Aristarain, cada vez más lejos del policial

Espectáculos

Con Federico Luppi y Mercedes Sampietro encarnando una historia romántica, vuelve al cine Adolfo Aristarain, lejano autor de policiales. La obra, «Lugares comunes», se basa en «Renacimiento», novela inédita de Lorenzo Aristarain.

«Es mi primo, un geólogo que me asesoró en 'Tiempo de revancha' y 'Un lugar en el mundo'», dice el director. «A él le pasó como a su personaje: lo limpiaron del Conicet, y empezó otra cosa. No lo iban a matar en vida. Así que es novelista, y me usa de corrector. Pero cuesta publicar si uno está fuera de los círculos literarios. Ahora le pasó lo mismo en otro sentido: por un bypass tuvo una infección, neumonía, tres meses en coma, y está con enfermera. Es mayor que yo».

Periodista: ¿Qué tomó de esa novela?


Adolfo Aristarain:
Me enganchó la historia de gente que debe empezar de nuevo cuando ya debería recoger los frutos de la vida. Al personaje lo jubilan por decreto y decide iniciarse en el cultivo de lavanda al pie de las sierras (filmamos en Villa Dolores, Córdoba), no mucho más. Yo le agregué la figura del hijo que decepciona al padre, porque se fue a España y vive de algo ajeno a su real vocación. Es una relación contradictoria, porque el protagonista mantiene su sentido de la ética, pero sabe que si el hijo vive como él pretende, se muere de hambre.

País

P.: ¿Se escuchan cosas tan fuertes como las que se oían en su película anterior, «Martín (h)»?

A.A.:
En «Martín (h)» la idea era poner dos tipos hablando hasta por los codos. Acá no. En un momento el protagonista dice, por ejemplo, «El país se murió, se acabó, no existe», pero yo no lo tomaría tan literalmente. Es un personaje contradictorio, y a veces, con tal de ganar una discusión, hace reducciones simplistas. El problema es que muchos creen que yo pienso lo mismo. Y no. Para mí el país ni se murió, ni se acabó. El país existe. Espero.

P.: ¿Cómo se planteó reflejar precisamente este país?


A.A.:
De un modo deliberadamente elíptico. No quise acentuar nada. En principio, el drama argentino de este momento está marcado por lo que le pasa al personaje. Y él trata de disimular lo más posible, al menos frente a su mujer. Esa es la parte que más me interesa. El título original iba a ser «Lo que no fue», pero ya lo usó David Lean en una hermosa película. Después «El asesino difuso», por algo que te mata y no sabés qué es, y es una suma de cosas que te van minando poco a poco. Pero a todo el mundo le pareció muy depre. Entonces le puse «Lugares comunes», que surgió por el discurso de Luppi, y porque creo que lo que hago es mostrar cosas que les pasan a todas las parejas, y no por eso dejan de tener valor. Así que va ese título, incluso arriesgando que los críticos digan que la misma película está llena de lugares comunes.

P.: La deja picando. Ya muchos le reclaman que vuelva al género policial.


A.A.:
Desde 1982, con «Ultimos días de la víctima», que no hago policiales, más allá de la serie española del detective «Pepe Carvalho», entre 1983-85. Volvería a hacerlas si una historia me atrapara. Acá me atrapó esta historia de amor, donde las cosas funcionan como un embudo. Cuando uno las ve son lugares comunes, y sin que nos demos cuenta empiezan a tener peso. Me atrapó, y me impuso poner una voz en off, unos apuntes que la mujer leerá recién al final, y un tono elíptico, muy contenido, sobre todo muy contenido, porque cada vez le tengo más bronca al melodrama.

P.: ¿No busca conmover entonces?

A.A.:
No. Acá apenas apretara iba a salir la lágrima, eso iba a funcionar en el público, pero me da bronca, le huyo a ese mecanismo calculador, manipulador. Pude poner momentos de desesperación, o de tristeza, y en cambio busqué los momentos en que uno trata de ocultar sus problemas, y evita angustiar con ellos a su pareja. Además, me interesaba ahondar en la sabiduría de la mujer, que comprende todo sin que se lo digan. Poco a poco ese personaje va creciendo, conteniendo a todo el mundo.

Sampietro

P.: Lo hace Mercedes Sampietro.

A.A.:
Me quedé enganchado con ella, no se puede creer lo que logra con sus miradas. Vinieron cinco tipos de San Sebastian (pusieron la película va en competición), quedaron encantados con los actores argentinos, pero de la Sampietro dijeron «Siempre está bien, pero acá está en su esplendor, en su mejor momento».

P.: ¿Quiénes son los argentinos?


A.A.: Carlos Santamaría
es el hijo hispanizado, Arturo Puig el amigo (me gusta como actor, y me encanta como persona), Pepe Soriano, tan natural que impresiona, Valentina Bassi, Osvaldo Santoro, Claudio Rissi, José Luis Alfonzo, María Fiorentino.

P.: Alguien pidió cartel francés.

A.A.:
Y yo se lo doy, totalmente agradecido. Todos los actores son importantes. Todo el clima se puede perder si hay un mal actor secundario. La escena de Luppi con Fi orentino, por ejemplo, que es la más romántica, porque él le cuenta a otra cuánto quiere a su mujer, pero a ella nunca se lo dijo, aunque vemos cómo se cuidan, y todo eso.

P.: A propósito, ¿podemos suponer que usted dedica esta historia a su propia esposa, Kathy Saavedra?


A.A.:
Absolutamente, aunque no esté expresamente dedicada. Hace 39 años que estamos juntos, y nuestra relación es muy similar a la de los personajes de la película. Además soy fiel por naturaleza, y no creo en esa turrada de una canita al aire. Frente a cualquier otra Kathy gana siempre, sin habernos jurado nunca el menor pacto de fidelidad. Es una mujer admirable, que me banca, y sin necesidad de palabras entiende y contiene todo. Bueno, esto ya se lo he dicho varias veces a mis amigos, pero sólo cuando estoy borracho. Y a ella nunca se lo dije.

P.: Ultima pregunta ¿Qué pasa con los que se van?


A.A.:
Las diásporas son un espejismo. Si uno es profesional y se va con trabajo asegurado, bien, pero si no, va a vivir en el mismo nivel que acá, y encima sin seguro social, en un país extraño, etc. Estoy cansado de ver gente que va a lo que sea, y después la encuentro vagando por la Gran Vía. Igual, trato de no abrir juicio.

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