27 de marzo 2002 - 00:00

Atractiva puesta para un demorado Donizetti

Adelaida Negri (izq) y María Luján Mirabelli
Adelaida Negri (izq) y María Luján Mirabelli
«María Stuarda» ópera de G. Donizetti. Dir.: G. Paganini. Con A. Negri, M.L. Mirabelli, G. Marandino, A. Di Nardo, M. Mansilla, M.T. Ciarla. Régie: E. Casullo. Vest.: A. Polo. Esc.: D. Feijóo. Coro y Orquesta. (Teatro Margarita Xirgú.)

A 124 años de su estreno, y a los 44 años de su exhumación en Bérgamo, al fin se pudo escuchar en Buenos Aires la ópera de Donizetti que pone en escena el tormentoso conflicto entre «María Stuarda» y la Reina Isabel, hija de Ana Bolena, sucedido en Inglaterra allá por 1587. El compositor tenía debilidad por el trágico destino de las mujeres de la monarquía, y en su catálogo encontramos a varias, sin que falte Lucrecia Borgia, en donde la defiende tanto como Mario Puzo en el recientemente publicado «Los Borgia» de lectura recomendable.

Para esta ópera Donizetti ha dado un perfil psicológico bien definido a cada implicado, no solamente desde el punto de vista teatral, sino en la línea de canto, claramente definida y equilibrada. Así, todo el primer acto es para la Reina de Inglaterra; el segundo para «María Stuarda», reina de Escocia; sir Robert conde de Leicester pendula entre ambas. Y en el tercer acto se encuentran todos. La historia en matizada con espléndidos duetos y arias de muy buen cuño romántico y música al tono.

Se consagra María Luján Mirabelli como Elizabeta, luciendo una voz mucho más proteica y rica en gestualidad y carácter, en lo que no es ajeno el trabajo del regista Eduardo Casullo. Deparó momentos muy placenteros el joven tenor uruguayo Gerardo Marandino, llevando adelante su rol agotador con un timbre de voz atractivo, no solamente en sus generosos agudos sino creando una atmósfera auténticamente romántica en el dueto a «mezza voce». Buen caudal el del bajo Alejandro Di Nardo así como el de Marcelo Mansilla, ambos con partes bien comprometidas de las que salieron airosos. María Teresa Ciarla hizo de Ana Kennedy una composición teatral y vocal casi de tragedia griega.

Con el elegante vestuario de Azelio Polo y moviéndose en la sugerente escenografía de Daniel Feijóo apareció Adelaida Negri, que se adueña del escenario y de la situación aún antes de abrir la boca. Y cuando lo hace, es para llenar el ámbito con su voz templada, técnica depurada, «filatis» y su llegada a agudos electrizantes y sostenidos; los que coloca por sobre el coro y la orquesta siempre audibles e impactantes. Las ovaciones que recibió la dejaron visiblemente emocionada. El Coro Polifónico «Villa Devoto School» es una cosa seria, parecen auténticos profesionales del teatro; la orquesta tuvo como maestro concertador y director a Giorgio Paganini (portando tal apellido, irónicamente, es pianista y director), si bien hubieron altibajos en el foso, fueron creciendo en calidad y subiendo la temperatura mientras transcurría la ópera. Justo es reconocer que del mismo foso subieron momentos de intensa belleza.

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