Centro Cymbalista de Tel Aviv, uno de los numerosos templos para distintos credos diseñados por Mario Botta, el arquitecto suizo y adalid de la paz, que inaugurará en septiembre la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires.
Uno de los músicos más reconocidos en el mundo, el argentino-israelí Daniel Barenboim ha dado recientemente nuevos testimonios de sus esfuerzos por la paz y la convivencia. Se presentó en el Teatro Colón con la orquesta West-Eastern Divan, compuesta por jóvenes israelíes, palestinos y de otros países árabes. La concibió con su amigo el fallecido intelectual palestino Edward Said, para poner en evidencia que hay una comunidad muy importante de jóvenes que quieren la paz.
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Pocos días después, el eximio director de la Sinfónica de París y de Chicago, entre otras, señaló que la Argentina es un ejemplo mundial de integración, y convocó a seguirlo a cristianos, musulmanes y judíos que asistieran a su concierto en el Centro Islámico de la Argentina. Allí estuvo acompañado por un quinteto de cuerdas integrado por jóvenes de distintas creencias.
Afortunadamente otros creadores también confían en el arte como un inagotable yacimiento de concordia. Siempre ha unido a los seres humanos desde que nuestros antecesores pintaron las cavernas de Altamira y Lascaux, veintidós mil años atrás, y ha sobrevivido a las guerras, los enfrentamientos y divisiones de los hombres. En uno de sus textos, otro adalid de la paz, el arquitecto suizo Mario Botta aludió a la función redentora de la arquitectura. «Construir bien -dice-es una manera de vencer las angustias y las contradicciones, y un modo de testimoniar la esperanza... «. El Arca de Noé, un parque urbano en el zoológico de Jerusalem (2001), que realizó con su gran amiga, la artista Niki de Saint Phalle (ex mujer de uno de los grandes escultores del siglo XX, Jean Tinguely), se ha convertido en un área despolitizada en la que el arte convoca metafóricamente a la paz en Medio Oriente. Botta, que inaugurará la próxima Bienal de Arquitectura de Buenos Aires el 21 de septiembre, ha diseñado numerosos templos para distintos credos y sostiene que la acción de la arquitectura también es sagrada. En 1986, un violento alud en la aldea de Mogno, en el valle de Magia al Oeste del cantón de Ticino, derribó, entre otros edificios, la Iglesia de San Giovanni Battista que databa del siglo XVII, y su alto campanario, erigido en el XVIII. Botta hizo su reconstrucción (1992-1996), y escribió, entre otras reflexiones: «La voluntad de resistir a la montaña de donde se había despeñado la avalancha; la necesidad de los habitantes de dar testimonio, más allá de la propia vida; y la decisión de simbolizar las esperanzas de la época, me llevaron a este diseño».
Proyectó también la Iglesia Beato Odorico da Pordenone, (Italia, 1992); la Catedral de la Resurrección, Evry, (Francia,1995); la Capilla de Santa María de los Angeles, en Monte Tamaro, Ticino (Suiza, 1996); y el Centro pastoral Juan XXIII, de Bérgamo, (Italia, 2004), entre otras obras. Paulette y Norbert Cymbalista le encomendaron un lugar para rezar y debatir, un templo y un auditorio, un cruce entre lo religioso y lo secular. Sobre este centro de la tradición hebraica en Tel Aviv (1998), Roman Hellenstein señaló: «Distinta de la sinagoga de Wright que se distingue poco de una iglesia protestante, Botta ha inventado una nueva tipología: una sinagoga doble, compuesta de dos espacios casi idénticos». Se trata de una arquitectura solitaria con caracteres de fortaleza revestida en piedra que adquiere un fuerte aspecto totémico. Botta creció en Mendrisio -donde nació- y Genestrerio, al Sur del Ticino, un medio urbano de escala reducida, mediatizado por la Naturaleza gigantesca. Se interesó por recuperar la idea del habitar como un modo de ligarse a la tierra y a la comunidad, insertándose en un entorno de creencias, leyendas y tradiciones. Un imaginario y una memoria que subsisten transfigurados en sus diseños. También las viviendas son objetos físicos animados de espiritualidad. «Cuando digo que la arquitectura es un hecho ético antes que estético es porque tomo a la imagen final, a la expresión formal, como la síntesis última de una tensión moral», sostiene el arquitecto ticinés. Sus obras, conjuntos habitacionales o edificios públicos, adquieren una presencia categórica, al mismo tiempo que seductora, dinámica y refinada. La armónica distribución de los espacios, siempre imaginativa, y la impetuosa envoltura que los contiene, caracterizan a todos sus proyectos. Botta desarrolla cuerpos geométricos: el cubo (viviendas de Pregassona, 1979-80; Morbio Superior, 1982-83; y Breganzona, 1984-88); el prisma rectangular (Viganello, 1980-81; y Cavigliano, 1986-89); la planta triangular (Manno, 1975-87/1990; Morbio Inferior, 1986-88) o pentagonal (Daro, 1989-93); el cilindro (Stabio, 1980-82; Losone, 1987-89; y además en los edificios de oficinas y departamentos de Via Ciani, 1986-90, y de Paradiso, en Lugano, 1986-91); así como una alianza de cubos y cilindros, en la vivienda de Origlio (1981-82). Estos volúmenes entablan relaciones con las geometrías de sus claraboyas triangulares o curvadas, de sus vanos circulares y cuadrados, y aun con sus muros, a veces ondulantes, otras entrecortados.
Botta nació en 1943, tiene su estudio en Lugano y se diplomó en el Instituto de Arquitectura de Venecia, ciudad donde trabajó con los maestros del siglo XX Le Corbusier y Louis Kahn.
También dialogando con Manfredo Tafuri, teórico y profesor en esa institución. Las formas rotundas de su lenguaje han recodificado las enseñanzas del Modernismo, adecuándolas a las necesidades locales con una perspectiva autónoma y creadora. Vino a Buenos Aires por primera vez en 1980, para exponer sus obras en el Centro de Arte y Comunicación. Luego como participante en las Bienales de Arquitectura en 1993 y 1995 en el Museo Nacional de Bellas Artes. Buenos Aires, además, es la única ciudad latinoamericana que construyó un proyecto de Botta: la Banca Nazionale del Lavoro en Florida 32. Su arquitectura responde al medio ambiente pero sobre todo pensando en la comunidad humana. Alude a las tradiciones del lugar así como a los hábitos y memorias de sus gentes, y evoca (utilizando) materiales y formas, con un lenguaje contemporáneo tan eficaz como inventivo, que amalgama una certera capacidad técnica y una gran sensibilidad artística.
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