Carmina Cannavino, peruana radicada en México e hija de un
violinista de Azucena Maizani, se presenta en la Argentina.
La cantante peruana radicada en México Carmina Cannavino es hija de un argentino -un violinista clásico y de tango que llegó a Perú junto a Azucena Maizani, y se instaló allí- y de una pianista peruana. Ella misma vivió un tiempo en nuestro país y ahora volvió para presentar su último disco «Por obra y gracia», editado en la Argentina con la dirección del pianista Facundo Bergalli, este fin de semana en la Peña del Colorado y luego en Santa Fe y Rafaela. Su repertorio es, fundamentalmente, el de la canción latinoamericana.
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En diálogo con este diario, Cannavino cuenta que en su casa «se escuchaba mucho tango y también música clásica. En nuestra discoteca había discos de Piazzolla, del folklore argentino, de Zitarrosa, de Buenos Aires 8. A los 13 años perdí a mi padre y, quizá como una reacción frente al dolor, dejé de escuchar música».
Carmina Cannavino: Sí, un poco impulsada por un grupo de amigos, como Kiri Escobar, María del Carmen Dongo, me puse a cantar profesionalmente. Yo venía de una formación de escuela religiosa, muy alejada de la realidad del mundo y, también, de las canciones populares. Por estos amigos artistas peruanos conocí a Serrat, Silvio Rodríguez, Chabuca Granda. Con ellos reapareció el tango que tenía en mi herencia. Y más tarde fui descubriendo a otros compositores maravillosos como el argentino Jorge Fandermole o a mi coterráneo Lucho González.
P.: ¿Quiere decir que no ha tenido formación musical?
C.C.: Muy poca. Estudié un poco de canto, siendo ya grande, y de solfeo rítmico. Aunque en verdad siempre me interesó muy especialmente lo literario; para mí es fundamental lo que dicen las canciones; necesito identificarme con ellas para poder cantarlas.
P.: ¿Entonces, también compone?
C.C.: Hago algunas canciones,pero honestamente me siento más intérprete que compositora. En todo caso, no soy una compositora profesional, que puede sentarse y escribir con cierto método. Cuando ocurre es como que las musas me soplaran las canciones; entonces, las dejo grabadas en un aparatito portátil y después alguien se ocupa de escribirlas.
P.: Varios discos suyos fueron grabados en la Argentina. ¿No pensó volver a instalarse aquí?
C.C.: Desde hace unos años vengo muy seguido. Aquí siento una posibilidad de reunirme con músicos distintos y de hacer cosas que no siento en México.
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