"Cada vez menos películas latinas triunfan en EE.UU."

Espectáculos

Edward James Olmos no sólo es el actor hispano más importante en los Estados Unidos, sino también un tenaz luchador por la integración de la comunidad hispana en la sociedad norteamericana. Su carrera reconoce títulos tan importantes como «American Me», que también dirigió (uno de los mejores films carcelarios de los últimos tiempos), «Mi familia», y «Con ganas de triunfar» («Stand And Deliver»). El gran público lo reconoce por su papel del sargento Martín Castillo en «División Miami», un personaje que supervisó diálogo a diálogo para que no se filtraran componentes antihispanos en su descripción.

Olmos está unos días en Buenos Aires, invitado por el Festival de cine porteño que comanda Jorge Telerman, y al que vino a presentar, además de una retrospectiva de su obra, el documental «Americanos», que produjo su compañía. Olmos dialogó con este diario en compañía del director Robert Young, quien lo dirigió en «La balada de Gregorio Cortez», «Triunfo del espíritu» y «Caught», esta última vista en el Festival de Mar del Plata, pero no estrenada en el país.

Periodista: ¿Incide más que antes el cine hispano en los Estados Unidos?

Edward James Olmos: No, desgraciadamente se ha retrasado.

P.: ¿Por qué?

E.J.O.:
Creo que porque somos muchos más. Hace 20 años, cuando filmamos «La balada de Gregorio Cortez», había 20 millones de latinos. Ahora la cifra se ha duplicado, o más. Ahora somos cerca de 45 millones los hispanos en los Estados Unidos, pese a que el censo baje esa cifra en casi 10 millones. Usted sabe, el censo es muy conservador. Proporcionalmente se filma menos.

P.: ¿El freno al español, como idioma, puede influir en eso?

E.J.O.: Sin duda. En 27 de los estados el «English Only» es ley. Es la única lengua oficial que se acepta y las demás se silencian. Antes no era así; un ciudadano podía, por ejemplo, obtener su licencia para conducir hablando en español. El multilingüismo era aceptado. Pero lo grave, a mi entender, es que el tema del idioma se ha transformado en un problema moral. Se ha moralizado. Es como el aborto. No hablar inglés, en muchos estados, ya no es una dificultad sino una falta ética.

Violencia

P.: Sé que una de sus mayores preocupaciones, por la que ha ido a hablar muchas veces a barrios, colegios, cárceles, es la erradicación de la violencia callejera. ¿Cómo está ese problema ahora?

E.J.O.: Lamentablemente, crece otra vez. Había bajado mucho en los últimos tres o cuatro años. Pero hay síntomas de que la violencia pandillera está recrudeciendo porque ahora las guerras son entre comunidades, y eso es tremendo. Antes los latinos peleaban contra los latinos, los asiáticos contra los asiáticos, los africanos contra los africanos. Ahora los enfrentamientos son intercomunitarios. Esto se veía venir, y está pasando. Y lo peor es que este conflicto cultural va a internacionalizarse, va a repercutir en muchos países. Aquí también. Estuve poco tiempo, pero pude ver graffitis muy preocupantes, que me hicieron acordar mucho a los de los Estados Unidos. Por eso, creo que el cine tiene una función muy importante que cumplir.

P.: ¿Lo considera usted eficaz para atenuar este problema?

E.J.O.: Desde luego que sí. El cine llega a la subconsciencia de una manera más profunda que cualquier otra arte. Más que la pintura, que la música o la poesía. Una película llega al subconsciente humano de manera directa. Por eso mismo es tan importante que las manifestaciones del cine sean múltiples y que no se limiten a Hollywood, como siempre ocurre. Usted por ejemplo viaja a Tokio, y ve a los adolescentes vestidos como en el cine norteamericano, queriendo copiar a los actores norteamericanos. Se está confundiendo todo.

P.: ¿Qué nivel de exhibición tiene el cine hispano en los EE.UU.?

E.J.O.: Escaso. Ahora hay menos películas latinas producidas en EE.UU. que tengan la posibilidad de abrirse camino. No son más de dos por año, con suerte, las que alcanzan una difusión aceptable. En cuanto a las extranjeras, pasa lo mismo. Por eso fue tan importante lo que ocurrió con «El tigre y el dragón», para la comunidad asiática, y sobre todo con «Amores perros», esa maravillosa película mexicana, lo mejor que vi el año pasado. Mejor que «Traffic», mejor que cualquier otra.

P.: ¿Eso a qué se debe, al desinterés de los grandes estudios, o del público, hostilidad?


E.J.O.: Yo sumaría todos esos factores. Pero principalmente la razón está en el marketing. El sistema de exhibición continúa impidiendo que las películas hispanas puedan llegar de verdad al público. La promoción es nula si uno la compara con las superproducciones de Hollywood.

Robert Young: Sí, es así, pero yo diría que el público no tiene la culpa. Simplemente, hay que ofrecerle ciertas películas, y difundirlas. Si no, ¿cómo se va a enterar? Yo recuerdo lo emocionante que fue el estreno de «Stand and Deliver», la película en la que Edward interpretó al maestro de matemáticas Jaime Escalante. La gente aplaudía, alentaba ese film. Y los más pudientes hasta entregaban cheques para que se pudiera difundir mejor. Finalmente, la película terminó siendo muy redituable. Su permanencia en cartel no se le debió al marketing, por cierto, sino al público y a la prensa honesta que le dio mucho espacio a esa película. Pero claro, es un esfuerzo enorme.

P.: ¿Cuál fue la película hispana que más penetración tuvo en los EE.UU.?

E.J.O.: Sin duda «La bamba», por la música, el rock and roll. Y eso es bueno, la música es un vehículo muy eficaz para que el público se interese en la cultura del pueblo que la produce.

Futuro

P.: Volviendo a lo anterior, ¿qué pasará con el futuro de la distribución de cine, cuando todo se haga digitalmente y Hollywood se reposicione todavía más? ¿Qué ocurrirá con las cinematografías nacionales?

E.J.O.: Vaya problemita. Yo creo que lo máximo que se puede hacer es lo que venimos haciendo desde hace tiempo. El esfuerzo por preparar a un público que desee otra cosa, las películas regionales con una estructura que se diferencie de Hollywood, los festivales temáticos. Es muy difícil el tema. Hace años, en todos los Estados Unidos había más de 700 pantallas dedicadas al cine de arte, regional. Ahora no quedan más de 27. «Amores perros», con lo sensacional que es, sólo se proyecta en 15 salas en todo el país. Y por supuesto en ciudades como Los Angeles, Nueva York o Chicago; de todo el resto del país, ni hablar.

P.: (a Robert Young): Desgraciadamente su película «Caught» («Atrapado»), vista hace unos años en Mar del Plata, no ha tenido después estreno comercial. Una lástima. ¿Quiso usted homenajear en esa película a «El cartero llama dos veces»?

R.Y.: Por supuesto, está absolutamente relacionada con esa tradición. El espectador presiente de inmediato que cuando el hombre joven entra a trabajar en ese negocio, algo ocurrirá entre él y la esposa del dueño. Pero nuestra intención al hacerla no era la misma que la del típico film noir. Allí la mujer y el amante suelen ser personas moralmente condenables. Nosotros, en cambio, intentamos desplazar las emociones del espectador. Ni el joven ni la mujer son malas personas. El hombre, además, lo trata como un hijo, y eso refuerza más aún su culpa interna. Y además, el trabajo de Olmos...

P.: ¿Es el actor con quien mejor trabaja?

R.Y.: Sin duda. Es un actor que nunca va a imponerle al espectador pensar o sentir en determinada dirección. Su actuación es concreta, firme; lo que me gusta de él es su manera de evitar el sentimentalismo. Nunca, ni su propio drama de cárcel «American Me», o en el nuestro «Triunfo del espíritu», e inclusive en «Caught», el espectador se sentirá chantajeado por momentos sentimentales. Desde luego, ni cuando Young dice esto último Olmos se emociona.

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