2 de mayo 2001 - 00:00

Carnaghi acomete su tercer Brecht

Roberto Carnaghi.
Roberto Carnaghi.
(30/04/2001) Durante años, la carrera de Roberto Carnaghi siguió dos caminos paralelos: por un lado, su labor de cómico televisivo lo convirtió en partenaire de grandes figuras del humor como Tato Bores, Antonio Gasalla y, actualmente, Guillermo Francella. Paralelamente, su sólido desempeño como actor dramático lo llevó a integrar durante años el elenco estable del Teatro San Martín.

«Recién ahora se dieron cuenta de que puedo hacer papeles dramáticos en televisión -se sorprende Carnaghi-. En el único lugar donde nunca me encasillaron fue en el cine, donde me llaman tanto para papeles cómicos como dramáticos.»

El actor acaba de estrenar en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín la pieza de Bertolt Brecht « El señor Puntila y su criado Matti», junto a un elenco integrado por Cutuli, Malena Figo, Juan Carlos Puppo, Gustavo Böhm, Matías Hacker, Julia Calvo, Alicia Mouxaut, Karina Antonelli, Patricia Kraly, Mónica Núñez Cortés, Nya Quesada, Abián Vainstein, Pablo Schapira, Enrique Iturralde, Esteban Pico, Luis Sabatini y Pablo Mariuzzi. Es la tercera vez que Carnaghi actúa en una obra del gran dramaturgo alemán. Primero fue «La irresistible ascensión de Arturo Ui», con dirección de Manuel Iedvabni, en donde tuvo a su cargo un secundario por el que recibió el Premio Municipal al Mejor Actor de Reparto. Años más tarde interpretó a Tiger Brown en « La ópera de dos centavos», bajo la dirección de Daniel Suárez Marzal. «

Periodista: Háblenos de «El señor Puntila...»

Roberto Carnaghi: Brecht la escribió en la década del cuarenta durante su exilio en Finlandia, donde también ubica la historia. El tomó algunos cuentos folklóricos que hablaban de un hacendado que cuando se emborrachaba, trataba bien a sus criados y cuando volvía a estar sobrio, los maltrataba sin piedad. Era un ser funesto.

P.: Una especie de «Doctor Jeckyll», pero al revés.

R.C.: Sí, algo así. En el folklore europeo siempre abundaron las historias sobre este tema de la doble personalidad o del hombre que se convierte en bestia como el hombre lobo. En este caso, se trata de un capitalista, un hacendado con muchas tierras y noventa vacas.

Popular

P.: «El señor Puntila...» fue subtitulada por Brecht como «una obra popular», cosa que no hizo con ninguna otra.

R.C.: Yo leí los comentarios que hace Brecht de su obra, y él insiste en señalar que el teatro popular ha sido muy bastardeado. Entonces decidió tomar esta historia netamente popular y con reconocibles personajes de pueblo y levantar la puntería. Es decir, toma algo del melodrama y del vodevil, dos géneros muy populares y les pide a los actores que jueguen con eso sin creérselo del todo. También deben jugar con la verdad si no, las escenas no tendrían sentido. Con respecto al personaje de Puntila, Brecht dice que el actor tiene que tener la inteligencia suficiente como para poder descubrir cuál es el Puntila de su país, al que la gente puede reconocer en ese personaje. Pero claro, él dice esto en los años '40. En cambio hoy, sesenta años más tarde, los medios de comunicación se han desarrollado muchísimo y cualquier persona puede discernir con mayor claridad acerca de las intenciones de los poderosos.

P.: La obra parece destinada a un público mucho más ingenuo que el actual.

R.C.: Brecht plantea situaciones de suma ingenuidad, por ejemplo, la manera en que los personajes se creen que Puntila es un buen hombre. Lo lindo de la obra es que tiene mucho juego. Hay cosas que están dentro del mundo del clown. Cuando él está borracho, es un payaso. Además hay ciertos diálogos con Matti que parecen contestaciones de primero y segundo, iguales a las de los cómicos de revista.

P.: ¿Cómo es su interpretación de Puntila?

R.C.: Cuando él se emborracha, empieza a gozar del mundo, cosa que no puede hacer cuando está en su casa y se convierte en un señor capitalista. Para mí Puntila es una especie de Henry Ford. Esos empresarios que empezaron de la nada, desde una extracción campesina, pero que tienen algo de inventores. A Ford se le ocurrió hacer autos en serie y quería que todo el mundo tuviera su coche. Pero después se fue convirtiendo en un señor muy duro que instala una máquina de montaje igual a la que se traga a Chaplin en «Tiempos modernos». Creo que Puntila es muy parecido a él. Cuando está borracho se siente vivo y es consciente. Puede gozar, hacer el amor, ser un campesino más. Puntila es la encarnación del capital que destroza bosques sin que nada importe, pero que también puede tener un costado más creativo como el de construir diques y carreteras. Por eso para mí hay dos Puntilas.

P.: ¿Cómo es su relación con Matti?

R.C.: Con Matti tiene una relación bastante especial. Matti es el hombre esclarecido que cuando se da cuenta de que las cosas no van a cambiar, ni para él ni para los otros, decide irse y abandonar a su patrón.

Versión

P.: ¿Qué destacaría de la nueva versión?

R.C.: Hace poco nos trajeron un video de la puesta que hizo el Berliner Ensemble, y vi que ellos hicieron con el personaje algo muy parecido a lo que yo encaré. Cuando Puntila está lúcido, queda prácticamente inmóvil. Eso fue algo que se me ocurrió, y Claudio Hochman lo aceptó. La puesta del Berliner no llega a ese extremo, pero también convierte a Puntila en un viejo que cuando se emborracha, rejuvenece. La diferencia es que ellos tienen a un actor que también es acróbata y bailarín, y que trabaja mucho con el cuerpo. Entre otras cosas, se trepa a un poste de luz. Yo hablo desde mi lugar de actor, no voy a contar lo que van a ver arriba del escenario. Con respecto a la puesta, creo que Hochman la llevó más cerca del juego que del costado ideológico, porque es una versión para gente joven, un público al que la política no le interesa demasiado.
Las funciones de «El señor Puntila y su criado Matti» serán los días miércoles, jueves, viernes y domingos a las 20 y sábados a las 21.

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