24 de diciembre 2002 - 00:00
Baccaro: "El teatro padece las circunstancias del país"
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Periodista: ¿Por qué el Teatro Cervantes siempre está expuesto a tantas inclemencias?
Julio Baccaro: El teatro padece las mismas circunstancias que el país. Como es un teatro nacional depende de las variaciones que se vayan produciendo en el gobierno de la Nación. Si cambia el Presidente, cambia el secretario de Cultura y, por lo tanto, cambia el director del Cervantes. En los últimos tiempos esto fue tremendo porque hubo mucha variación presidencial.
P.: Hay quienes ven el Cervantes como una especie de patito feo si se lo compara con el Teatro Colón o el San Martín. El ex secretario de cultura Darío Lopérfido llegó a decir que no valía la pena gastar tanto en el Cervantes teniendo tan cerca los dos teatros más importantes de Sudamérica.
J.B.: ¡Ah, yo no sé qué le pasó! El ya había dirigido el Centro Cultural Ricardo Rojas, pero se debe haber olvidado de lo importante que es un teatro para la comunidad... Tampoco nos olvidemos que a este teatro lo quisieron privatizar en algún momento. Para dirigir el Cervantes hay que tener una relación muy fluida con el secretario de Cultura, como afortunadamente ocurre con Rubén Stella, quien además es un hombre de teatro. Y esto es fundamental porque él sabe lo que el teatro necesita.
• Antecedente
J.B.: Así es. Estuve del 86 al 87 y renuncié porque había muchos problemas, entre otros los pagos a los actores que tardaban entre 6 y 8 meses en efectivizarse. El teatro todavía no tenía autarquía y yo estaba total-mene atado de manos. No podía cumplir mis funciones y era muy penoso tener que apelar todo el tiempo a la paciencia y comprensión de los elencos para que el teatro siguiera funcionando.
P.: Pero al último director (el cordobés Raúl Brambilla) le fue peor todavía. En diciembre del año pasado dijo que el Cervantes estaba a punto de cerrar sus puertas por falta de fondos. En cambio, a usted se lo ve bastante tranquilo.
J.B.: Estoy tranquilo.
P.: ¿Con qué presupuesto cuenta ahora?
J.B.: Alrededor de 3,4 millones, de los cuales no sé si llegan a 700 mil los gastos destinados a producción teatral, porque el mantenimiento del edificio es muy costoso. Felizmente la refrigeración está funcionando porque si no no podríamos abrir el teatro en enero. Además, estamos muy contentos porque este año la cantidad de espectadores aumentó en un ciento por ciento. «Stefano» fue todo un éxito, con funciones a sala llena. Lógicamente influyó el bajo precio de las localidades: jueves, viernes y domingos a cinco pesos y sólo los sábados a ocho. Recaudamos menos pero hay mucho más espectadores.
P.: Revisando la programación es evidente que se ha privilegiado el rescate de obras canónicas de la escena nacional hoy casi olvidadas. ¿Cree que al público le interesa este tipo de piezas?
J.B.: El publico tiene muy flaca memoria y conoce muy pocos autores, a veces ni siquiera tiene registro de los directores. Si uno le pregunta a la gente por un director seguro van a decir: «Alezzo» y si se trata de actores de teatro mencionan a Alfredo Alcón, a Norma Aleandro o a María Rosa Gallo y nada más. En cuanto a la nueva programación, a mí me encantaría dirigir cualquiera de estas obras. Son piezas excelentes y tremendamente actuales como «Don Chicho», de Alberto Novión, que es del año 1933. Sus personajes son de una amoralidad y de una inconducta tal que la obra parece un espejo de estos tiempos.

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