Barcelona expone libros y documentos de Cortázar

Espectáculos

Barcelona (EFE) - Libros dedicados de Pablo Neruda o García Márquez, poemarios con garabatos en español y en francés, o volúmenes que conservan sorpresas en su interior son algunos de los objetos que se muestran en la exposición «Los libros de Cortázar», en la Fundación Círculo de Lectores de Barcelona, que coincide con la publicación del volumen VI de sus Obras Completas, dedicado a la obra crítica.

Formada por más de 4.000 documentos, fundamentalmente libros y revistas, la biblioteca de Cortázar fue donada en 1993 por su viuda y legataria universal, Aurora Bernárdez, a la Fundación March, que la conserva en Madrid y que ahora da a conocer en la ciudad condal una pequeña muestra.

El presidente de la Fundación March, Javier Gomá, opina que esta exposición, «permite bucear en el alma y los secretos delescritor», mientras que Bernárdez, que viajó de París a Barcelona para la inauguración, destacó que su marido «nunca fue un coleccionista bibliófilo, aunque amaba los libros que había leído con placer, y que, a veces, eran de ediciones discretas».

En la exposición figuran dos curiosas separatas: una que contiene un breve poema visual, titulado «720 círculos», con las instrucciones para poder leerlo, y otra con el capítulo 126 de «Rayuela», que su autor nunca incluyó en la novela que lo hizo mundialmente famoso.

«A Julio, tu estás por aquí en unas páginas», es una dedicatoria de Pablo Neruda de 1970, mientras que en la primera página de la primera edición de «La casa verde», de Mario Vargas Llosa, se puede leer «A Julio y Aurora, los primeros lectores de esta novela de caballerías peruanas...».

Cortázar anotaba mucho, con bolígrafoo lápiz, los libros que le interesaban, a veces frases cortas como «Pinochet se los venderá a los yanquis, es lo más seguro» (en las memorias de Pablo Neruda), mientras que en otras ocasiones apostaba por una simple exclamación a pie de página: «Bello como Hölderlin», en un poemario de Pedro Salinas.

Precisamente su viuda aseveró que «subrayaba mucho porque establecía un diálogo con el autor, puesto que para él la lectura era una forma de relación privilegiada con alguien».

En la exposición también se da a conocer una anécdota, que Bernárdez ha confirmado, que dice que en un viaje en tren que efectuaron por Italia en los años '50, el escritor y su esposa tiraban por la ventanilla las páginas que iban leyendo de ediciones baratas de novela negra que compraban en los quioscos de las estaciones.

La viuda del narrador contó que Julio leía primero y luego arrancaba la página y se la pasaba a ella, que la acababa lanzando fuera del tren porque «ya no valía la pena guardarlas. Lo importante es recordar lo leído».

Respecto a cómo se relacionaba Cortázar con los libros, Aurora respondió que era alguien habituado a pedir prestado y a prestar, que mantenía, especialmente, «relación con el contenido» de lo que leía y descubrió que «no toleraba escuchar música o que le hablaran», mientras estaba abstraído en esa tarea.

Habitualmente, en su casa de la calle Martel de París, el escritor argentino tenía los libros colocados en las estanterías por orden alfabético, pero «sabía muy bien donde estaban los que le importaban, aunque reinara allí el desorden».

Autor que cuenta con nuevas generaciones de lectores jóvenes que siguen interesándose por su obra, según corrobora su viuda a partir de los mensajes que encuentra en su tumba, ahora vuelve a estar en los oídos de muchos españoles al haberse utilizado su palabra para una publicidad de coches que utiliza el Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda el reloj (de «Historias de Cronopios y de Famas»), en la voz del propio Cortázar, lo que defiende su viuda, porque «se hizo bien» y porque «Cortázar siempre adoró los automóviles».

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