29 de agosto 2008 - 00:00

"Bailarín con técnica pero sin público no es bailarín"

Paloma Herrera:«Trabajar con elBallet Estable esun placer. ElTeatro Colón esesencial comoámbito quecontiene. Ojalávuelva a ser loque fue».
Paloma Herrera: «Trabajar con el Ballet Estable es un placer. El Teatro Colón es esencial como ámbito que contiene. Ojalá vuelva a ser lo que fue».
Paloma Herrera inicia hoy su breve ciclo de tres funciones en el Luna Park, como figura principal de la sexta «Gran Gala de Ballet», que organiza el departamento de Cultura del Banco de Galicia. Durante el ciclo, que continúa mañana y cierra el domingo, la bailarina estrella del American Ballet Theatre actuará acompañada por el primer bailarín del Ballet of Canada, Guillaume Coté y el Ballet y la Orquesta Estables del Teatro Colón, y con un programa integrado por coreografías de Petipa, Ana María Stekelman y Mauricio Wainrot.

Dialogamos con Paloma Herrera en su casa de Buenos Aires, donde ella se mueve con la misma elegancia que en el escenario.

Periodista: A muchos les hubiera gustado volver a verla bailar en el Colón. ¿Cómo ve la situación por la que pasa el teatro?

Paloma Herrera: Yo trato de ser lo más optimista posible. Para mí, el Colón ha sido el gran teatro para el ballet. Recuerdo desde mi época de estudiante al teatro lleno de gente viendo ballet y eso se extraña ahora. Me gustaría que vuelva a ser lo que fue. Espero que el gran público vuelva al Colón, cuando se reabra. Y además, que le den a cuerpo de baile más funciones. Un bailarín que no se confronta con el público logra mucho menos que aquel que lo hace. Se pueden tomar muchas clases, pero no es lo mismo. Es necesario enriquecer el repertorio. Hacer obras de todo tipo, cada vez más. La experiencia de interrelación con el público es imprescindible. Por trabajar poco sobrevienen luego las lesiones, los problemas, que no ocurren trabajando mucho. Y el Teatro Colón es esencial como ámbito que contiene. Trabajar con el Ballet Estable es un placer y siento que también lo es para ellos. Todos se ponen las pilas y salen funciones magníficas.

P.: Usted conoce bien a la flamante directora artística del Ballet Estable, Olga Ferri, y también la intimidad del Colón, ya que entró ahí de muy chica.

P.H.: A los 8 años ya había audicionado para el Teatro Colón, donde estudié con Rina Valverde. Había comenzado a estudiar de muy chiquita, a los siete años, con la asistente de Olga Ferri y, ya a los ocho, Olga me había tomado para darme sus clases. Desde el primer día en que fui a la clase de danza, me encantó y la fascinación por la danza no paró hasta hoy que sigo bajo el mismo influjo de pasión por el baile. A los siete años ya no faltaba nunca. Era muy responsable, y cuando uno hace eso es porque realmente está muy convencido de lo que quiere ser. Aún hoy tengo la misma entrega, ganas, responsabilidad.

P.: Y no se detuvo hasta llegar al rango de primera bailarina del American Ballet Theatre.

P.H.: Terminados los ocho años de estudios en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, me fui a la escuela del American en Nueva York, guiada por el maestro Héctor Zaraspe. El me llamó por teléfono y me dijo «tiene que ir a la Escuela de American Ballet Theatre de Nueva York. Ahí está su lugar» Audicioné y me pusieron en el último año de la escuela. Cuando pasan los primeros seis meses, me preparo para volver pero me entero de que hay audiciones para la compañía, y me presenté. Bailé en la prueba y quedé contratada para el American. Comencé a trabajar en el pequeño rol de Cupido, en «Don Quijote». Desde el primer día me dieron oportunidades.»

P.: Después había que prepararse para vivir en Nueva York.

P.H.: Volví a Buenos Aires, a organizar todo y, además, sacar mi visa de trabajo. Terminé mis estudios en el Instituto del Colón y puedo decir que soy un producto del Instituto. Ahí tuve muy buenos maestros y aprendí mucho de ellos. Siempre digo que Olga Ferri me formó desde el primer momento. Allá fue todo diferente. Pasé de ser estudiante a ser profesional.

P.: ¿Y no tuvo problemas de desarraigo?

P.H.: No, porque siento a mi país y a mi familia muy dentro de mí. Tengo una relación muy cercana con mi familia, jamás sentí tristeza. Nunca sentí que me fui. Siempre estuve con un pie en cada lado. Mis padres me decían «estás ahí por que vos querés. cuando te sientas mal te venís». Nunca sentí presiones.

P.: ¿Cómo son sus días en Nueva York?

P.H.: Un poco rutinarios, sobre todo cuando estamos en épocas de ensayo. Entramos a las diez y trabajamos hasta las sietede la tarde, con un «break» en el medio y a veces ni siquiera eso. Depende de las obras. Si son obras ya hechas las trabajo con mi «couch» Irina Kolpakova, con la que trabajo todos los clásicos. Con Kevin McKenzie también trabajo mucho y con los grandes coreógrafos de la actualidad como Nacho Duato, Jiri Kylián, Twyla Tharp, William Forsythe. He tenido oportunidad de bailar las coreografías de todos estos grandes artistas de la danza y con cada uno ha sido una tarea diferente.

P.: El documental que se vio en el Malba muestra toda esa pasión de la que usted habla. ¿Ya pensó en qué va a volcar esa pasión cuando termine su carrera como bailarina?

P.H.: Todavía no lo pensé. Disfruto a full mi carrera hoy, que tengo 32 años, y creo que me queda mucho por delante. Todo se dará naturalmente, como se fue dando toda mi carrera. Me encantaría poder dar lo que recibí, enseñar todo aquello que me legaron mis maestros. Hay experiencias de vida que yo quiero transmitir a los demás. El dvd que usted nombra muestra lo que hago en las clases, la forma de trabajo, con qué intensidad. Esto es lo que yo quiero volcar en otra gente. Creo que esa actitud docente es la que me ocupará los días después de que acabe mi carrera.

P.: ¿Cómo fue el estreno de Twyla Tharp en el que bailó recientemente?

P.H.: Me encanta trabajar con Twyla Tharp. Es una mujer muy profesional y con muchas ideas personales. Sabe muy bien lo que quiere. Ella siempre me ha elegido para sus ballets y nos une una relación de gran afecto. Es una persona muy demandante. Exige mucho de lo físico y de la persona un ciento por ciento. Hay ballets raros de ellos, con estilo muy especial, pero a mí me parecen obras fascinantes.

Entrevista de Eduardo Giorello

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