Inés Raiteri: la creación textil como retorno a lo doméstico

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El espacio Ungallery consagró una muestra a sus bordados, que realizó enteramente durante los meses de confinamiento.

El espacio Ungallery presenta en estos días una muestra de diseños textiles y bordados de la artista marplatense Inés Raiteri (1963). “Textos Textiles”, curada por Verónica Flom, despliega la personal modulación de colores vivaces y rotundas geometrías de Raiteri: rayas, cuadrados, triángulos y rectángulos; curvas y contracurvas. La totalidad de las piezas textiles y los bordados fueron realizados durante el confinamiento de la pandemia. Y los formatos son diversos, desde la dimensión mural o el de una gran alfombra, hasta los breves pañuelitos bordados por la tía y la abuela de la artista. Piezas intimistas que Raiteri recuperó y decidió intervenir, acaso como un gesto de amor familiar, pero ostentando un registro de su propia participación con estricto rigor conceptual.

En estos últimos años Raiteri cambió la pintura por el bordado. El auge de un arte eminentemente femenino y el interés que, en la actualidad, suscita el bordado, son factores que impulsaron el cambio. Flom relata la trayectoria de esta artista: “Inés bordó gracias a sus tías, es decir, lo adquirió como muchas veces se hereda este saber, por tradición familiar. Sus tías -como ella misma las llama- eran un grupo de seis hermanas que quedaron huérfanas muy jóvenes y para sostenerse tuvieron que abrir una mercería, lo que les permitió emanciparse y sostenerse. Ellas le enseñaron desde muy pequeña a hacer que los hilos dibujen y le inculcaron una destreza técnica a base de concentración y minuciosidad. El tejido y bordado eran parte de la vida cotidiana de estas mujeres, como así también el intercambio de conversaciones y relatos que se sucedían en la mesa del comedor”. Y nada cuesta imaginar entre esas voces del pasado la telenovela de la tarde, percibir un ambiente donde predominan el olor de las tortas y las múltiples notas de un grato universo doméstico. Allí, con seis mujeres habituadas a compartir sus conocimientos y experiencias, aprendió el oficio. Y hoy se percibe cierta alegría en sus obras. Sus textiles provocan una suerte de encantamiento visual, sensación, que -según cuenta la artista-, la impulsó a bordar día y noche, horas y horas, sin descanso. “Cuando el arte está dentro de ti, puedes estar en cualquier sitio”, aseguraba Sonia Delaunay.

La imposición de quedarse en casa, Raiteri la vivió como un beneficio, le brindó la oportunidad de producir una cantidad de obras inimaginable y de experimentar. Para lograr efectos especiales utilizó hilos metálicos. Y sin soltar la aguja y el hilo estuvo en un campo cercano a Mar del Plata. De allí provienen el “Diario de la Pandemia”, una serie de telas donde gran parte de la superficie está en blanco. Como si fuera una escritura, registró allí sus impresiones visuales, relató el paso

de los pájaros, los colores de las flores y el acontecer de los días. Se sabe, el ejercicio de las manualidades funciona como un mantra, ayuda a equilibrar el ánimo. Hay una armonía casi infalible en los diseños de Raiteri, las formas horizontales se compensan con las verticales, las redondeadas con las rectas y los colores cálidos con los fríos. El encuentro con la sencillez de unas filas de rombos y la rotunda belleza de algunas obras, atrae la mirada del espectador que está invitado a rastrear el carácter y los ritmos esenciales. Más allá del potente plus del placer estético buscado francamente por la artista, sus textiles poseen dos ilustres antecedentes, la estrella vanguardista Sonia Delaunay, y la maestra de la Bauhaus, Anni Albers.

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