26 de marzo 2002 - 00:00

Bruzzone, único argentino en la Bienal de San Pablo

La obra de Bruzzone
La obra de Bruzzone
E l sábado pasado se inauguró la Bienal de Arte de San Pablo, cuyo presidente -el arquitecto Carlos Bratke, que fue a su vez, Premio Vitruvio, en la VII Bienal de Arquitectura de Buenos Aires- ya ha realizado dos bienales, una de arte y otra de arquitectura.

En esta XXV edición, el curador general es el crítico alemán Alfons Hug, ex director del Instituto Goethe en Brasil, Rusia y Venezuela. Es la primera vez que se ha elegido un especialista extranjero para dirigir la Bienal, siguiendo los lineamientos de las de Venecia, cuyos curadores en las últimas ediciones no han sido críticos italianos. O como también en la próxima Documenta de Kassel, cuyo curador general será el africano Okwui Enwezor.

Para la muestra «Iconografías metropolitanas», que organizó personalmente, Hug eligió doce ciudades, entre las que lamentablemente no figura Buenos Aires. Pero, en las muestras nacionales -independiente de la propuesta del curador Hug-, la Argentina estará muy bien representada por el joven fotógrafo Dino Bruzzone (1965). En esta oportunidad, el reglamento establecía que cada país estaría presente con un solo artista.

En sus maquetas de lugares desaparecidos, los climas fantasmales que crea Bruzzone ponen en evidencia sus estudios de arquitectura y escenografía, previos a su estadía en París, con la beca del Premio Braque. En «Italpark», realizó un verdadero relevamiento arquitectónico del parque de diversiones que funcionó en el centro de Buenos Aires, durante tres décadas (1960-1990).

Bruzzone
va y viene: sus fotografías duplican por segunda vez la realidad. Luego de documentarse y seleccionar imágenes de archivos de los juegos en el parque Zanon, determina qué elementos descartará y cuáles no (reflejos, sombras, personas, colores, árboles), con los que construye un modelo en escala. Por último, realiza la fotografía final, cuando hace la toma de las maquetas en su estudio.

Algunas fotos son frontales, como desde el punto de vista de quien está decidiendo un juego; otras, como si la persona estuviese esperando que se reactive para ingresar a él. Pero «Italpark» es sólo un medio. Bruzzone exhibe sus mecanismos de producción, no en función de la representación de un espacio real sino interpretando las sensaciones que ese espacio genera. Por eso incluye diez maquetas junto a las fotos.

En el equilibrio de lo artificial, el límite entre lo real y lo virtual representa lo que se propone exteriorizar: una sensación, la inquietud que genera un espacio lúdico desaparecido. En «Italpark» una serie de contrastes entre la estética de la imagen y el contenido, refuerzan el clima de tragedia para este espacio cerrado, luego de varios accidentes reales: el último, mortal.

Cuando participó en la XLVIII Bienal Internacional de Arte de Venecia,
Bruzzone también expuso fotografías. En sus obras anteriores, discurría acerca de la incidencia de los medios electrónicos, la publicidad y el consumo en las sociedades de nuestro tiempo. En todos los casos, el joven artista proponía símbolos, frases y objetos al modificar su empleo, en las huellas de la célebre sentencia del filósofo Ludwig Wittgenstein según la cual el significado del lenguaje reside en su uso.

Más tarde, exploró el mundo urbano (es arquitecto). El desarticular y reordenar los procedimientos mediáticos y las estrategias de la publicidad y el consumo lo llevaron a señalar el cautiverio de lo humano en las redes del artificio. Y sus fotografías de demoliciones aludían a un cautiverio distinto: el de las ciudades interrumpidas, vaciadas, mutiladas por el hombre mismo.

Fotografió lugares urbanos y reconstruyó escenarios con maquetas minuciosas. Las maquetas no respondían a la realidad porque se trataba de imágenes alteradas. Como todas las maquetas, las de
Bruzzone se constituyeron como anticipaciones: pero anticipaciones sui generis, ya que fueron informes sobre la actualidad, registros y fotografías que se convirtieron en adelantos prospectivos. He ahí su esencia: la de predecir el futuro desde el presente y el pasado. Las tres dimensiones del tiempo se reúnen en su espacio, creado para abundar acerca de lo perecedero como clave lo que vendrá.

Las obras de
Bruzzone materializan una interpretación punzante y encarnizada, irónica y sin concesiones de la sociedad actual. La publicidad, el consumo, la información han sido también sus temas. Redujo la comunicación humana a una mera conexión artificial en su instalación «Estoy tratando de conectarme con algo». Los cables invadían los muros, el piso y, en medio de un caos interminable, llegaban al techo. En las paredes, carteles luminosos se encendían y apagaban, con inscripciones opuestas, entre ellas: «Pienso / No pienso». Esta instalación aludía al poder de la información y a la información del poder que abruman al ser humano y terminan por aislarlo del mundo y de sí mismo para convertirlo en un robot solitario y ajeno.

Dejá tu comentario

Te puede interesar