31 de enero 2002 - 00:00

Boy George resucita los "gloriosos" '80

Boy George
Boy George
(31/01/02) Londres - Gran Bretaña, años '80: Margaret Thatcher gobernaba el país con mano de hierro, los disturbios raciales se sucedían por todo el territorio, la tasa de desempleo alcanzaba cifras hasta entonces desconocidas y la más salvaje recesión de la historia hundía sus colmillos en el Reino Unido. Mientras tanto, un puñado de jóvenes bailaba sin cesar, se drogaba, reivindicaba el lamé y la hombrera, abrazaba el credo de la decadencia y la artificiosidad, elevaba a la categoría de templos de la moda varias discotecas del Soho londinense y daba origen a una nueva corriente cultural. Hablamos de los nuevos románticos.

A muchos de los más insignes representantes de ese movimiento se los llevó el sida, algunos se perdieron para siempre en el laberinto de las drogas, otros cayeron en el olvido.

Sin embargo, la gloriosa década de los '80 resurge ahora de sus cenizas y vuelve a la carga. Y lo hace de la mano de uno de sus hijos predilectos, el mismísimo Boy George con un musical que recrea el ambiente de la más famosa discoteca londinense de la época: Taboo.

Quién mejor que el que fuera líder de Culture Club para trasladar a un escenario la disparatada y vibrante atmósfera que cada noche se respiraba en Taboo. No en vano, él fue uno de los más asiduos clientes de esta ya legendaria discoteca. Suya es la música de esta nueva producción que acaba de estrenarse en el West End londinense, y que incluye algunos de sus temas más conocidos -»Do you really want to hurt me?» o Karma Chameleon», por ejemplo-junto a 16 canciones absolutamente nuevas. Y aunque el que interpreta al personaje de Boy George es un actor llamado Ewan Morton, su parecido con la estrella es tan increíble que en ocasiones cuesta creer que no sea él en realidad.

«¿Te dejarías a ti mismo entrar?»
, era el lema por el que se regía el durísimo y muy borde portero de Taboo, famoso por haberle dado con la puerta en las narices nada menos que a Mick Jagger. De hecho, sólo los más modernos, los más extravagantes, los más originales y los más divinos tenían garantizado el acceso a la discoteca. El club se convirtió así en una auténtica pasarela underground, en la versión más loca de la feria de las vanidades.

Pero «Taboo» no sólo recrea la fauna de extraños personajes que ese club tenía por distinguida clientela, sino que también da buena cuenta del fulgurante ascenso al estrellato del líder de Culture Club (nada menos que 33 millones de discos lleva vendidos en todo el mundo desde principios de los años 80) y de su posterior caída en las garras de la heroína.

Vaticinio

El musical incluso recoge aquella famosa tapa de un diario sensacionalista que en 1986 dio por inminente la muerte de la estrella: «Al yonqui de Boy George le quedan ocho semanas de vida». Afortunadamente, el vaticinio no se cumplió. Y a sus 40 años Boy George no sólo puede presumir de haber logrado ganarle el pulso a las drogas, sino también de haber conseguido reinventarse a sí mismo una vez más. Esta vez, como compositor de un musical del West End.

Sin embargo, el que fuera líder de Culture Club es el primero en reconocer que es casi un milagro que haya logrado sobrevivir a Taboo y a los excesos de los años
80.
«Nos comportábamos de forma muy autodestructiva», recordaba hace unos días el astro de los '80 a la prensa británica.

«Todo era extremo, todo consistía en superarnos los unos a los otros. Probamos todas las drogas que había, vestimos las prendas más estúpidas que se pueda imaginar».

Aunque
«Taboo» cuenta la típica historia de amor entre el inocente chico de provincias que llega a Londres y se enamora de una noctámbula empedernida, algunos se quejan de que «Taboo» es una hagiografía descarada de Boy George. Pero el interesado lo niega. «Es una especie de postal de aquel período», afirma Boy George al referirse a la obra. «Y no es mi biografía. No me interesaba hacer un viaje nostálgico al pasado», aclara.

«Aunque 'Taboo' transportará al público al corazón mismo de aquella era salvaje e inspirada de la que salieron algunos artistas únicos».

No hay que dejarse confundir por los adjetivos, sin embargo.
«Taboo» es un revival apto para todos los públicos. «Queremos que vengan a verlo madres y padres, novios y novias, heteros y homosexuales. Todo el mundo desea que su trabajo llegue a la mayor cantidad posible de personas.Y, en ese sentido, Boy George no es ningún tonto», proclama Adam Kenwright, productor de la obra.

En ocasión del preestreno de
«Taboo», el 11 de enero, se pudo comprobar que la obra fascinaba a mujeres de toda edad y aunque no disgustó a los hombres, se escucharon comentarios críticos como el de un treintañero que apuntó: «Yo sólo echo de menos que apenas haya canciones de los 80. Es imposible recrear el espíritu de Taboo dejando de lado la música de aquella época.Y que conste que las canciones nuevas compuestas por Boy George para este musical me gustan mucho».

Hay quien piensa que todavía es demasiado pronto para elevar los años 80 a la categoría de mito. Algunos consideran que es absolutamente bochornoso que
Boy George se dedique a rentabilizar económicamente sus días de gloria de hace dos décadas. Pero de lo que casi nadie duda es de que «Taboo» será un éxito.

Muy en el espíritu de los nuevos románticos,
«Taboo» ha salido contestataria, dejando muy claro nada más nacer que le gusta llevar la contraria y nadar a contracorriente. Porque mientras varias obras del West End londinense se ven obligadas a bajar el telón ante la falta de espectadores, «Taboo» afronta con la cabeza muy alta el desafío de estrenar en tiempos de crisis. Hace sólo unos días, la producción de «Cats» anunciaba que el 11 de mayo celebrará su última representación, tras 21 años ininterrumpidos en el teatro New London de la capital británica. Ni siquiera este musical de fama y renombre mundial ha sido capaz de hacer frente al fuerte descenso de turistas registrado en la capital británica a raíz primero del brote de fiebre aftosa desatado en el Reino Unido y de los atentados del 11 de Septiembre, después.

La falta de espectadores es como una espada de Damocles que se cierne sobre varios teatros del West End londinense. No en vano, hace unas semanas bajaba definitivamente el telón
«Starling Express», una producción firmada por Lloyd Weber que llevaba 18 años en escena.

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