Marina De Caro: una estética que se interesa por lo educativo

Espectáculos

La exposición es un genuino manifiesto visual que exhibe los cruces entre el arte y lo didáctico.

La galería Ruth Benzacar presenta en estos días la exhibición “Tierra de emociones perdidas” de Marina De Caro (1961). Los intereses estéticos se cruzan en la muestra con conceptos educativos y la artista plantea el interrogante: “¿Cómo mostrar los diálogos posibles entre el arte y la educación? Con este objetivo convirtió la exposición en un genuino manifiesto visual. “El arte es la gran tierra donde ensayamos otros mundos posibles y, sin duda, es un espacio para compartir,” observa De Caro. Y no es la primera vez que presenta un proyecto educativo. En la Séptima Bienal del Mercosur realizó el programa pedagógico Artistas en Disponibilidad y, entre otros proyectos, en 2013 diseñó “El laberinto de los sentidos” para el Museo Moderno de Buenos Aires. Al ingresar a la sala de la muestra, se divisa una serie de coloridas alfombras sobre el suelo con inscripciones que dicen: “Escuela que escucha”, “Escuela de las emociones perdidas”, “OCIO la escuela” y, entre otras, “Falansterio de las artes”. Más allá de citar los históricos picnics de los anarquistas, las alfombras ponen en evidencia el deseo y las posibilidades de vivir la educación como una experiencia placentera, en un parque y bajo el sol. La artista marca la referencia a “los picnics anarquistas en boga entre los siglos XIX y XX, donde se plantea la idea de la Escuela moderna”. Hace tres años presentó una muestra sobre la inmigración anarquista en la Argentina, con sus principales agitadores y sus textos. Pero, entretanto, se interesó por la utopía de Charles Fourier, acaso más afín a su estilo.

Los falansterios de Fourier estaban empeñados en la búsqueda de la felicidad a través de un programa arquitectónico, económico, distributivo, pedagógico y, finalmente, pasional y romántico. En 2023 De Caro está invitada nuevamente a Besançon, la tierra natal de Fourier y de Proudhon, ideólogo del anarquismo y la sociedad liberada. Junto a Guillermina Mongan, Mariela Scafati, Victoria Mussoto y Daiana Rose, integrantes del grupo Cromoactivismo dedicado a estudiar los colores y sus características emotivas, su poética y su dimensión política, presentará como invitada del Fondo Regional de Arte Contemporáneo de Besançon, un work-in-progress de su ópera “Cromotopía de la desobediencia”.

De Caro se ha servido siempre de los más diversos soportes y materiales y de múltiples acciones, su obra adopta formas donde el cuerpo suele ocupar un espacio dominante. Al culminar la muestra de Benzacar, el espectador se encuentra con un enigmático personaje tejido con alambre de refulgente color violeta. La escultura se llama “Experiencia escucha lo no dicho” y, como bien se sabe, el arte dice cosas que no resulta fácil transmitir con palabras.

La sensibilidad brinda a sus trabajos manuales, muchas veces artesanales, la capacidad de conmover. Y la emoción suma un atractivo que trasciende la belleza. Vale la pena recordar el memorable trabajo presentado en la 29 Bienal de Pontevedra. La instalación íntegramente bordada y tejida a mano desde el piso, configura en un espacio de casi 20 metros cuadrados, una formidable marea de color magenta con personajes, inmensas flores y formas blandas que se expanden por las paredes. El prejuicio por las “labores femeninas” se vuelve absurdo al contemplar la obra. Basta recordar sus melancólicos personajes de Tricot, el despliegue de energía, pero también las lágrimas y la expresión de la tragedia.

En medio de la galería Benzacar flotan las “Naves nubes”, pinturas con formas y colores exuberantes, azules y amarillos, rombos naranjas, verdes, celestes y blancos, sobre papeles cosidos a máquina. Son ambiguas metáforas del manifiesto visual educativo. Los visitantes caminan entre las pinturas y dejan volar la imaginación. De Caro, como se menciona en el inicio del texto, cree que el arte tiene mucho por decir. Su posición se acerca a la de Arthur Danto, cuando cita a Brenson, un crítico de arte de The New York Times, quien observa: “Una gran pintura es una extraordinaria concentración y orquestación de impulsos e informaciones artísticas, filosóficas, religiosas, psicológicas, sociales y políticas. Cuando más grande es el artista, más convierte cada color, línea y gesto en una corriente y en un río de pensamiento y sentimiento. Las grandes pinturas condensan momentos, reconcilian polaridades, sostienen la fe en el inagotable potenciar del acto creativo. Como resultado se vuelven emblemas, inevitablemente, de la posibilidad y del poder. […] No solo hace que parezca existir un mundo espiritual invisible, sino que parezca accesible, dentro del alcance de cualquiera que pueda reconocer a la vida del espíritu en la materia”. Sin dejar de lado el saber teórico -De Caro posee una licenciatura en Historia del Arte, fue precursora del arte sensible durante la dictadura conceptual de los años 90 y. hoy, en una exposición con fuerte contenido político, exhibe con orgullo sus habilidades femeninas.

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