El Ciclo Integral de las 32 Sonatas para Piano de Ludwig van Beethoven, que sigue ofreciendo Daniel Barenboim, ya es un hito en la actual temporada. Es que se trata de un acontecimiento que traspasa las fronteras de lo musical, con momentos de intensa emoción y otros de profundas reflexiones.
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A lo largo de una vida vinculado a la música, el autor de estas líneas asistió a algunas sesiones del ciclo que ofreció
Desde que Hans Richter Haaser las tocara completas en 1962, no se repitió la hazaña hasta 1984, con Rudolf Buchbinder; en 1998 las tocó Martha Noguera en el Teatro San Martín. Y es Daniel Barenboim el músico que condensa a sus predecesores, ya que tampoco abundan las integrales en el circuito discográfico. La imprescindible de Wilhelm Kempf y la de Claudio Arrau serían las ediciones alternativas a las del mismo Barenboim.
• Vivo
Pero la experiencia «en vivo» es incomparable, y en esta ocasión el interés aumenta por la inteligente distribución de Sonatas de diferentes períodos en cada concierto, que al eludir el orden cronológico permite asistir a un panorama de evolución y a una o dos de las «famosas» para placer de aquellos que sólo pueden ir a una o dos sesiones.
En el primer concierto, el interés estaba enfocado en la «Patética», y fue justamente esta Sonata de apertura del romanticismo pianístico la analizada en una fascinante «master-class» que Barenboim ofreció la semana pasada, con el adolescente Iván Rutkauskas como atento alumno. Fue una cátedra tremendamente enriquecedora, que permitió no solamente acceder a la profundidad de análisis del famoso intérprete y el prometedor discípulo ocasional, también fue una experiencia académica para los jóvenes pianistas, maestros, musicólogos y críticos que tuvieron el privilegio de presenciarla.
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