3 de mayo 2001 - 00:00

Atrae la historia de una polígama

Yo, tú, ellos.
"Yo, tú, ellos".
La publicidad de esta película habla de una mujer, cuatro hijos y tres maridos. Debió agregar: todos juntos. Ahí está la gracia: una mujer con tres maridos bajo el mismo techo, y no es mentira.

Comedia dramática basada en personajes reales del Ceará, ella nos confirma cómo, hasta en las condiciones más desgraciadas, la gente tiene razones para vivir y para amar.

Claro que hay límites. En el caso real, al marido más joven se le dio por beber, y hubo que echarlo. En el cinematográfico, ambientado en un pueblo ficticio, pero filmado en Junco do Salitre, pleno sertao bahiano, la mujer empieza por quedarse sola frente a la puerta de la iglesia, y más tarde, siendo ya una madre soltera, debe entregar a su primer hijo.

Esta escena, desarrollada sin palabras, donde la cámara se pone a la altura del niño, enfocando primordialmente la tranquera, las manos maternas, y el cinto del desconocido que viene a buscarlo, es de una fuerza dramática impresionante y de una discreción admirable.

Otro tono

De otro tono, más grato, son las escenas en que la mujer acepta vivir con un turco viejo, o procura calmarlo cuando lo hace padre de un negrito, o empieza el romance con un vecino bonachón, o los hombres se convierten en compadres y trabajan juntos para ayudar a la mujer con un tercero más joven, o ella se las ingenia para pasar la noche con cada uno... Alternando momentos graves y picarescos, resalta aquí un singular modelo de mujer, y se plantea un problema masculino.

Es decir, el concepto de propiedad y el de paternidad, que a la larga deberán resolverse, y se resuelven de un modo tan inesperado como polémico, llamativo y verosímil.

Bien entretenida, muy bien actuada (empezando por
Regina Casé, más «gostosa» que bonita, y el veterano Lima Duarte), con un libreto excelente, de Elena Soárez, música de Gilberto Gil, y una fotografía que sabe captar la árida belleza del desierto, «Yo, tú, ellos» nos descubre también un director a tener en cuenta: Andrucha Waddington, ex asistente de Walter Salles en «Estación Central», y ahora a la cabeza de una pequeña productora encaminada por la misma senda: asuntos ciertos, tocantes, pero que puedan dejarnos una sonrisa final.

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