Avatares de la TV

Espectáculos

• Con un promedio de 12 puntos en la programación de 12 a 24, en febrero «Telefé» volvió a ser el canal más visto recuperándose de paso de su floja performance de enero cuando tuvo apenas 10.9 puntos. Según datos de Ibope, «Canal 13» quedó en un lejano segundo puesto con 8.2 puntos (perdió dos décimas respecto de los 8.4 de enero), seguido por «Canal 9» que se mantuvo en 6.3, América con 3.7 (ganó 4 décimas) y Canal 7 descendió del 1.6 anterior a 1.4. En «prime time» (de 20 a 24), Telefé sumó 17.3; Canal 13, 13.8; Canal 9, 7.4; América 6.2 y Canal 7 obtuvo 2 puntos de rating.

• El último lunes del mes, en tanto, «Los Simpsons» (18.8) le dio el mejor rating del día a «Telefé» y con «La niñera» volvió a ganarle a «Los secretos de papá» de «Canal 13». Sin embargo, esa noche «Telefé» perdió por primera vez su ya instalado liderazgo en cine ante «Canal 13» que con el film «Evolución» logró un punto más que «Dulce noviembre». Siempre según las cifras de Ibope, Gerardo Sofovich se ganó a sí mismo en la competencia entre «La peluquería» (Canal 9) que obtuvo 7.5 puntos contra los 6.5 que midió su buen programa de preguntas y respuestas «Tiempo límite». La despedida de la novela brasileña «Mujeres apasionadas» promedió 17.5 puntos, una marca importante que habrá que ver si «Telefé» vuelve a lograr con la ambiciosatira propia «Amor en custodia», que comenzó ayer a las 13, el horario que en verano consagró a la repetición de «Los Roldán» apuntando, sobre todo, a molestar a Marcelo Tinelli.

• Con el estreno de «Amor en custodia» protagonizada por Soledad Silveyra y Olvaldo Laport, «Telefé» dio inicio el lunes a la temporada fuerte de la TV abierta, con la novedad de emitirlo íntegramente sin cortes publicitarios. Pese a que, como de costumbre, el primer capítulo sirvió más que nada para presentar a los personajes y plantear la historia (el amor, por ahora imposible, de una poderosa empresaria con un « campesino» que será su guardaespaldas), ofreció buen entretenimiento, aunque curiosamente tuvo más acción que romance.

• Una elegante Silveyra se mostró más compenetrada con el nuevo personaje que Laport, siempre susurrante y más preocupado porque la ropa destaque su musculatura que por cualquier otra cosa; encima, tal vez porque practica capoeira, su personaje farfulla todo el tiempo en un portugués que produce un poco de vergüenza ajena. En cuanto al argumento, de entrada nomás, el libreto de Marcela Citterio y Enrique Estevanez (los mismos de «Los buscas de siempre» y «Los médicos de hoy») buscó estar «a la page» con una violenta escena de intento de secuestro, o asesinato, de la empresaria, que frustra Laport ganándose el puesto de guardaespaldas; ya hubo una estafa, hay un ex policía venal y otros asuntos de actualidad, amén de que todos parecen estar complotados para algo.

• Acaso porque se trata de las pocas novedades de la TV por el momento, la novela y sus protagonistas ocuparon a todos los programas de chimentos. Ayer, por caso, «Intrusos» giró casi íntegramente alrededor de la misteriosa enfermedad de Julieta Prandi que obligó a la producción de «Un amor en custodia» a reemplazarla por Melina Petriella en el papel de hija de Soledad Silveyra, y a regrabar varios capítulos a velocidad de vértigo. Según Jorge Rial y su troupe, la joven actriz sufriría algún tipo de dolencia cardíaca, aunque ni en «Telefé» parecen estar enterados del porqué de la deserción de Prandi que desapareció de repente y ni siquiera contestó los ingentes llamados desde la productora de Enrique Estevanez.

• El lunes, en «Indomables» también se encargaron de entrevistar a Silveyra y Laport que se prestaron de muy buen humor a la mordaz entrevista del movilero Sebastián Wainrach. A ella, Wainrach le interrumpió el «chivo» no bien empezó a declamarlo, la dejó a mitad de una frase y pasó directamente a Laport. Muy lejos de las épocas en que amenazaba con trompear a otros movileros entrometidos, el actor aguantó sonriente todas las ironías de Wainrach, incluso una algo más que ironía sobre la edad de su partenaire («está buena la vieja ¿eh?»). Peor aun, Laport mechó cada respuesta con un « boludo», como para acomodarse al estilo -y a la edad- del entrevistador, y cuando éste le preguntó por el perfume que lleva su nombre, lo invitó a olerlo en su cuerpo. Wainrach empezó a fruncir la nariz y Laport remató entre risas forzadas: «poné buena cara, la puta que te parió».

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