24 de diciembre 2002 - 00:00

Baccaro: "El teatro padece las circunstancias del país"

Baccaro: El teatro padece las circunstancias del país
En 1995 fue declarado Monumento Histórico-Artístico Nacional y dos años más tarde se constituyó en organismo autárquico, sin embargo, el Teatro Cervantes (único teatro nacional de la República Argentina) es quizás una de las salas más desprotegidas del área porteña. A los abruptos recortes presupuestarios que padece cíclicamente -y que lo colocan en constante peligro de extinciónse suman numerosas exigencias de mantenimiento, propias de un edificio construido hace más de 80 años. Ya sobre el cierre de la presente temporada, y a un año de la caída del gobierno de De la Rúa que dejó acéfala durante tres meses a la Secretaría de cultura y, por ende, a la dirección de este Teatro, todo parece indicar que el Cervantes retomará sus actividades en enero con la misma calma y estabilidad que exhibió en los últimos meses. Este diario conversó con Julio Baccaro, reconocido hombre de teatro y actual director del Cervantes, luego de que se anunciara la programación de la temporada 2003. La misma estará dedicada casi exclusivamente a auto-res nacionales (entre ellos José González Castillo, Ricardo Monti, Rodolfo Walsh, Roberto Perinelli y el joven drama-turgo Pedro Sedlinsky) y se iniciará el próximo 9 de enero con el estreno de «Un león bajo el agua» de Alicia Mu-ñoz, un espectáculo itinerante que se desarrollará en distintas dependencias de la Manzana de las luces. En tanto, el 16 de enero, en la Sala María Guerrero se repondrá «Stéfano», aprovechando la buena convocatoria de público que obtuvo este año.

Periodista: ¿Por qué el Teatro Cervantes siempre está expuesto a tantas inclemencias?


Julio Baccaro:
El teatro padece las mismas circunstancias que el país. Como es un teatro nacional depende de las variaciones que se vayan produciendo en el gobierno de la Nación. Si cambia el Presidente, cambia el secretario de Cultura y, por lo tanto, cambia el director del Cervantes. En los últimos tiempos esto fue tremendo porque hubo mucha variación presidencial.

P.: Hay quienes ven el Cervantes como una especie de patito feo si se lo compara con el Teatro Colón o el San Martín. El ex secretario de cultura Darío Lopérfido llegó a decir que no valía la pena gastar tanto en el Cervantes teniendo tan cerca los dos teatros más importantes de Sudamérica.


J.B.:
¡Ah, yo no sé qué le pasó! El ya había dirigido el Centro Cultural Ricardo Rojas, pero se debe haber olvidado de lo importante que es un teatro para la comunidad... Tampoco nos olvidemos que a este teatro lo quisieron privatizar en algún momento. Para dirigir el Cervantes hay que tener una relación muy fluida con el secretario de Cultura, como afortunadamente ocurre con Rubén Stella, quien además es un hombre de teatro. Y esto es fundamental porque él sabe lo que el teatro necesita.

• Antecedente

P.: Usted ya dirigió el Cervantes durante el gobierno de Alfonsín, e inauguró la sala Orestes Caviglia, pero al poco tiempo se alejó del cargo...

J.B.:
Así es. Estuve del 86 al 87 y renuncié porque había muchos problemas, entre otros los pagos a los actores que tardaban entre 6 y 8 meses en efectivizarse. El teatro todavía no tenía autarquía y yo estaba total-mene atado de manos. No podía cumplir mis funciones y era muy penoso tener que apelar todo el tiempo a la paciencia y comprensión de los elencos para que el teatro siguiera funcionando.

P.: Pero al último director (el cordobés Raúl Brambilla) le fue peor todavía. En diciembre del año pasado dijo que el Cervantes estaba a punto de cerrar sus puertas por falta de fondos. En cambio, a usted se lo ve bastante tranquilo.


J.B.:
Estoy tranquilo.

P.: ¿Con qué presupuesto cuenta ahora?


J.B.:
Alrededor de 3,4 millones, de los cuales no sé si llegan a 700 mil los gastos destinados a producción teatral, porque el mantenimiento del edificio es muy costoso. Felizmente la refrigeración está funcionando porque si no no podríamos abrir el teatro en enero. Además, estamos muy contentos porque este año la cantidad de espectadores aumentó en un ciento por ciento. «Stefano» fue todo un éxito, con funciones a sala llena. Lógicamente influyó el bajo precio de las localidades: jueves, viernes y domingos a cinco pesos y sólo los sábados a ocho. Recaudamos menos pero hay mucho más espectadores.

P.: Revisando la programación es evidente que se ha privilegiado el rescate de obras canónicas de la escena nacional hoy casi olvidadas. ¿Cree que al público le interesa este tipo de piezas?


J.B.:
El publico tiene muy flaca memoria y conoce muy pocos autores, a veces ni siquiera tiene registro de los directores. Si uno le pregunta a la gente por un director seguro van a decir: «Alezzo» y si se trata de actores de teatro mencionan a Alfredo Alcón, a Norma Aleandro o a María Rosa Gallo y nada más. En cuanto a la nueva programación, a mí me encantaría dirigir cualquiera de estas obras. Son piezas excelentes y tremendamente actuales como «Don Chicho», de Alberto Novión, que es del año 1933. Sus personajes son de una amoralidad y de una inconducta tal que la obra parece un espejo de estos tiempos.

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