22 de septiembre 2005 - 00:00

Cálido film chileno sobre la infancia

«Machuca»: buen retrato de la vida en un colegio de curas chileno en tiempos de la caída de Allende.
«Machuca»: buen retrato de la vida en un colegio de curas chileno en tiempos de la caída de Allende.
«Machuca» (Idem, Chile, 2004, habl. en español) Dir.: A. Wood. Int.: M. Quer,A. Mateluna, M. Martelli, F. Luppi.

Esta obra chilena, bien llevada, con buena ambientación y lindas actuaciones de un elenco cuyo mayor peso recae en un grupo de chicos (lo que en este caso ayuda a dar una sensación de frescura), se basa en los propios recuerdos del realizador, Andrés Wood, acaso el director trasandino más favorecido por la taquilla santiaguina. No lo dice en el film, pero se trata de sus propios recuerdos. Que estarán artísticamente acomodados, sin duda, pero, si no son ciento por ciento verídicos, son, en mayor proporción, harto verosímiles. El describe con precisión una época que el público mayor de 40 años ha conocido muy bien, unos hechos de los cuales hay amplio recuerdo aunque pocos tengan ganas de recordarlos, y una edad, la preadolescencia, que todo el mundo conoce, con mayor o menor cariño.

La historia es simple. Al colegio de curas donde concurre el niño protagonista, son llevados algunos escolares de un barrio vecino, lo que aquí llamamos una villa, y en Chile una población. La intención del padre cura es hacer que esos muchachitos se traten, se conozcan, y a partir del conocimiento y del accionar mutuo, en los estudios y el deporte, surjan la comprensión, la tolerancia mutua, y acaso la amistad. Logicamente, no todo va a salir como él quisiera.

Por empezar, los chicos son chicos, y les gusta agarrarse a las piñas. Y las madres son las madres, que es otro problema. Sin embargo, nuestro protagonista va a tener un amigo, Machuca, que en la jerga chilena equivale a algo así como cabeza dura. Es lindo verlo cuando visita la casa del rico, asombrado, y el otro le regala unas zapatillas. O a la inversa, cuando éste se queda en el rancho de su amigo hasta la tardecita, aunque después le dé un poco de miedo volver en bicicleta por unas callejuelas peligrosas hasta en pleno día. Y es bueno ver y saber que, aún siendo amigos, las diferencias también pesan. Inesperadamente pueden manifestarse ciertos aprovechamientos, desprecio mutuo, morales contrapuestas, cosas que duelen. La historia transcurre en los '70. Algunas publicidades, algunas canciones de moda, proveen una cierta nostalgia. Pequeño detalle, corrección: la historia transcurre en 1973. Son los meses previos al golpe militar de septiembre.

Manifestaciones de diversos sectores recorren las calles, y los chicos aprovechan para ir de una a otra, vendiéndoles diversas banderitas, según la cara del cliente. Los odios, los prejuicios, y el acomodo se manifiestan en boca de los mayores, pero también de los colegiales. La pintada de un muro dice «No a la guerra civil». Más tarde, veremos que alguien tachó la primera palabra. Al final, el muro estará como nuevo. Pero los amigos ya no estarán más juntos.

Sin cargar las tintas, sin politizar nada, Andrés Wood ha contado una parte de sus recuerdos infantiles, que no son sólo suyos. Y sin decir nada, nos ha recordado también que para conocer bien la historia, primero conviene siempre conocer de cerca a las personas.

P.S.

Dejá tu comentario

Te puede interesar