28 de octubre 2005 - 00:00

Belleza y misterio en obras de Delia Cugat

El aire melancólico y distante de los personajes es un rasgo distintivo en las bellas obrasde Delia Cugat, y despiertan la curiosidad del espectador por las historias que ocultan.
El aire melancólico y distante de los personajes es un rasgo distintivo en las bellas obras de Delia Cugat, y despiertan la curiosidad del espectador por las historias que ocultan.
En Palatina (Arroyo 821) se exhiben quince óleos sobre tela de la última producción de Delia Cugat que no ha expuesto en el país durante los últimos diez años. Fue integrante del Grupo Grabas con Sergio Camporeale, Daniel Obelar, Daniel Zelaya y vivió en Brasil, Italia y alrededor de veinte años en París. Sus obras se encuentran en importantes museos, entre ellos, nuestro Nacional de Bellas Artes, José Luis Cuevas (México), Gabinete de Estampas de la Biblioteca Nacional (París), Colección Barbara Duncan y la Art Gallery Huntington, ambas en Austin, Texas.

Ni bien se entra en el ámbito de la galería quedan atrás las expresiones «conflictos en la institución arte», «era de la perplejidad», « borramiento de los límites», «el afuera y el adentro», «la intemperie», «el párergon: mitad obra, mitad fuera- de- obra, ni obra ni fueradeobra» según Derrida en La verdad en pintura (2001), «hibridación» entre otras, para lograr comprender el significado oculto de la estética supuestamente transgresora que tanto abunda.

La obra de Delia Cugat está afuera de las discusiones que se entablan en bienales u otros foros, por otro lado bienvenidas, ya que el arte no es nunca tranquilizante. Está dentro del marco de la buena pintura, de aquella que se goza mirándola. Porque hay zonas misteriosas, porque es atemporal aunque algunos personajes lleven ropas de los '50, porque hay citaciones sobre artistas que deben descubrirse.

Pintora en búsqueda de la perfección -enseñanza de sus maestros- enamorada del color, delicados azules ocres y rosados transparentes y turquesas, atmósfera y luz que corporizan la imagen. Una historia que queda en suspenso, situaciones en un escenario o detrás de él, personajes masculinos o femeninos vacilantes, escasa comunicación entre ellos, aire melancólico, distante, un rasgo distintivo de su pintura.

No hay zona de la tela que no esté minuciosamente trabajada, lo que, creemos, es un deleite para la artista y para el lector de sus obras.

Decimos lector porque son historias inacabadas que despiertan la imaginación, la curiosidad por el destino inmediato de esos seres. No se da con frecuencia este tipo de obra bella, una belleza de la que Cugat no abusa ni abjura. Clausura el 31 de octubre.

En 2002 señalábamos que Eduardo Giusano (Córdoba, 1931) se alejaba paulatinamente de lo anecdóticonarrativo. Con excepción de «La Visita» (2005), una mujer al volante en coche descapotado que parece «llevarse los vientos» y alguna que otra silueta en ciertos paisajes recientes, éstos se han abstractizado.

La conexión de este artista con el paisaje es permanente, sólo que siempre lo ha insinuado a través del color, muchasveces violento. Esta vez es un protagonista casi excluyente: los amarillos son más luminosos, los azules más cercanos a la nocturnidad, esa límpida nocturnidad cordobesa, traspasados por ramas en primer plano, es decir,
Giusano no abandona los elementos de la naturaleza pero los pone para demostrar que no puede olvidarlos. En «Paisaje Naranja» (2005) interrumpe la línea de horizonte para encerrar el color dominante. « Paisaje con luna azul», las pinceladas gruesas, oblicuas, las manchas, nos sitúan en ese complejo colorístico como en una vista aérea lo que también contribuye a dinamizarlo. No se puede dejar de señalar «Paisaje Horizontal», uno de los cuadros más intensos de la muestra.

Hace poco se anunció internacionalmente una suerte de «regreso a la pintura», nos alegramos que de la Argentina nunca se haya ido. Podemos estar orgullosos de lo que aquí se gesta y en el caso de
Giusano, un artista que elude la repetición y que nos regala actualmente una serenidad bienvenida. Clausura el 1 de noviembre. Fundación Mundo Nuevo (Callao 1870, P.B.)

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