26 de marzo 2002 - 00:00
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La obra de Bruzzone
Bruzzone va y viene: sus fotografías duplican por segunda vez la realidad. Luego de documentarse y seleccionar imágenes de archivos de los juegos en el parque Zanon, determina qué elementos descartará y cuáles no (reflejos, sombras, personas, colores, árboles), con los que construye un modelo en escala. Por último, realiza la fotografía final, cuando hace la toma de las maquetas en su estudio.
Cuando participó en la XLVIII Bienal Internacional de Arte de Venecia, Bruzzone también expuso fotografías. En sus obras anteriores, discurría acerca de la incidencia de los medios electrónicos, la publicidad y el consumo en las sociedades de nuestro tiempo. En todos los casos, el joven artista proponía símbolos, frases y objetos al modificar su empleo, en las huellas de la célebre sentencia del filósofo Ludwig Wittgenstein según la cual el significado del lenguaje reside en su uso.
Más tarde, exploró el mundo urbano (es arquitecto). El desarticular y reordenar los procedimientos mediáticos y las estrategias de la publicidad y el consumo lo llevaron a señalar el cautiverio de lo humano en las redes del artificio. Y sus fotografías de demoliciones aludían a un cautiverio distinto: el de las ciudades interrumpidas, vaciadas, mutiladas por el hombre mismo.
Fotografió lugares urbanos y reconstruyó escenarios con maquetas minuciosas. Las maquetas no respondían a la realidad porque se trataba de imágenes alteradas. Como todas las maquetas, las de Bruzzone se constituyeron como anticipaciones: pero anticipaciones sui generis, ya que fueron informes sobre la actualidad, registros y fotografías que se convirtieron en adelantos prospectivos. He ahí su esencia: la de predecir el futuro desde el presente y el pasado. Las tres dimensiones del tiempo se reúnen en su espacio, creado para abundar acerca de lo perecedero como clave lo que vendrá.
Las obras de Bruzzone materializan una interpretación punzante y encarnizada, irónica y sin concesiones de la sociedad actual. La publicidad, el consumo, la información han sido también sus temas. Redujo la comunicación humana a una mera conexión artificial en su instalación «Estoy tratando de conectarme con algo». Los cables invadían los muros, el piso y, en medio de un caos interminable, llegaban al techo. En las paredes, carteles luminosos se encendían y apagaban, con inscripciones opuestas, entre ellas: «Pienso / No pienso». Esta instalación aludía al poder de la información y a la información del poder que abruman al ser humano y terminan por aislarlo del mundo y de sí mismo para convertirlo en un robot solitario y ajeno.




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