La propuesta consiste en seguir a alguno de los personajes que circulan por un elegante hotel alemán de los ’30, en el que se desarrolla una floja trama de espionaje con nazis incluidos.
«Hotel Berlín 1933» de P. Sodor. Dir.: J. Baccaro. Int.: A. Salonia, R. Lamm, R. Filippi, P. Uribelarrea y elenco. Esc.: D. Feijóo. Mús.: F. Vaccarezza. Luces: A. Ludin. Dis. Vest. y Supervisión: K. Denis. Coreog.: M.T. del Río. (Hotel Berlín - Moreno 963.)
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La propuesta de este espectáculo consiste en seguirle los pasos a alguno de los siete personajes que circulan por un elegante hotel alemán de los años '30 (un antiguo edificio en Moreno 963, reciclado especialmente para la ocasión) y asistir bien de cerca a una trama de espionaje y pasiones desencontradas.
La ficción indica que esa noche arribará al hotel el flamante canciller de Alemania, Adolf Hitler, quien se propone disfrutar de un show de cabaret, mientras el lugar está lleno de espías comunistas, militantes anti-nazis y hombres leales al régimen. Una vez iniciado el circuito es posible cambiar de rumbo e ir detrás de otro personaje si uno lo desea, pero se corre el riesgo de perder la hilación de lo que se está narrando.
Esta curiosa mezcla de teatro itinerante y museo interactivo, tiene un importante antecedente en «Tamara» (del canadiense John Krizanc), pieza que tuvo una gran repercusión en Buenos Aires a comienzos de los '90, y que, como ésta, también fue dirigida por Julio Baccaro. En aquel espectáculo, el público era testigo del turbulento encuentro entre el poeta Gabriele d'Annunzio y la famosa pintora Tamara de Lempicka, en tiempos de Mussolini.
Pero, «Hotel Berlín 1933» cuenta con un libreto endeble que sólo se ve compensado por una cuidadosa ambientación de época, que recuerda a aquellas glamorosas películas de Hollywood que, valiéndose de una historia amorosa o de una intriga de espionaje, servían también de propaganda anti-nazi.
La historia ideada por Pablo Sodor (autor de «Fiesta de casamiento») es muy despareja en la concepción de sus personajes, de allí que las opiniones sobre este espectáculo puedan resultar muy diversas.
Entre las figuras más atractivas se destaca la inescrupulosa pero simpática Zazá (Adriana Salonia) y su rival Olga (Ana Livingston) una actriz rusa radicada en Alemania. El resto del elenco incluye al atribulado gerente del hotel (Raúl Filippi), un periodista argentino (Carlos Issa), una afligida mucama (Pía Uribelarrea) y a un par de jóvenes amigos (Jordán Orlando y Darío Dukah) enfrentados por la coyuntura política. También aparecen varios personajes secundarios, entre los que se destacan Gretel, una simpática representante de artistas interpretadada por Regina Lam y el temible comandante Röhm (a cargo de Mariano Musó).
Por su dinámica y espíritu lúdico, la obra funciona mejor cuando bordea el tono humorístico, pero resulta muy poco convincente en las escenas de violencia y represión nazi. Sirva de ejemplo el allanamiento del cabaret, donde el público (que ya ha disfrutado de un show musical, varias copas de champagne y algunos bocaditos) debe soportar gratuitamente los gritos y bravuconadas de un jefe nazi.
En la noche de estreno, sus órdenes fueron respondidas con carcajadas, pero algún futuro espectador bien puede sentirse agredido ante la misma situación. Con temas como éste nadie sabe hacia donde puede disparar la imaginación del público.
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