Zimmermann: una mirada que trasciende la identidad

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En "Argentinos", su último y extenso ensayo en imágenes, se advierte el ojo inquisitivo y el espíritu de los antiguos viajeros ante el paisaje humano.

El fotógrafo argentino Marcos Zimmermann acaba de ganar el Premio de Fotografía 2021 que otorga la Fundación Michael Horbach de Colonia, Alemania, tierra de sus antepasados. Hasta fines de agosto y en las salas de la Fundación, se exhibe una selección de imágenes de la serie que Zimmermann dedicó a indagar la identidad de los “Argentinos”, título de su último y extenso ensayo fotográfico publicado por Ediciones Larivière. Con el espíritu y el ojo inquisitivo de los antiguos viajeros, comenzó por explorar “La Patagonia, un lugar en el viento” y, en 1991 publicó un libro sobre ese territorio metafísico.

En 1994 presentó “Río de La Plata, río de los sueños” y, en la portada del libro, la imagen poderosa de una rompiente sobre la balaustrada, “Sudestada, Costanera Norte”, pronto se convirtió en un clásico de la fotografía argentina. Zimmermann salió entonces del anonimato. Entretanto, seguro del camino elegido, en 1999 afianzó su trayectoria con los retratos del “Norte argentino, la tierra y la sangre”, libro que revela nuestra identidad, mayormente diversa y mestiza. En “Argentinos”, el libro publicado en 2019 vuelve sobre sus pasos con nuevos interrogantes, más volcados esta vez al análisis de las cuestiones sociales y políticas. Entre los años 2015 y 2018 buscando respuestas, recorrió de Norte a Sur el país y, por primera vez con una cámara digital, tomó alrededor de 100.000 fotografías. “Argentinos” presenta textos interpretativos del autor, y si bien no llega a una conclusión, el espectador no se va con las manos vacías.

Para comenzar, procura el reencuentro con un profesional de la fotografía que, por delante de los afanes estetizantes, coloca la finalidad documental, siempre atada a la realidad. No obstante, y pese a su pretendida objetividad, la elección del formato clásico y las copias en blanco y negro y en gelatina de plata, el espectador de ese universo tradicional percibe los sentimientos y las ideas del autor. La relación estrecha con el paisaje, la gente y los goces del propio oficio, quedan a la vista, al igual que la duda inicial sobre la esencia del ser argentino. Entre las fotografías que llegaron a Alemania, figura “Casabindo, el toreo de la vincha”, imagen que muestra a los espectadores de una corrida de toros utilizando un cerro como inmensa platea. Más allá del pintoresquismo del espectáculo, llama la atención la armonía reinante entre los espectadores y las piedras donde se han sentado, como si ambos estuvieran hechos de la misma materia o, por un milagro, consustanciados durante un momento, como la sangre y el vino en la misa.

Basta mirar una familia de cinco miembros sabiamente amontonada sobre una moto y pegados unos a otros como en un collage, para percibir la esencia de esa foto: la capacidad de adaptación a circunstancias casi imposibles. Y lo mismo ocurre con la familia reunida en un pequeño rancho. A pesar de la carencia extrema de un cuarto con sólo dos camas para albergar a la madre, el padre y sus cuatro hijos, hay dos escobillones y todo está limpio, ordenado y reluciente. Luego, el erotismo, la energía vital de los adolescentes, circula en una imagen que oscila entre la intimidad y cierto exhibicionismo de la escena. Zimmermann recurre a la tradición del retrato para reflejar la actualidad, la belleza del rostro, la piel y los ojos profundamente oscuros de un escolar, en abierto contraste con el inmaculado delantal blanco y las páginas también blancas de su cuaderno. La fragilidad y la fortaleza de la condición humana quedan expuestas en estos personajes. Los hombres y mujeres con rasgos similares que viajan en un colectivo con actitud aturdida y ensimismada, resultan tan parecidos como los bolsos plásticos que llenan los espacios para los maletines.

La obra de Zimmermann puede documentar la realidad, pero no es un informe descriptivo. Su trabajo como fotógrafo de cine marcó su obra. “Tuve que desarrollar una capacidad especial, la de seleccionar y atrapar una imagen –una sola- que rindiera cuenta de todo el sentido de una escena”, observa. Y después de “Quebracho”, “La Raulito”, “Camila”, “Miss Mary”, “Le Long Manteaux”, sus fotos se distinguen por la facultad de resumir el contenido de una historia, las cuestiones que la componen. La duda sobre la identidad de los habitantes de nuestra tierra, suscita el recuerdo de la gran pintura que en 1897 Paul Gauguin realizó en Tahití, donde formula la pregunta existencial: “¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos?” Y cada espectador, de acuerdo al contexto donde transcurra su vida, encontrará sus interrogantes y, acaso, tal vez, las respuestas. En el extenso prólogo del catálogo de la muestra, Michael Horbach cuenta la historia de la Fundación que otorgó este mismo premio a fotógrafos consagrados como el brasileño Sabastián Salgado o la mexicana Flor Garduño. Horbach invita finalmente a descubrir otras imágenes de Zimmermann en el libro “Photography Latin America”. Un éxito que marcó tendencia, de Erika Billeter, Colonia, 1981.

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