“Blum”: el regreso deun clásico de Discépolo

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• MARIANO DOSSENA DIRIGIRÁ EN EL REGIO UNA NUEVA VERSIÓN DE LA FAMOSA COMEDIA DE LOS 50
Estrenada en 1949 por la compañía del propio autor, diferentes generaciones sucumbieron al encanto de esta pieza brillante. Silvia Legrand y Juan Verdaguer la recrearon en 1961, y a principios de la década siguiente la llevó al cine su director histórico, Julio Porter, con Nélida Lobato y Darío Vittori. El puestista actual reconoce su amor por estos clásicos, su forma de contar una historia y su humor.

"La dramaturgia contemporánea es más solemne que Discépolo y ellos no tenían talleres de escritura, tomaban de los clásicos, de Ibsen, de Shakespeare, de Lorca. Hoy faltan historias en el teatro", dice Mariano Dossena, quien adaptó y dirige "Blum" de Enrique Santos Discépolo y Julio Porter, cuyo estreno está previsto para el jueves 5 de julio en el Teatro Regio. El elenco está integrado por Humberto Tortonese, María Inés Sancerni y Magalí Sánchez Alleno, entre otros.

"Blum" fue estrenada en 1949 en el Teatro Presidente Alvear por la compañía de Enrique Santos Discépolo, y fue la última pieza que protagonizó y escribió junto a Porter. En 1961, en el Teatro Odeón, se presentó una exitosa versión protagonizada por Silvia Legrand y Juan Verdaguer, donde debutaron Zulma Faiad y Rosángela Balbo dirigidos por Porter. En 1970, el mismo Porter la llevó al cine, con Darío Vittori, Nélida Lobato, Enzo Viena y Maurice Jouvet.

"Blum", una comedia en dos actos con tintes propios del music hall de los 50, se ocupa de un multimillonario que ve alterada su exitosa vida de negocios, por un delirante reclamo de un trío de coristas (las Diamonds Sisters) de su programa de radio. A partir de allí, encuentra en Lucy, una de las coristas, un motivo para darle un nuevo sentido a su vida. Dialogamos con Dossena.

Periodista: ¿Hay registro de las puestas anteriores? ¿Se inspiró en aquellas?

Mariano Dossena:
Me gusta documentarme, Discépolo la escribió para interpretarla él mismo, es una obra especial. No hay mucho registro. El hijo de Porter, que vive en México, me mandó algunas fotos de la puesta de Discépolo y leí una biografía suya. Me gusta respetar el marco de época, que transcurre en los 50. Hay un comportamiento con el vestuario y la factura técnica y visual que me gusta rescatar. Es como viajar con la máquina del tiempo. Los clásicos, últimamente, no se hacen a la manera de clásicos sino que se traen al presente. Es bueno recuperarlos como fueron escritos, no escapar a eso, hay un valor en ese lenguaje que en general se cambia, acaso por miedo a que no suene verdadero. Porque si está mal hecho puede sonar inverosímil. Como espectador también me gusta que me lleven a otra época con todo lo que eso implica, y puede resultar complejo a nivel infraestructura, pero es ideal para hacerse en un teatro oficial. En el off sería más difícil por los costos.

P.: ¿Cómo encaró la puesta y dirección de actores?

M.D.:
Me gustó respetar lo que plantea Discépolo en el texto. Él trabaja con la historia del music hall. Dentro del espectáculo hay algunos inserts musicales de las Diamond, y hacen unos pequeños números como si estuvieran en el futuro triunfando, hay engarces musicales. También hay un número en vivo, a telón cerrado, ubicados adelante en el proscenio, con números musicales que traen el aire de la época. Hay un trabajo muy minucioso sobre la continuidad, el lenguaje, el habitar el texto, los comportamientos. Esta es una comedia con gran estructura, propia de los autores de esa época; ocurre en dos actos, es una obra de largo aliento, hay que transitarla. Blum es el que tiene el mayor tránsito pero todos los personajes son importantísimos y están muy bien escritos, tienen su color.

P.: ¿Cuál es la vigencia de esta historia?

M.D.:
La cuestión del sentido de la vida, el amor que no se puede comprar con dinero, las reflexiones de Discépolo son de una vigencia extraordinaria, hay una frase donde el personaje dice que tiene todos los teléfonos conectados con el hígado, y uno piensa qué visionario, con el celular pegado al hígado. Hay millones de reflexiones así y el humor es muy actual. Esto me maravilló, que tiene humor políticamente incorrecto, irreverente, irónico, como no he leído en el teatro argentino y contemporáneo. Es un iluminado. En los tangos de Discepolín y en este texto se ve la brillantez. El tango "Cambalache" podría ser Blum por lo vigente, el hombre tras el dinero, la alienación, los medios.

P.: ¿Cómo contrasta los textos clásicos en relación a la dramaturgia contemporánea?

M.D.:
Estoy enamorado de los clásicos, me cuesta encontrar un cuento de largo aliento en la dramaturgia de hoy. Los clásicos tienen un lenguaje interesante, te cuentan una historia, en esta obra hay humor, música, se baila, se canta, no está alejado de la propuesta de Discépolo, esto hoy no existe. Hay cierto regocijo en el cómo se hacen las cosas más que en el qué se cuenta. Me resulta muy difícil encontrar textos para dirigir, además los autores dirigen sus obras, es difícil la figura del autor de teatro.

P.: ¿Y no se le dio por escribir sus obras?

M.D.:
No escribo, no me gusta, no me ha llamado la atención y no tengo facilidad. Me formé como actor y director, he leído mucho teatro y creo que hay mucho ya escrito, prefiero tomar la voz de otros.

P.: ¿Cómo abordan los directores contemporáneos el teatro clásico?

M.D.:
A veces los directores sentimos que hacemos un favor al texto aggiornandolo, pero ellos nos trascienden a nosotros, vamos a morir y ellos seguirán, sólo hay que dejarlos hablar, hay que habitarlos. Celebro cuando una obra no tiene tanto invento, cuando se despliega la esencia, sin tanta ayuda que cree el director que le hace al texto. Shakespeare o Lorca bien dichos no necesitan ser aggiornados, son tan gigantes e inmensos cuando están bien hechos que no hay que hacerles ningún favor más que montarlos bien.

P.: ¿Cuál es el gran tema de esta obra y de Discépolo?

M.D.:
Sus tangos y obras hablan de la condición humana, nadie es muy bueno ni muy malo en esta obra, ningún personaje tiene un molde preestablecido, se van develando cuestiones de la condición humana. Blum empieza de una manera, como un multimillonario blindado y abocado a su tarea, es un excéntrico que termina como un hombre nuevo a partir de la irrupción del enamoramiento. Se le abren nuevas posibilidades, bailar, cantar, ser manager. Esto lo modifica, de eso también habla la obra, de cómo el arte puede transformar. Habla de la desesperanza, como sus tangos, hay comedia pero hay algo muy agrio. En sus textos se le va desmoronando la ilusión, aparecen dobleces del ser humano, pero de manera sutil, no es nada tanguera, podría ser Neil Simon, no parece argentino sino inglés o americano.

P.: ¿Cuál sería ese rasgo de argentinidad?

M.D.:
El teatro argentino tiene siempre algo más apagado, melancólico, los autores de esa época eran más estructurados, estereotipados, acá hay mucha ironía, y un humor que resulta vanguardista para la época.

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