La visita de
Roberto
Menescal a
Buenos Aires
forma parte de
las muchas
celebraciones
en el mundo
por los 50
años de la
bossanova.
En abril de 1958, Elizete Cardozo grabó el disco «Cançao do amor demais», que contenía canciones de Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim y la presencia de la «batida» de la guitarra de Joao Gilberto en un tema fundamental, «Chega de Saudade», que marcó el nacimiento de la bossanova.
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El Gobierno brasileño, al cumplirse 50 años de ese suceso, la declaró patrimonio cultural nacional y, para su celebración se realizan en todo el mundo distintos tipos de manifestaciones. El público argentino cuenta con el privilegio de poder asistir a la presentación de figuras representativas de ese movimiento como son Roberto Menescal, Wanda Sá y Os Cariocas. Tanto el compositor como el conjunto vocal fueron protagonistas de encuentros musicales trascendentes en su primera visita a nuestro país.
Menescal, junto a Ronaldo Boscoli, Luis Eça, Bebeto, Milito y Luis Vinhas, vinieron a la Argentina en 1961 acompañando a Maysa Matarazzo. Los jóvenes bossanovistas, en su primera salida internacional, habían recurrido a una cantora de prestigio internacional con la intención de difundir y consolidar su movimiento. El nuevo repertorio de temas bossanova produjo un impacto en el público argentino que los disfrutó tanto en la boite King como en televisión.
Los brasileños, por iniciativa de Sergio Mihanovich, tuvieron la oportunidad de conocer personalmente la renovación que Astor Piazzolla proponía en el tango, y entre ambos grupos se formó un vínculo de amistad y respeto profesional por la innovación de sus propuestas que se mantuvo y profundizó en el tiempo.
En 1962, Os Cariocas y Joao Gilberto, uno de los creadores de la bossanova, protagonizaron en el mítico local «Tucumán 676», junto con Astor Piazzolla, uno de los shows mas recordados de la noche porteña. Estos dos encuentros, producidos antes de la conquista del mercado norteamericano por la bossanova, además de estrechar el vínculo entre los músicos, lograron un cambio significativo en el conocimiento que los públicos de ambos países tenían de sus músicas populares.
Piazzolla, con su Nuevo Tango, tuvo con los músicos y el público brasileño un amor mutuo. La Bossanova y el Nuevo Tango representaron una renovación del samba y el tango, que son consideradas las músicas nacionales de Brasil y la Argentina. A ello se debe agregar que estos movimientos crearon un vínculo de conocimiento de las músicas populares en los públicos de ambos países, inexistente antes de su aparición. Para la mayoría de los argentinos la música brasileña se traducía en la imagen estereotipada, creada por el mercado norteamericano, de Carmen Miranda y el famoso carnaval carioca con las figuras de las mulatas.
Para los brasileños, la música-popular argentina era la figura de Gardel, los compadritos y las orquestas típicas con músicas dolientes y frustrantes. Esos conceptos cambiaron a partir de la Bossanova y el Nuevo Tango y se han mantenido hasta nuestros días, convirtiéndose en los mejores embajadores de la cultura de ambos países que siempre se han caracterizado por una difícil relación internacional.
Roberto Menescal vuelve acompañado de una de las mejores voces de Brasil, que en los inicios del movimiento fue de las «garotas» que quedaron atrapadas por la explosión de la Bossanova. Junto con ellos estará uno de los símbolos de mayor prestigio de la música popular brasileña, Os Cariocas, que comandados por Severino Filho, el único integrante del cuarteto original, siguen sonando tanto vocal como instrumentalmente con el «swing» que los hizo famosos en el mundo entero.
Los artistas vienen de la mano del mayor introductor de la Bossanova en nuestro país, Alfredo Radoszynski, que con su sello Trova posibilitó que los argentinos disfrutáramos de la Bossanova y también de Astor Piazzolla.
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