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En la Fundación Proa no hace falta ser un experto en arte para percibir la desilusión que provoca la catástrofe del país. Las tres muestras que se exhiben en estos días, pueden verse como exposiciones autónomas o, por el contrario, con espíritu revisionista, como tres momentos de intensa significación histórica. En la primera sala, las joyas realizadas por los indios mapuches en el siglo XIX y presentadas en vitrinas de terciopelo como productos sofisticadas, muestran el impactante esplendor de una cultura cuya creatividad se extinguió casi por completo arrasada por la «civilización».
El recorrido por las tres salas, remonta el mito del origen y la utopía del porvenir para culminar en las imágenes de una masacre que, en el contexto del museo, pierden el carácter de crónica policial para convertirse en testimonios de los cambios estéticos y éticos del país.
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