29 de agosto 2008 - 00:00
"Bailarín con técnica pero sin público no es bailarín"
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Paloma Herrera:
«Trabajar con el
Ballet Estable es
un placer. El
Teatro Colón es
esencial como
ámbito que
contiene. Ojalá
vuelva a ser lo
que fue».
P.: Y no se detuvo hasta llegar al rango de primera bailarina del American Ballet Theatre.
P.H.: Terminados los ocho años de estudios en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, me fui a la escuela del American en Nueva York, guiada por el maestro Héctor Zaraspe. El me llamó por teléfono y me dijo «tiene que ir a la Escuela de American Ballet Theatre de Nueva York. Ahí está su lugar» Audicioné y me pusieron en el último año de la escuela. Cuando pasan los primeros seis meses, me preparo para volver pero me entero de que hay audiciones para la compañía, y me presenté. Bailé en la prueba y quedé contratada para el American. Comencé a trabajar en el pequeño rol de Cupido, en «Don Quijote». Desde el primer día me dieron oportunidades.»
P.: Después había que prepararse para vivir en Nueva York.
P.H.: Volví a Buenos Aires, a organizar todo y, además, sacar mi visa de trabajo. Terminé mis estudios en el Instituto del Colón y puedo decir que soy un producto del Instituto. Ahí tuve muy buenos maestros y aprendí mucho de ellos. Siempre digo que Olga Ferri me formó desde el primer momento. Allá fue todo diferente. Pasé de ser estudiante a ser profesional.
P.: ¿Y no tuvo problemas de desarraigo?
P.H.: No, porque siento a mi país y a mi familia muy dentro de mí. Tengo una relación muy cercana con mi familia, jamás sentí tristeza. Nunca sentí que me fui. Siempre estuve con un pie en cada lado. Mis padres me decían «estás ahí por que vos querés. cuando te sientas mal te venís». Nunca sentí presiones.
P.: ¿Cómo son sus días en Nueva York?
P.H.: Un poco rutinarios, sobre todo cuando estamos en épocas de ensayo. Entramos a las diez y trabajamos hasta las sietede la tarde, con un «break» en el medio y a veces ni siquiera eso. Depende de las obras. Si son obras ya hechas las trabajo con mi «couch» Irina Kolpakova, con la que trabajo todos los clásicos. Con Kevin McKenzie también trabajo mucho y con los grandes coreógrafos de la actualidad como Nacho Duato, Jiri Kylián, Twyla Tharp, William Forsythe. He tenido oportunidad de bailar las coreografías de todos estos grandes artistas de la danza y con cada uno ha sido una tarea diferente.
P.: El documental que se vio en el Malba muestra toda esa pasión de la que usted habla. ¿Ya pensó en qué va a volcar esa pasión cuando termine su carrera como bailarina?
P.H.: Todavía no lo pensé. Disfruto a full mi carrera hoy, que tengo 32 años, y creo que me queda mucho por delante. Todo se dará naturalmente, como se fue dando toda mi carrera. Me encantaría poder dar lo que recibí, enseñar todo aquello que me legaron mis maestros. Hay experiencias de vida que yo quiero transmitir a los demás. El dvd que usted nombra muestra lo que hago en las clases, la forma de trabajo, con qué intensidad. Esto es lo que yo quiero volcar en otra gente. Creo que esa actitud docente es la que me ocupará los días después de que acabe mi carrera.
P.: ¿Cómo fue el estreno de Twyla Tharp en el que bailó recientemente?
P.H.: Me encanta trabajar con Twyla Tharp. Es una mujer muy profesional y con muchas ideas personales. Sabe muy bien lo que quiere. Ella siempre me ha elegido para sus ballets y nos une una relación de gran afecto. Es una persona muy demandante. Exige mucho de lo físico y de la persona un ciento por ciento. Hay ballets raros de ellos, con estilo muy especial, pero a mí me parecen obras fascinantes.
Entrevista de Eduardo Giorello



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