10 de febrero 2005 - 00:00

"Buenos Aires 100 kilometros"

«Buenos Aires 100 kilómetros» (Argentina, España, Francia, 2004, habl. en esp.); Dir.: P. J. Meza; Int.: I. Pérez, E. Fernández, A. Ardel, H. Wainstein, J. Bazzini, S. Ballesteros, R. Serrano, D. Valenzuela, A. Aisenberg, A. Pozzobon, N. Frenkel, S. Bayle, F. Camiletti.

Se cuenta aquí un asunto muy sencillo y complejo a la vez: el último verano de la infancia de un grupo de chicos amigos, en un pueblo donde nunca pasa nada extraordinario, pero donde a ellos les pasa de todo. Vale decir, los primeros acercamientos con las pibas del barrio, el baile en el patio de una casa, la vergüenza que da el comportamiento de algún padre, o la fama de una madre demasiado atractiva, las burlas de los muchachos más grandes, el campeonato, el momento en que uno descubre que es adoptado y todos lo sabían, los límites que aún la amistad más grande puede tener, el primer trabajo, el primer beso, los primeros adioses.

Los pibes son chicos, y la película también es chica, lo que resulta un acierto. Para su debut como director de cine, Pablo José Meza eligió hacer algo sencillito, de narrativa clásica, de tono apacible como el lugar donde se ambienta el relato, sin grandes momentos dramáticos ni pretensiones alegóricas. Apenas el retrato de unos muchachitos que hablan como cualquiera, y que no van más allá de lo que cualquiera puede pasar, o pasó normalmente en similares circunstancias.

También los sub-16 del elenco son debutantes, sólo amparados en su naturalidad, y en su cercanía con los hechos que aquí se representan y «que son de público conocimiento», como cada espectador irá recordando de sí mismo, a medida que transcurre la historia. Un poquito alargada, puede ser, pero con lindos apuntes, y con un partidito de fútbol con unos goles que dan gusto, y que ojalá a uno le hubieran filmado algo parecido cuando todavía le daba a la pelota en el baldío.

El film remata con un lindo desgajamiento, entre dolido y melancólico. Se filmó en San Andrés de Giles. Detalle curioso, o continuidad histórica, la anterior película ambientada en ese mismo pueblo también tenía un golazo memorable. Era «El cañonero de Giles», con Luis Sandrini, 1938. Otro detalle curioso: desde los poemas de Torres Ríos de los '50, que nuestro cine no tocaba con similar ternura esa etapa de la vida.

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