Apenas el carisma de Patrick Dempsey

Espectáculos

«Quiero robarme a la novia» (Made of Honor, EE.UU., 07, habl. en inglés). Dir: P. Wiland. Int.: P. Dempsey, M. Monaghan, K. McKidd, K. Quinlan, S. Pollack. S/R

Si el Patrick Dempsey de «Made of Honor» (acá, Quiero robarme a la novia) aspirara a ser el Cary Grant de «I was a male war bride» (La novia era él), entonces esta comedia romántica tendría un título local tipo «La dama de honor era él». Pero Patrick Dempsey nunca aspiró a hacer comedias geniales como las de Cary Grant, mucho menos ahora que, después de tanto tiempo desaparecido como astro del cine adolescente, apenas volvió a recuperar popularidad como un médico de la TV por cable.

Las películas de Dempsey nunca fueron lo que uno podría llamar comedias brillantes. Sin embargo, luego de subestimarlo en sus gloriosos años 80 de clásicos teenager como «El Cadillac azul» (Coup de Ville) «Amante a domicilio» (Loverboy) y «Novia se alquila» Can't buy me love»), sería injusto volver a hacerlo con este Dempsey que surge de la cripta para encarnar a otro loser seductor que tiene todo en contra para conquistar a su chica. Claro, todo en contra, salvo las convenciones de una comedia romántica concebida para no escapar a las más insulsas convenciones del género, tal como se lo entiende medio siglo después de que Howard Hawks se divirtiera con Cary Grant. Dempsey es un galán que compartesus excesos con su mejor amiga (Michelle Monaghan, la novia en cuestión), amistad que revela su carácter virtual cuando ella desaparece para irse a Escocia de viaje de negocios y regresa con un prometido. El galán y supuesto gran amigo debe asumir que en realidad escondía otros sentimientos por la joven, quien demostrando su afecto fraterno, le ofrece un gran puesto en su boda: ser la dama de honor.

La trama avanza por default, pero lo cierto es que los gags no son malos, y el carisma de Dempsey ayuda a que la diversión no decaiga, entendiendo que el entretenimiento puede ser mayor un tarde lluviosa en el cable, pero le queda un poco chico a la pantalla grande de un cine,

La película tal vez sea recordada como la última en la que Sydney Pollack apareció como actor. La verdad es que tiene un rol más divertido que el más serio que le dio Kubrick en «Ojos bien cerrados».

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