3 de mayo 2001 - 00:00

"Antigua vida mía" sufrida y verbal

Ana Belén y Cecilia Roth.
Ana Belén y Cecilia Roth.
«Antigua vida mía» (id., Argentina-España, 2000; habl. en esp.). Dir.: H. Olivera. Int.: C. Roth, A. Belén, J. Leyrado, J. Marrale, A. Casero y otros.

"Antigua vida mía", película sufrida y verbal, carece de personajes simpáticos o con los que el espectador pueda identificarse rápidamente. Todo en ella es angustia, exposición de causas nobles, casi no tiene momentos de relax, y sus protagonistas, como haciéndose cargo del origen literario (novela de Marcela Serrano), parecen compelidos a poner en palabras todo cuanto les pasa.

Al iniciarse el film, Violeta (Cecilia Roth) acaba de matar a su compañero, el escritor alcohólico Eduardo ( Juan Leyrado); Josefa ( Ana Belén), su mejor amiga, corre al lugar del crimen y logra rescatar los diarios de Violeta. Josefa es una cantautora española de éxito, pero vive en Buenos Aires una existencia que no coincide con la información que se nos da de ella. Vive amargada, está casada con un abogado circunspecto y no demasiado fiel ( Jorge Marrale), y su casa es un infierno cuando tiene que componer. Se hace difícil imaginarla en un escenario, y mucho menos entender por qué despierta tanta sed de autógrafos, incluyendo a un policía.

Violeta, como extrapolada de un film de Almodóvar aunque sin siquiera la sombra de su humor, tiene dos obsesiones: ser madre y dar con los restos de su propia madre, muerta en Antigua, Guatemala, cuando viajó de joven allí y se enamoró de un guerrillero. En esa tierra se producirán varios hechos más: el conocimiento de otro hombre, sobrino del guerrillero, y en un viaje posterior un reencuentro con Josefa, lleno de confidencias.

El enigma del film es saber por qué Violeta, cuya belleza de alma podría hacerla protagonista de una canción, fue capaz de llegar al crimen; qué fue lo que le hizo Eduardo, siempre tan nervioso y violento, para que las cosas se resolvieran de esa manera. Hay más dudas: entre otras, por qué no le preguntó nunca a Eduardo, un hombre de letras, qué significaba ese revólver en la mesita de luz. La película, desde luego, resuelve el enigma central, pero lo que difícilmente logra es crear las condiciones para que realmente nos interese conocer esa respuesta. La breve participación de Alfredo Casero como el amanerado representante de Josefa es incomprensible.


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