14 de diciembre 2005 - 00:00
"Busqué salir del rótulo de cuentista del fútbol"
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Para Eduardo Sacheri el fútbol fue «la gran excusa para
contar historias que, vivencial o metafóricamente, llegaran
a más de una generación de argentinos».
Periodista: Su caso es sorprendente. Un profesor univesitario de Historia que se dedica a escribir historias de fútbol, que publica libros de cuentos, un género que se vende poco, y logra interesar a muchos lectores. ¿Se debe a que habla del fútbol?
Eduardo Sacheri: El primer sorprendido soy yo de ser un autor no conocido que logra vender sus libros de cuentos. El fútbol fue determinate. Por lo menos en mi primer libro, «Esperando a Tito». Y también que Alejandro Apo, a quien no conocía y a quien le dejé los primeros manuscritos en la portería de la radio, les diera un difusión muy amplia. Luego de tres años, cuando llevé los cuentos a una editorial me dijeron: ah, vos sos el de la radio. Ya tenía un camino hecho. Me fue dada una posibildad con la que acaso no cuentan autores de mucho mayor mérito.
P.: Sus libros fueron dejando de estar dedicados al fútbol y siguieron intersando.
E.S.: Acaso se deba a la difusión radial, no pasa un mes que no se lea uno de mis relataos. Tal vez, el primer libro de cuentos futboleros hizo que algunos lectores hayan querido saber que otras cosas escribo.
P.: ¿Cómo surgen sus historias?
E.S.: El horizonte en que se me ocurrían, en que se movían mis personajes, era el de gente medianamente joven, de clase media, de vida suburbana. En ese contexto el fútbol es una experiencia muy fundante. En la historias aparece como práctica, no como espectáculo mediático, como el lazo que une a una generación.Yo no hago grandes referencias a jugadas, no es el relato radial de un partido transcripto a un página porque sería de un aburrimiento atroz. En todo caso, con el telón de fondo de un partido o de un grupo de tipos que juegan juntos o que son rivales, pongo en juego un valores, por decirlo de modo simple.
P.: ¿Me da un ejemplo?
E.S.: En «Esperándolo a Tito» un grupo de treintañeros amateurs se juntan todos los años a jugar un desafio. Uno de ellos es un jugador consagrado que, desde que se fue a jugar a Europa, lo ha dejado en tal pobreza que pierden todos los partidos. Antes que el equipo rival les iguale la estadística de partidos ganados, deciden llamar a Tito para que largue todo y venga a jugar el desafio antes que sufran la peor afrenta, que les ganen y queden empatados. Todo el tiempo están esperando que llegue.Al final sólo se relata una jugada, que se la dejo al lector. Algunos dirán que busqué hablar de la lealtad, como se compadece el éxito personal con la solidaridad, otros que quise hacerle un chiste en versión porteña y grupal a la obra más famosa de Beckett.
P.: ¿Le gusta que lo consideren el cuentista del fútbol?
E.S.: Cuando aparecíó mi tercer libro, «Lo raro empezó después», sentí la ligera incomodidad de comenzar a ser rotulado como un autor de cuentos de fútbol. Ya se sabe, las etiquetas acá no se sacan facil. No me molesta que diga: ah, es el que escribe también cuentos de fútbol; pero sí ser identificado como que lo único que se hacer es eso. Fue en ese momento que empecé a escribir de «La pregunta de sus ojos», como una forma de apartarme del rótulo en dos direcciones, en la forma porque es una novela, y en el género porque es un policial de fondo judicial.
P.: ¿Cuáles considera sus influencias literarias?
E.S.: Yo no leía cuentos de fútbol, y menos cuando comencé a escribirlos. Están los de Soriano y los de Fontanarrosa, pero si hay un escritor que me marcó con sus cuentos es Cortázar con su capacidad para en pocas páginas hacer ingresar en un mundo absolutamente fantástico y horrorosamente cotidiano. Otro es García Márquez por su lenguaje rítmico y envolvente. Otro, Vargas Llosa. Hitos deslumbrantes, y obvios, en la formación de un lector.
P.: ¿Cómo surge su novela policial?
E.S.: Como todas mis historias, con una cierta relación con mi vida y mis experiencias. Cuando salí del secundario,trabaje durante cinco años en un juzgado penal de la Capital.Y «La pregunta de sus ojos» se puede ver como una novela judicial y, tambien, como un policial con elementos de la novela negra.
P.: ¿Cuál es el tema?
E.S.: Al jubilarse el Oficial de un juzgado, aún enamorado de la jueza con la que trabajó, decide dejar testimonio de un caso del que fue testigo. Cuenta de un anodino empleado bancario al que lo único que le dio la vida fue conquistar a una mujer deslumbrante y que se casara con él. Al poco tiempo, ella aparece violada y estrangulada en su casa. A mitad de la novela se halla al asesino y violador. La historia parece cerrada con la prisión del criminal que es para la justicia la aplicación de la ley y para el viudo una forma de venganza.
P.: ¿Revela el enigma en la mitad del libro?
E.S.: Es que ahí se produce un giro que va a resignificar todo, que va a generar una nueva intriga, que permite pensar sobre los modos del castigo y de la venganza. Ambienté la trama entre 1968 y 1978, en la década que va de Onganía a Videla. Si bien no es una novela política ni pretende serlo, porque no me gustan, me pareció que ese escenario turbulento podía afectar a los personajes como de algún modo nos afectó a todos.
P.: ¿Le han pedido sus cuentos para llevarlos al cine?
E.S.: El director Fernando Bassi me encargó un guión a partir de tres de mis cuentos de fútbol, para la productora Cuatro Cabezas. El nombre povisorio es «El golpe del Hormiga». Me costó bastante confiar en la imagen para contar una historia. Con Juan José Campanella hablamos de guionar juntos su proximo largometraje, posiblemente inspirado en uno de mis cuentos.
Entrevista de Máximo Soto



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