20 de febrero 2003 - 00:00

Brian Ferry: excelente recital para muy pocos

Brian Ferry: excelente recital para muy pocos
Presentación de «Frantic». Brian Ferry (voz, armónica, piano). ConC.Good (piano),P.Thompson (batería), M. Smith (bajo), L. Wilkins (teclados, violín), Ch. Speeding, M. Green (guitarras), J. Thorton (percusión, arpa), I. Dixon (saxo), K. Turner (coros, baile), M. John (coros) y S. White (coros). (Teatro Gran Rex, 18 de febrero).

Probablemente el negocio cerró de cualquier modo porque la misma productora fue la que organizó los conciertos en Brasil y en Chile, en ambos casos con muy buena repercusión. Pero pensando en el artista y en la gente que seguramente se quedó con las ganas de ver y escuchar el concierto de Brian Ferry, hubiera sido más lógico poner los precios de las entradas considerando la realidad argentina. Sin duda, 120 pesos para las mejores plateas y 40 para las entradas más baratas no están al alcance de cualquiera, y lo prueba una venta que apenas alcanzó los 1.000 tickets en un teatro con más de 3.000 localidades (algo que se disimuló con los invitados que dieron un aspecto aceptable a la platea del Gran Rex).

Más allá de eso, fue absolutamente impecable el show que brindó el músico inglés, siempre recordado por haber sido el fundador de The Roxy Music. El objetivo aparente de esta segunda visita a Buenos Aires era presentar su último álbum, «Frantic». Sin embargo, hubo pocos títulos de ese trabajo: «Don't think twice», «Cruel», «Ja Nun Hons Pris», «A fool for love». El resto fue un repaso de composiciones anteriores y, en buena parte, correspondientes a la época de The Roxy Music, como «Smoke gets in your eyes», «Tokio Joe», «My only love», «Slave to love», «Love is the drug», «Do the strand, «Let's stick together» o su versión de «Jealous Guy» de The Beatles.

Siempre con una puesta en escena de primer nivel, Ferry dividió su show en dos partes bien marcadas. En la primera, más breve, cantó con un sonido semiacústico, acompañado por pocos instrumentos (en interesantes mezclas tímbricas de guitarra y arpa, piano y armónica o violín y piano). Luego, tras un intermedio instrumental de piano y saxo para «My one and only love», llegó el momento más rockero que se extendería hasta el final del concierto. Ahí, Ferry dio rienda suelta a su conocido estilo, a su voz prolija, a su potencia medida, bien respaldado por una banda muy numerosa, con muchas voces en el coro y con dos de las coristas cambiando a ratos de papel para transformarse en bailarinas de music hall ya cerca del final.

R.S.

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