* Transcurrida la mitad del Festival de Buenos Aires, entre lo positivo puede señalarse la prudencia en los anuncios de invitados (no avisaron que venía Jim Jarmush, hasta que no lo vieron bajar del avión), algunas fiestas (pero todavía ninguna mejor que la del Holliday Inn, en la madrugada del viernes) y la presencia de varios técnicos y especialistas de mérito.
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* Entre lo negativo, el folklórico incumplimiento de horarios, empezando por el acto inaugural, que se hizo noventa minutos después de lo anunciado (aunque luego los discursos fueron breves); la relativa credibilidad del programa editado (y eso que es una segunda edición, con correcciones de horarios, duración, etc.), la falta de subtitulado en por lo menos tres películas extranjeras, y los habituales problemas de proyección en los Hoyts (tres películas quemadas, algunas cabezas cortadas por mal encuadre, y paredes demasiado delgadas, que dejan pasar la música de la sala de al lado). También, que alguien se olvidó ir a buscar a Edward James Olmos a Ezeiza, y él debió tomarse un taxi por las suyas. El tiempo pasa, los estilos y las geografías cambian, pero siempre ocurre lo mismo: antes se los olvidaban en Mar del Plata.
* Dentro de la programación, predominan dos tendencias: por un lado, las películas sexoleras pero de la línea «queer cinema», o sea homosexualidad y opciones similares (incluso hay un envío del Festival Brasileño de Cine Mix). Por el otro lado están aquellos films que intentan captar la intrascendencia de la vida cotidiana: jóvenes aburridos, bebiendo, discutiendo sandeces, etc. En esto los coreanos son maestros hasta el aburrimiento, salvo en la comedia de humor negro «Perro que ladra no muerde», que es levemente más entretenida.
* Hoy la moda entre los esnobs de los festivales es el cine coreano, pero esperemos que sólo sea una moda, o que manden películas realmente buenas. Por suerte, también hay otra clase de películas, mucho más atractivas.
* De lo visto hasta ahora fuera de competencia, lo mejor son la comedia franco-georgiana «Hogar dulce hogar», el documusical «Calle 54», y los dramas «Coronación» (Chile), «La virgen de los sicarios» (Colombia), ambos ya vistos en Mar del Plata, «Taxi-un encuentro» (Argentina) y «El círculo» (Irán).
* «Sólo por hoy», la película del argentino Ariel Rotter que abrió el Festival, cuenta la historia de jóvenes que quieren pero no pueden. En sintonía con films como «Pizza, birra, faso» o «Mundo grúa», atrapa el realismo y la naturalidad de personajes cotidianos. Una buena mirada sobre vidas anónimas, narrada con agudeza y humor.
* «Tabú», del japonés Nagisa Oshima, se ocupa de un grupo de samurais, miembros de la milicia y encargados de proteger la seguridad del pueblo. Pero por lo visto no habitan en un lugar con excesivos riesgos porque ese ejército se alborota más por la llegada de un nuevo soldado, Kano, que por librar grandes batallas. Kano es un militar con rasgos faciales delicados, que lleva el pelo largo por una promesa, y despierta pasiones en el resto de la milicia, a tal punto que mientras tiene relaciones con uno, es amante de otro, y recibe proposiciones variadas de los de más allá. A la salida de la proyección se oyó decir: «Más que una milicia, eso parecía un cabaret gay».
* Otro de los films vistos hasta ahora en el Festival fue «Moloch», del ruso Aleksandr Sokurov («Madre e hijo»), un director cuyos tiempos de relato desafían a veces la atención del espectador. Aquí toca un tema urticante: sin juzgarla ni condenarla, se ocupa de la vida pacífica, la cotidianeidad de Adolf Hitler en su residencia veraniega de Bertechsgaden, rodeado por sus íntimos (su esposa Eva Braun, Joseph Goebbels, etc.). Con excepción de algunas escenas que despabilan un poco al espectador, la película es crudamente fatigosa.
*También se vio, dentro del ciclo coreano, «Memento mori», fantasía lesbo-surrealista que demuestra cuánto les preocupa a las jóvenes cinematografías asiáticas tratar de parecerse a sus colegas de Occidente. El film tiene algunas líneas de diálogo logradas e imágenes casi siempre crispadas.Y es necesaria una aclaración: el subtitulado equivoca el sentido de la expresión «Memento mori» (esto no es atribuible a la versión local, que ha sido copiada de la inglesa, donde viene la falla): la famosa expresión latina, la que según la leyenda le susurraba un esclavo a César en el mayor momento de su apogeo, no significa «Recuerda a tus muertos», como se lee en el cine, sino «Recuerda que eres mortal». La frase trataba de disminuir la vanidad del César, sensato consejo que no ha perdido vigencia a lo largo de los siglos.
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