•A más de una semana de la eliminación de Argentina del mundial se nota el cambio en la programación de los canales mundialistas (América y Canal 7) así como la transformación de los contenidos de los programas. Canal 7 volvió a su antigua grilla y mantiene sólo «Pan y queso» y «Los mejores momentos» con un resumen de la jornada.América transmite menos partidos (elige los más importantes) y han regresado los enviados con que contaban ciclos como «Intrusos» o «Detrás de las noticias». También debieron cambiar el temario mundialista programas vespertinos como «Las cortesanas» y hasta el psicólogo Jorge Bucay o Maru Botana, entre otros, que debieron regresar a los tópicos de siempre. En tanto, Telefé produjo un institucional en el que se solidariza con los argentinos por la derrota (una frase reza «Queremos que ya sea Alemania 2006»), inspirándose en la publicidad de Quilmes. Sigue siendo peculiar el caso de Azul: cambió el lanzamiento de «Mujeres acorraladas por el fútbol», con Lía Salgado debatiendo sobre los hinchas trasnochados por «Mujeres acorraladas». Desgraciadamente, la referencia al «corralito» sigue estando vigente.
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•Por momentos los comentarios de Fernando Niembro durante la transmisión del partido Bélgica-Brasil, resultaron irritantes. Sin Carlos Bilardo al lado, Mariano Closs no lo puede controlar. Durante el partido se obstinó en contar que había dado 10 vueltas la pista olímpica del Estadio de Seul, donde Ben Johnson ganó los 100 metros llanos en 1988 y luego fue descalificado al darle positivo el antidoping. No solo recordó aquel momento donde los que ocuparon los primero cuatro puestos bajaron los 10", sino que dijo que las cuatro vueltas que él dio a la pista fueron en 26' (un tiempo pobrísimo aún para un aficionado para recorrer 4 kilómetros, por cierto). Cuando se creía que el relato de Niembro terminaba allí, para pesar de los televidentes no fue así. Niembro arremetió con conclusiones insólitas (todo esto mientras se jugaba el partido e impedía a Closs llevar una hilación en el relato). «En Seul todo el mundo puede ir a correr a esa pista y pueden usar la pileta de natación olímpica ¿Por qué no se permite lo mismo en Buenos Aires en el Cenard?». Durante minutos insistió en que el Centro de Alto Rendimiento Deportivo de Buenos Aires debería estar abierto a todo el público. El comentario extenso no merece siquiera respuesta. A qué nadador de alta competencia le gustaría entrenarse en la pileta cubierta, rodeado de chicos con salvavidas, gente haciendo la plancha, otros tirándose de parado o haciendo zambullidas estrámboticas. Nadie imagina a Meolans nadando mariposa y esquivando un patito inflable. No faltará la sorpresa de los atletas de alta competencias que practican salidas en velocidad, viendo a grandes y chicos corriendo o caminando por los andariveles donde su entrenador debe medir el tiempo. Quizás Niembro no meditó que las maratones olímpicas se corren fuera de los estadios y solo se recorren en esa pista que él tránsito, los 400 metros finales porque se necesitan zapatos especiales para transitar por allí. Esa pista solo es para velocistas. En cambio quienes eligieron seguir los partidos por Canal 7 se encontraron con la transmisión sobria de Miguel Simón y los comentarios profesionales y certeros de Quique Wolff.
•Otro género que satura en televisión cuando repite tramas y carece de efecto sorpresa es el policial: empeora «099 Central» con un elenco de bellas mujeres afeadas por los personajes de mujer-policía que les ha tocado en suerte y que encarnan exacerbando la masculinidad. Al ver a una Dupláa machona y patotera (hasta deforma su rostro cada vez que habla) no cuadra su disputa con Paola Krum por enamorar al galán Facundo Arana. Además del triángulo amoroso, el ciclo sigue siendo lo mismo que cuando empezó: tiros, lugares comunes, falta de ingenio, policías y ladrones.
•Otro que decayó a medida que transcurrieron los capítulos es «Tiempo final». El último programa, «Reality show», con Enrique Pinti, Juan Manuel Tenuta y Fernán Mirás prometía más de lo que ofreció. La historia giró en torno a un programa periodístico (conducido por Pinti) donde se entrevistaba al vicepresidente de la Nación (Tenuta). Fernán Mirás personificó a un desocupado perturbado que se infiltraba en el estudio de televisión y amenazaba con detonar la bomba que llevaba consigo si el político no ofrecía una solución a su situación personal y a la crisis del país. Más cercano al suicidio en vivo que al «reality show», la historia resultó más verosímil que atrapante: en el primer bloque estaba todo definido y lo que siguió durante 40 minutos netos de programa fue una repetición de situaciones que concluyeron de manera previsible.
•Volvió la pareja Gustavo Bermúdez/Araceli González pero esta vez sin danza con delfines, ni lenguaje de señas, ni sheiks ni odaliscas. Aunque el entorno sigue siendo fantasioso, esta vez son amigos que se enamorarán con el tiempo (o cuando Araceli descubra que Bermudez hereda mil millones, cifra que da nombre a la novela). A juzgar por lo visto está bien ambientada y dirigida por una histórica, Diana Alvarez, aunque de las actuaciones principales no se puede pedir demasiado: Araceli mejoró, es cierto, pero sigue resultando más gratificante verla callada o posando en las tapas de las revistas. Bermudez, galán con renombre en el exterior gracias a las novelas de Andrea Del Boca, no hay grandes méritos para destacar. Sí merecen mención especial la muy activa Rita Cortese (además de la novela protagoniza «El violinista en el tejado» y la película «Herencia» que se estrena hoy) y María Velenzuela, con look renovado.
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