Actuación de Gustavo Bergalli (trompeta). Con Marcelo Mayor (guitarra), Jorge «Negro» González (contrabajo), Norberto Macline (piano) y Pocho Lapouble (batería). Artista invitado: Diego Urcola (trompeta). (Notorious, todos los viernes).
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Hace años que Gustavo Bergalli vive en Suecia. Sin embargo, es habitual que visite Buenos Aires para tocar con otros buenos músicos argentinos. Más que en la originalidad de su discurso estético, en sus capacidades virtuosísticas o en un talento especial para la improvisación, la mayor virtud de Bergalli está en su sonido. De buena técnica, sobresale por la dulzura de su toque, por la redondez de las melodías, por la afinación impecable. Como siempre, prefiere moverse en el terreno de lo clásico, como lo demostró en estos shows cuyo repertorio se armó básicamente con temas de Duke Ellington, Herbie Hancock y Michel Legrand. Y también los arreglos -muchos de ellos, obra de Marcelo Mayor o Pocho Lapouble caminan por lo «standard». Pero, sumadas sus virtudes a las de sus compañeros, el resultado es siempre muy bueno. No sorprenden pero sí hacen un jazz de muy alto nivel. En ese sentido, Lapouble y el «Negro» González conforman una base sólida sobre la que todos se mueven con comodidad. Mayor sigue creciendo como guitarrista y sus solos se convierten en muchos de los mejores momentos del concierto. Norberto Macline improvisa con eficiencia sin desentonar con el resto. Baste como muestra, la excelente versión que entregan del tema de Hancock, «The Eye of the Hurricane». Como invitado especial en el primer concierto del mes (seguirán todos los viernes de enero), subió al escenario otro trompetista argentino instalado en el exterior y también de paso por la ciudad. Diego Urcola, que vive desde hace tiempo en Nueva York y comparte proyectos con Paquito D'Rivera -estará los próximos días en el festival de Lapatia-, demuestra con cada aparición su crecimiento constante, su cada vez más grande habilidad para la improvisación y su ascendente desarrollo técnico. Por cierto, su interpretación de «Caravan» de Ellington y Tizol, fue suficiente como para que todos, incluyendo a los músicos presentes, quedaran con la boca abierta de admiración. Informate más
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