de las primeras películas que vi en mi vida fue la producción Disney «20.000 leguas de viaje submarino», y lo mismo les ocurrió a los directores Gary Trousdale y Kirk Wise (los mismos de «La bella...» y «El jorobado...»).
Nos gustaba lo de 1914, por el optimismo positivista anterior a la guerra, y las máquinas de vapor, que eran un contraste visual muy bueno con la tecnología de los atlantes. Si situábamos todo eso en el presente, perdía la gracia. Y lo otro, la unión de blancos, negros y latinos en esa época, bueno, quien financia la expedición es un millonario que piensa para adelante, que se adelanta a su época. Es lógico que contrate a los mejores, cualquiera sea su raza. Además, si hubiéramos hecho una película sobre blancos de 35 años creo que no sería tan interesante.
P.: Volviendo al pasado, ¿qué sintió cuando nominaron «La bella...» al Oscar para mejor película?
D.B.: Durante tantos años la industria celebraba su fiesta en el gran salón y nosotros comíamos en una mesita de la cocina; eso fue como pasar al gran salón. No han vuelto a invitarnos, pero me gustaría pensar que tampoco nos echaron.




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