4 de abril 2001 - 00:00
"Busqué no despreciar al espectador de TV"
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Bernard Pivot.
Periodista: En general, los programas sobre libros nunca acaban de funcionar. ¿Cuál es el secreto de su éxito?
Bernard Pivot: No tengo secreto. El secreto está en que la dirección de un canal de televisión quiera de verdad apostar por un programa sobre libros. En todo caso, la clave de mi longevidad es que me tomo la literatura en serio, que es la única manera de no despreciar a los espectadores. Para hacer un programa sobre libros hay que leer, y muchos presentadores no hacen el esfuerzo. Si uno ama la lectura, hay que saber transmitir el placer, el saber que nos aporta.
B.P.: Cuando se inventó la televisión dijeron que el libro había muerto. Desde hace cien años cada vez que surge un nuevo invento dicen que el libro ha muerto, pero no es cierto. Es verdad que la televisión quita tiempo a la lectura, pero también puede reenviarnos a ella al hacerse eco de la salida de un libro. Cuando alguien quiere contar algo, o protestar contra algo, escribe un libro. Y la televisión y la prensa hablan de ese libro. Los libros siguen siendo un vehículo indispensable de transmisión de ideas y sentimientos. Es cierto que la civilización de la imagen va en detrimento del libro, pero una televisión pública debería tener la obligación de sostener la lectura y la cultura.
B.P.: Quizá la que le hice a George Dumezil, un especialista en lenguas indoeuropeas. Yo estaba muy asustado, pensaba que los espectadores no entenderían las explicaciones de un lingüista que escribía libros especializados. Pero Dumezil habló con absoluta claridad de su dedicación a las lenguas que se extinguen. Descubrí a un gran humanista, un ecologista a su manera, que se preocupaba por las lenguas en peligro de desaparición.
B.P.: Solzenitsin. Le he hecho cuatro entrevistas. Es un monumento del siglo XX que ha sobrevivido a los tres grandes males del siglo: la guerra, el «gulag» y el cáncer.
P.: ¿Y entre los autores de habla hispana?
B.P.: Mario Vargas Llosa. Me entusiasman sus novelas y además tiene una dimensión política. Es un intelectual comprometido con su época, y la figura del intelectual comprometido es algo que a los franceses nos encanta.
P.: Una de sus entrevistas míticas es la que realizó a Vladimir Nabokov.
B.P.: Estoy muy orgulloso de ella, porque es un documento fundamental, es la única entrevista televisiva con él que existe. Exigió que le enviara las preguntas por escrito previamente y durante la grabación fue leyendo las respuestas que trajo ya preparadas.
P.: Otra de sus entrevistas que se han fijado en la memoria y no termina de ser comentada es la que le hizo a Charles Bukowski.
B.P.: Sí. Se emborrachó con dos botellas de vino blanco, se orinó encima, empezó a meter mano a las mujeres y se marchó a mitad de la emisión, ante la indignación del resto de los invitados.
P.: ¿De qué autores se siente especialmente satisfecho por haberlos descubierto a los espectadores?
B.P.: Por citarle dos, Patrick Modiano, al que descubrí hace 25 años, y Dai Sijie, el autor de «Balzac y la joven costurera china», al que descubrí el año pasado. Mi recomendación televisiva ayudó a convertir el libro en un bestseller en Francia.
P.: ¿Por qué ha decidido jubilarse?
B.P.: Tengo 65 años. Llevo 28 en la televisión. He tenido una vida formidable y quiero terminar bien y dejar paso a la nueva generación.



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