Sofia Coppola y algunos actores de «María Antonieta», entre ellos la protagonista,
Kirsten Dunst, antes de los abucheos que recibió su extraño film
«histórico»; todo lo contrario de lo ocurrido con «Babel», de González Iñárritu,
ya un favorito.
Cannes - ¿Qué hace a una película exitosa o no? ¿Cómo puede llegar a predecirse una fortuna en boleterías o un bochornoso fracaso? Para responder a esta pregunta, el documentalista de culto Bill Couturie («Out Of Vietnam») presentó en el festival una brillante película que, de paso, dedicó a los 100 años del nacimiento de la revista madre de todas las publicaciones de cine, «Variety»: «Boffo! Tinseltown's Bombs and Blockbusters», exhibida en la sección oficial no competitiva. Al término de sus testimonios, reportajes, investigaciones y ejemplos históricos, la conclusión a la que llega Couturie es inapelable: nunca nada puede saberse de antemano.
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Presentada en el escenario por el director del festival, Thierry Fremaux, y el de «Variety», Peter Bart (además del propio Couturie), el film, producido por HBO, es un estupendo compendio de los momentos más paradojales y extraños de la historia de Hollywood. Bart le agradeció de esta manera a Couturie: «Tu película me ha gustado tanto que, si yo fuera Tom Cruise, trataría de convertirte ya mismo a la cientología».
Para anotar (entre los múltiples ejemplos que por allí desfilan): el célebre comienzo de «Tiburón», con la bañista tironeada hacia dentro entre las olas por ya sabemos quién, fue pura obra del azar. En realidad, Steven Spielberg tenía planeado filmar esa escena con el tiburón mostrado a pleno, mientras devoraba a la muchacha. Sin embargo, el equipo de utilería (más artesanal por aquellos años, 1975), no llegó a tiempo con el armado del gran escualo mecánico. Para no demorar el plan de rodaje, el productor le dio la orden terminante a Spielberg de que filmara igual la escena, y que se las arreglara para sugerir la presencia del tiburón. Hoy, esa apertura representa uno de los momentos clásicos de la reciente historia de Hollywood, a la que todos los manuales de cine definen como «la poderosa fuerza del ocultamiento del objeto del Mal, que potencia los miedos del espectador a través de la imaginación». Y salió de casualidad.
Amores más perros
En competencia oficial, la presentación de «Babel», del director Alejandro González Iñárritu, el guionista Guillermo Arriaga y el oscarizado músico argentino Gustavo Santaolalla (el mismo equipo de «Amores perros») fue recibida con elocuentes aplausos, al punto de que las primeras apuestas por la Palma de Oro se dirigieron hacia ella. Siempre con el mismo método del film antes citado y del menos logrado «21 gramos», «Babel», que interpretan entre otros Brad Pitt, Cate Blanchet y Gael García Bernal, es un tríptico de historias que tienen en común no sólo la disparidad de los idiomas y culturas de sus personajes, sino también una pluralidad de elementos motorizadores: el azar, las diferencias, la discriminación, la incomunicación. Un viejo rifle de largo alcance cumple con el cometido de entrelazar, fatalmente, los destinos de sus protagonistas: un arma casi borgeana, que cierto japonés entregó a un campesino marroquí, quien a su vez vendió, a cambio de unas pocas rupias y una cabra, a un paisano suyo, cuyo hijo disparó contra un micro de turistas e hirió a una turista norteamericana que viajaba con su esposo.
El recorrido de esa desafortunada bala se abre, babélicamente, a una red de contingencias y desentendimientos: los hijos pequeños de los turistas, llevados por una desdichada empleada mexicana a la fiesta de casamiento de su hija en su propio país, para enfrentarse luego con un retorno casi imposible; la hija del japonés, sordomuda pero con un cuerpo lleno de deseos; el hijo menor del marroquí, culpable en su alma por la convicción de haber asesinado a la mujer. ¿La Palma de Oro? Nunca se sabe, como bien afirmaba «Boffo!».
Perdida en Versalles
Lo que podría saberse un poquito más, quizá, es que esta vez a Sofia Coppola no la favorecerán mucho los hados ni su película «María Antonieta», cuya exhibición matutina para la prensa fue discretamente abucheada. Es un auténtico enigma qué fue lo que quiso hacer la delfina de los Coppola con este film: ¿una comedia mezcla de Molière y «Friends», un drama paródico, una «period piece» con música de rock y barroca al mismo tiempo, una sátira política contra la corte de Versalles, una radiografía clínica sobre el desinterés sexual de Luis XVI? Es una película que deja muchas dudas. Si por lo menos lo hubiera puesto a Bill Murray a hacer de príncipe o revolucionario, pero ni siquiera...
Kirsten Dunst, en el protagónico, derrocha mucha simpatía aunque no tanta como los dólares que la productora Zoetrope, de papá Francis, derrochó en la producción. A Sofia le fascinó la biografía que Antonia Fraser publicó hace unos años sobre la malhadada muchachita austríaca obligada a casarse con un relojero aficionado y aburrido, el futuro Luis XVI, y esta película es el fruto de aquel deslumbramiento. En fin, pudo darse ese gusto, como el de convocar a actores de relieve como Aurore Clement, Judy Davis o Rip Torn. Lo mejor: Asia Argento interpretando a la Du Barry, toda una arrabalera con peluca.
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