27 de octubre 2005 - 00:00

Apreciable relato de pesares adolescentes

Con algunos puntos decontacto con «Nadarsolo», la ópera primade Ezequiel Acuña,«Como un aviónestrellado» reflejamejor la capacidad deldirector para captarestados anímicosinteriores.
Con algunos puntos de contacto con «Nadar solo», la ópera prima de Ezequiel Acuña, «Como un avión estrellado» refleja mejor la capacidad del director para captar estados anímicos interiores.
«Como un avión estrellado» (Argentina, habl. en español). Dir.: E. Acuña. Guión: E. Acuña, A. Rojas Apel. Int.: I. Rogers, S. Pedrero, M. Martelli, C. Echevarría, C. Arturo.

El primer film de Ezequiel Acuña describía sensiblemente las rutinas e indecisiones de un chico bastante apagado de la secundaria, incluyendo hacia el final una aventura que de modo simbólico lo animaba a enfrentar, de algún modo, eso inmenso y distinto que hay fuera de la casa. Minimalista, casi tan desvaído como su personaje, el trabajo no terminaba de atrapar al espectador común, pero igual provocaba el recuerdo de aquellas etapas formativas de la vida, cuando las criaturas tienen esa sensación, más o menos justificada, que anuncia el título: «Nadar solo».

El segundo film se titula «Como un avión estrellado». Tal es, ya se advierte, la sensación que ha de pesar en la vida de un nuevo personaje, un chico que está saliendo de la adolescencia, y sale también (lo que no es fácil) del duelo por la muerte de sus padres en un accidente. También bastante indeciso y apagado, es un poco mayor que el otro, y sus problemas son un poco mayores, aunque el espectador que ya pasó por esa etapa hoy pueda ver esto con una pequeña sonrisa: bancarse las partes malas de un primer empleo, y la sensación de vacío y de despedida de algunas cosas, bancar al amigo que está peor que uno, y que lo mete en dificultades, quedarse corto frente a la chica que espera a ver qué hace uno, soportar al hermano mayor, que lo trata como si ya fuera grande, y entenderse después con la chica justo cuando ella se está por ir, y con el hermano, cuando el otro entiende que el hermanito es todavía un chico, y el chico empieza a ser grande, y el amigo, pobre pibe, menos contenido, está realmente peor que uno aunque pretenda ser un poquito más vivo.

Parece que tarda Acuña en levantar vuelo, pero carretea bien, y al final despega suavecito. El tiene una elogiable capacidad de captación de los estados anímicos interiores, un recuerdo todavía fresco de los pesares adolescentes, y estilo para exponerlos sin forzar la mano. Un estilo que se va afirmando adecuadamente. Su película se hace ver, se aprecia, y se siente (y además dura 22 minutos menos que la anterior).

P.S.

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