«La Sonnambula». Opera en dos actos. Libreto: F. Romani. Mús.: V. Bellini. (Versión de concierto). Coro del Centro Cultural Italiano de Olivos. Orquesta Municipal de Avellaneda. Dir. Mús.: R. Luvini. Int.: L. Rizzo, E. Ayas, A. Cazes, N. Tupin, L. Cá-ceres y M. Tomas. (Teatro Roma de Avellaneda.)
Sumándose a las c elebraciones internacionales por el bicentenario del nacimiento de Vincenzo Bellini (1801-1835), el Teatro Roma de Avellaneda rindió tributo al compositor con un concierto en el que se ofreció una de las diez óperas legadas por el músico italiano, «La Sonnambula», estrenada en el Teatro Carcano, de Milán, en 1831.
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El concierto constituyó un hecho artístico digno de ser elogiado, ya que para esta realización se convocó a un conjunto de notables cantantes argentinos y a un uruguayo de gran mérito -Ariel Cazes-junto al Coro del Centro Cultural Italiano de Olivos y la Orquesta de Avellaneda con la concertación de Roberto Luvini, director que concretó un sólido trabajo en la plasmación del universo melódico y poético del autor de «Norma». Tal como se expresa en el programa de mano, «La versión de concierto nos ayudará a concentrarnos exclusivamente en la música y, sobre todo, en el predominio del canto, tantas veces con escaso acompañamiento y sostén orquestal...» la ausencia de acción escénica hizo que el oyente se sumergiera en el grácil romanticismo de Bellini a través de la narración de una historia de atmósfera naif que transcurre entre campesinos suizos y registra la difícil relación entre éstos y las clases dominantes.
La sencillez melódica pero plena de belleza de «La Sonnambula» y la expansión de la voz humana que ella trae tuvo en Laura Rizzo a una intérprete magnífica que aunó sensibilidad y técnica vocal al servicio de «Amina». También Natasha Tupin cumplió con una sobresaliente labor en «Teresa», con una potencia vocal impresionante que supo manejar con precisa musicalidad. Las mismas virtudes mostró el bajo Ariel Cazes como «Conde Rodolfo» y un trabajo refinado y sutil el tenor Eduardo Ayas en el dificultoso rol de «Elvino». Meritorios Laura Cáceres y Mirko Tomas, aunque fue Roberto Luvini el verdadero artífice de una totalidad musical equilibrada en planos sonoros y en la mediación de la palabra cantada.
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