3 de julio 2007 - 00:00
Barcelona expone libros y documentos de Cortázar
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Aurora Bernárdez, viuda y legataria universal del escritor,
presentó en Barcelona «Los libros de Cortázar», y defendió
una publicidad de autos con la voz de su marido porque
«Cortázar siempre adoró los automóviles».
Precisamente su viuda aseveró que «subrayaba mucho porque establecía un diálogo con el autor, puesto que para él la lectura era una forma de relación privilegiada con alguien».
En la exposición también se da a conocer una anécdota, que Bernárdez ha confirmado, que dice que en un viaje en tren que efectuaron por Italia en los años '50, el escritor y su esposa tiraban por la ventanilla las páginas que iban leyendo de ediciones baratas de novela negra que compraban en los quioscos de las estaciones.
La viuda del narrador contó que Julio leía primero y luego arrancaba la página y se la pasaba a ella, que la acababa lanzando fuera del tren porque «ya no valía la pena guardarlas. Lo importante es recordar lo leído».
Respecto a cómo se relacionaba Cortázar con los libros, Aurora respondió que era alguien habituado a pedir prestado y a prestar, que mantenía, especialmente, «relación con el contenido» de lo que leía y descubrió que «no toleraba escuchar música o que le hablaran», mientras estaba abstraído en esa tarea.
Habitualmente, en su casa de la calle Martel de París, el escritor argentino tenía los libros colocados en las estanterías por orden alfabético, pero «sabía muy bien donde estaban los que le importaban, aunque reinara allí el desorden».
Autor que cuenta con nuevas generaciones de lectores jóvenes que siguen interesándose por su obra, según corrobora su viuda a partir de los mensajes que encuentra en su tumba, ahora vuelve a estar en los oídos de muchos españoles al haberse utilizado su palabra para una publicidad de coches que utiliza el Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda el reloj (de «Historias de Cronopios y de Famas»), en la voz del propio Cortázar, lo que defiende su viuda, porque «se hizo bien» y porque «Cortázar siempre adoró los automóviles».




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